Posts Tagged ‘@profesoratticus’

“Judging a teacher on their students´test scores”…

18 April 2021

twitter: @eugenio_fouz

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-@tumblr- 

ladybird

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Alberto Royo,

@profesoratticus

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César Bona o la Bona Nova

Extracto:

“”Alberto Royo, me alegro de que no sea profesor de mis hijos”. Este comentario me hacía una señora cuando yo entraba, con toda corrección, a discutir las afirmaciones de César Bona, considerado la persona que más sabe de educación hoy, nominado al Global Teacher Prize y autor de un libro que probablemente venda más que el de Jorge Javier (y seguro que más que el mío) titulado “La nueva educación” (porque, amigos, la otra, no lo duden, es la vieja). Comprenderán que no escribo estas líneas para desahogarme y evitar ir llorando por las esquinas ante semejante valoración por parte de una madre que está en su derecho de reverenciar la capacidad profesional de César tanto como de aborrecer (intuitivamente, como los teléfonos inteligentes) la mía, sino para avisar, papás y mamás sensatos, colegas y chiquillos despistados, de la que nos viene. Este es el futuro, señoras y señores. César Bona extractaba, de una entrevista que le habían hecho en el periódico “El Norte de Castilla”, lo siguiente:

-Hay que desterrar el “la letra con sangre entra” y abrir el gusto por la escuela.
-Yo recortaría contenidos para ver con mayor profundidad otros que quiero enseñar y poder estimular su curiosidad.
-¿La lectura? Sin darnos cuenta la convertimos en una obligación cuando debería ser un placer. Cuando se habla de incidir en la comprensión lectora dejamos algo que hay que hacer antes de comprender, y es amar lo que se lee.
¡Nos vemos hoy en el Museo de la Ciencia, Valladolid, a las 20:00 horas!

Como algunos supondrán, no había un solo comentario crítico a las frases del Maestro hasta que llegó el aguafiestas del Profesor Atticus, ni siquiera escéptico o templadamente dubitativo acerca de las palabras de Bona. Todo eran loas y alabanzas, arrobamientos pedagógicos e imploraciones de que el nominado a los Nobel educativos asistiera a predicar a uno y otro lugar, de una parte a otra de España o del Mundo…”¿cuándo vienes a Andalucía?”, “vente a Nicaragua”, “Asturias te necesita”, “fiera”, “crack”… el elogio a lo que César representa (repito, representa) iba acompañado de un desprecio muy llamativo a todo aquel profesor que no profesara la misma fe. Quienes no vemos las cosas como Él somos “cobardes”. Él es, sin embargo, “extraordinario”. Y “la pena es que no haya más como Él. Porque Él “ama su profesión” (luego nosotros, no). “

siga leyendo: 

https://tinyurl.com/3jcdpe4r

profesoratticus.blogspot.com

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He suspendido el examen de lengua …

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flores

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EXTRAS:

1/

Carta a los padres de un director de escuela

 

#PDF

https://tinyurl.com/tnmh4pws

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2/

Crítica de la sinrazón pura 

 

Crítica de la sinrazón pura (el fin y el proceso)
EUGENIO FOUZ

Educating the mind without educating the heart is no education at all” (ARISTOTLE)

A ver si va a ser eso. Que la revolución educativa viene de ahí. Habrá gente que crea y diga que la educación no solo consiste en llenar la cabeza de los alumnos de conceptos y contenidos de las asignaturas, sino que también hay que educar las emociones. Y yo coincido en este punto. Ahora bien, no creo que las emociones sean la misión principal de la escuela. La cita atribuida al filósofo griego Aristóteles (siglo III a.C) dice así: “educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”. La escuela es una pequeña sociedad en la cual los profesores o maestros imparten asignaturas específicas a sus alumnos de interés esencial: Matemáticas, Lengua, Física, Biología, Literatura, Historia, Francés, Inglés, Filosofía, Latín, Ética, Educación Física, Informática, etcétera. Estas asignaturas ayudan al alumno a estar preparado para la vida. Yo añadiría otras asignaturas como Educación Sexual y Educación para la Ciudadanía que entra y sale de las programaciones escolares dependiendo de la gestión política del gobierno en el poder. Esto tendría que cambiar de una vez porque destila, lisa y llanamente, adoctrinamiento. La enseñanza de esas materias supone un valor imprescindible para todo aquel que quiera desenvolverse aceptablemente bien en la sociedad. Un ejercicio ideal del trato de la asignatura de Ética podría ser la exposición en clase de los conceptos de empatía, acoso, solidaridad y respeto facilitando ejemplos cotidianos (sucesos en prensa y televisión) y tratar de hacer ver a los alumnos diferentes perspectivas, enseñarles a ver y oír más de una versión sin imponerles una.

Estos días, los profesores españoles estamos revueltos porque los medios de comunicación informan de los futuros cambios en el sistema educativo con la última reforma educativa, LOMLOE, Ley Orgánica de Modificación de la LOE (año 2020). Una nueva forma de educar que hace hincapié en las competencias “El nuevo currículo escolar: menos saberes enciclopédicos y más saber hacer” (Heraldo de Aragón, 26.3.21)

El caso es que, como reconocemos muchos profesores, venimos reduciendo y simplificando contenidos desde el año 1990 en que comenzó a aplicarse la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo) y dando más importancia a los procedimientos y actitudes de los alumnos. He de admitir que estos dos aspectos de la evaluación motivan al alumnado a lograr mejores resultados y ver recompensado su trabajo diario en clase.

El objetivo de una buena escuela debería ser siempre enseñar de manera enciclopédica. Ojalá hubiésemos logrado esto; sin embargo, parece ser que a algunos les disgusta este aspecto de la escuela y prefiere conseguir resultados prácticos inmediatos. La idea subterránea es vencer el fracaso escolar-léase alumnos suspensos- facilitándoles el aprobado fácil. Esto tiene que ver con enseñar y aprender, escuchar y atender, impartir conocimientos y saber recogerlos. Dicho de otra manera, coger el fuego y guardar la llama.

La educación consiste, entre otras cosas, en romper la cáscara, en hacer preguntas, en pasar momentos aburridos en clase realizando tareas repetitivas o ejercicios. Todas estas actividades forman al individuo.

Conviene recordar que la educación es un proceso que no termina nunca. Considerar la educación como un medio para lograr un fin supone un desprecio a la labor de la escuela. En la escuela el profesor trabaja con sus alumnos todos los días. Cada día se enseña algo, cada día se aprende algo. Este es el lema.

Un trabajo añadido en el aula es el de enseñar a los alumnos a escuchar una negativa y a saber aceptarla, puesto que algunos de ellos asisten a la escuela sin conocer los buenos modales que deberían haber recibido de sus padres en casa. Cuando uno de estos chavales entra en un aula cree merecer toda la atención y piensa que puede obrar de igual modo que siendo el rey de la casa. Con todo en contra, el profesor ha de intentar educar también (recuerde la cita de Aristóteles) este aspecto emocional desatendido. Mas no olvidemos que el objetivo inequívoco de un profesor es impartir su asignatura por encima de todo lo demás.

Imagine ahora, amable lector, que es usted padre de un chico que llega a casa con más de una asignatura suspensa. Su reacción podría ser de indiferencia, pero esta reacción no es la de un buen padre, de un padre que quiera a su hijo. Dejando esta actitud al margen, podría estar disgustado por los resultados y buscar cómo ayudar a su hijo. Una manera sería culpando a la escuela y al profesor que le suspende. Otra sería culpar a su hijo y ver si dedica tiempo al estudio o a otras actividades. De todas las posibilidades que se me ocurren, la de culpar al profesor resulta la más cómoda. Muchos padres eligen esta. En este cruce de caminos se abren otras opciones: quiere ver las pruebas de exámenes, cómo evalúa el profesor, qué ha hecho mal el docente con su hijo, qué puntos positivos de su hijo no se han tenido en cuenta. Quizás decida pedir el papel del examen para copiarlo, cuestionar la corrección del profesor, o incluso pagar una academia para que su hijo consiga aprobar la asignatura valiéndose de esa artimaña. No ha querido dedicar unos minutos de su tiempo a conocer el trabajo del profesor y la valoración más completa del día a día de su hijo (interés, trabajo, atención).

Si, por otro lado, quiere a su hijo también y no es mezquino, habla con él y pide ayuda al profesor, interesándose por el trabajo de su chaval en clase, la actitud y, pide el examen y una explicación de los errores y aciertos al profesor, dejándose aconsejar por este.

La escuela no es el fin, sino el camino en el cual uno aprende también a fracasar. Quien no haya aprendido esto, no ha aprendido nada

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El Nacional (Venezuela)
5.04.2021, lunes

https://www.elnacional.com/opinion/critica-de-la-sinrazon-pura-el-fin-y-el-proceso/

 

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(Eiza González, actriz)

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La aldea gala

12 April 2021

twitter: @eugenio_fouz

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Me gusta leer los versos digitales que escriben algunos profesores en la red del pájaro azul. Leo, por ejemplo, a Alberto Royo (@profesoratticus, en Twitter): 

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Sigo leyendo sentencias de otros profesores, textos más largos (llamados hilos en Twitter) como estos 

https://tinyurl.com/3p2dm2av

escritos por Encasamelosabía (@envozalta_libro) o, si lo prefiere por Nando López (@nando_lopez_)

Captura de pantalla 2021-04-12 a las 20.56.52

 

 

 

#PDF

decálogo de @envozalta_libro

https://tinyurl.com/bakeac97

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Otros profesores comparten citas maravillosas -(@GregorioLuri)-

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Leemos columnas del filósofo Fernando Savater (@Savater_)

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Y las reflexiones de muchos profesores, psicólogos, periodistas, escritores ayudan a unos pocos 

profesionales de la educación descontentos a sentirse menos solos en su

posición de descontenta disidencia. 

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Ricardo Moreno, Javier (@PsicEdum), ProfeJander @ProfeJander, Profe Extenuado (@EnJarras), Maestra Enfurecida (@Maestra_enfu), Octavio Prieto (@octavio_pr), Pascual Gil (@PascualGil1), Profesor Jano (@profesorjano), Elías Gómez (@eliasmgf), ProfeLáctico (@ProfeLactico), Andrés Rivera (@followero), etcétera-

 

 

 

“Lugares comunes”, Daniel Capó

31 March 2021

twitter: @eugenio_fouz

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Es necesario para todos aquellos que entiendan el sentido de la lectura y la educación leer este artículo de Daniel Capó (@danicapoblog) publicado en TheObjective. He tomado la fotografía que compartí con Alberto Royo (@profesoratticus) en Twitter (@Twitter) al abrir este un hilo sobre un libro de Daniel Pennac. Aparte de la coincidencia de nombre de pila, Daniel, este texto es necesario leerlo como decía en la primera línea. No solo deberían leerlo los que entienden el significado de la lectura, sino también quienes están perdidos con las controvertidas declaraciones de supuestos expertos en educación. 

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Lugares comunes

DANIEL CAPÓ, @danicapoblog

TheObjective, @TheObjective_es; 29.03.2021
“La nueva reforma educativa se presenta, como todas, cargada de tópicos desde sus primeras líneas. Llevamos años –décadas se diría– analizando la realidad tras unas anteojeras ideológicas –de uno u otro signo– que nos impiden llevar a cabo cualquier análisis mínimamente realista de nuestros males. Por otra parte, se ha impuesto en el debate público un neolenguaje sin significado alguno más allá de la verbosidad. Se utilizan constantemente caricaturas para ridiculizar la posición del adversario, haciéndole decir –o defender– cosas en las que no cree.”

(…)

Seguir leyendo:

https://theobjective.com/elsubjetivo/lugares-comunes

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#PDF

https://tinyurl.com/t7yc7jyd

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“Metamorfosis educativa y emotivismo terapéutico” (Alberto Royo)

19 March 2021

twitter: @eugenio_fouz

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Linda Evangelista, modelo (@tumblr)

Metamorfosis educativa y emotivismo terapéutico

ALBERTO ROYO, @profesoratticus

“Cuando la ministra Celaá defendió el regreso a las aulas en tiempos de pandemia, lo hizo por su “valor terapéutico y emocional”. Esta aparente declaración “típica de ministra” explica en realidad por qué la enseñanza está a un paso de despertarse una mañana como Gregorio Samsa: convertida en algo distinto de lo que fue.

Si algo tiene de especial la escuela, en tanto que institución pública dedicada (concebida, al menos) a proporcionar aquellos conocimientos que solamente en ella se pueden garantizar, es precisamente esta peculiaridad. Si uno es avispado, puede aprender en otros sitios, pero es en el colegio, en el instituto o en la universidad donde se encontrará con profesionales específicamente experimentados en esta transmisión de conocimientos antaño deseable, función primigenia de la enseñanza que lleva tiempo siendo cuestionada, con ímpetu en los primeros años de fervor logsiano, y temo que repuntando nuevamente hoy, en plena dictadura emotivista. El cambio fundamental que podemos apreciar en el debate educativo, y más desde la irrupción de los Globalteacherprize, es el énfasis en la emoción y el desdén por la razón. Alguno me llamará exagerado, me dirá que emoción y razón no son incompatibles…. Y así es, desde luego, pero es que la emoción podemos hallarla en el saber, la ciencia y la cultura, y aprendemos a apreciar lo bello por medio de la emoción que el conocimiento nos da (y no a través de atajos cursis y superficiales cuyo aliciente es escaso, precisamente por no ser necesario esforzarse para alcanzarlo). Tan cierto es que no podemos dejar a un lado la emoción en el aprendizaje como que nos equivocamos si nos preocupamos únicamente de esto y olvidamos que cuanta mayor sea nuestra solidez intelectual, en mejor disposición estaremos de disfrutar de lo que merece la pena ser disfrutado.”

(…)

Seguir leyendo

https://elpais.com/educacion/2021-03-16/metamorfosis-educativa-y-emotivismo-terapeutico.html

El País, 16.3.2021 (@el_pais)

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De la necesidad de tomar apuntes en una clase

19 September 2019

twitter: @eugenio_fouz

Twitter me gusta por los debates que surgen entre los internautas. Alberto Royo, @profesoratticus en la red del pájaro azul, defiende la necesidad de tomar notas en el aula. Y yo estoy de acuerdo con él en este punto y en otros muchos sobre educación. Merece la pena guardar el hilo que sigue aquí:

https://twitter.com/profesoratticus/status/1174312701801238530?s=20

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Han pasado unas horas y en ese tiempo las interacciones de algunos internautas deslucen las reflexiones del profesor de música. Podría pasar que el autor de los tuits decidiese borrarlos por cualquier razón. Por si acaso, copio y guardo esas reflexiones:

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“*Apuntes. – ¿Puedes ir más despacio? No da tiempo a copiarlo todo. – No estoy dictando. Estoy explicando. (Hilo)

*Mis alumnos de tercer curso no están habituados a tomar apuntes. Y yo no estoy dispuesto a renunciar a que lo hagan.

* Tomar apuntes forma parte ya del estudio y les garantiza que cuando se pongan delante de los papeles, no será como si lo hicieran por primera vez.

* Tomar apuntes les hace prestar atención a detalles que luego recordarán con mayor facilidad.

*Tomar apuntes les exige prestar atención.

*Tomar apuntes les ayuda a mantener un nivel de concentración adecuado.

* Tomar apuntes demanda de ellos la necesidad de seleccionar ideas y estructurar contenidos, dando forma mentalmente a lo que escuchan.

*Tomar apuntes conlleva un ejercicio intelectual que contribuirá a un mejor aprendizaje.

*Tomar apuntes les permite implicarse en el tema, por lo que les resultará más sencillo retener información y mejorarán la memoria a largo plazo. 

*Así que, insisto, en mi clase, se toman apuntes.”

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Alberto Royo, @profesoratticus

18.sept.2019, jueves

“Profesores y amor al conocimiento” (Alberto Royo)

12 September 2019

twitter: @eugenio_fouz

Alberto Royo, @profesoratticus

Profesores y amor al conocimiento

ALBERTO ROYO

El Mundo, miércoles, 11 septiembre 2019 –

“Se atribuye a Julio Verne la siguiente frase: “Qué gran libro se podría escribir con lo que se sabe. Pero aún más con lo que no se sabe”. Corren malos tiempos para reivindicar el conocimiento. Mucho menos para hablar de la necesidad social de la cultura. El utilitarismo de unos y el afán de entretenimiento de otros se imponen como medidas que garanticen la “somatización” del ciudadano, de la que, no lo duden, se benefician no pocos, disfrazándola de realismo y filantropía.

Pero no es momento, al menos en esta columna, de culpar a los culpables, sino de analizar la situación de manera introspectiva y examinar cuidadosamente cómo enseñamos a nuestros alumnos (tarea que, por otra parte, realiza a diario todo buen profesional de la docencia), de observar y valorar los puntos fuertes y débiles de nuestra práctica. Vengo a hablarles de contenidos. Sí, sí, contenidos. Ya sé que los contenidos no se llevan y que lo que glamuroso es hablar de procedimientos, pero, verán, es que pienso que los procedimientos, sin contenidos, importan un carajo. Y, con contenidos, menos de lo que algunos pretenden hacernos creer.

Pretendo explicar, ahora que el curso escolar acaba de dar comienzo, qué creo que se debe exigir a cualquiera que haya tomado la honrada resolución de transmitir lo que sabe a quienes todavía no lo saben, que es el principal propósito que debe plantearse un maestro cada vez que inicia una nueva clase: que sus alumnos sepan más de lo que sabían.” (…)

Siga leyendo el texto completo aquí:

https://tinyurl.com/y538kec7

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#PDF G-Drive

https://tinyurl.com/y5oajfry

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Lecturas de julio (y agosto)

22 July 2017

twitter: @eugenio_fouz

Jardim da estrella, Lisboa

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Listado de lecturas estivales

Siguiendo la idea de José Antonio Montano (@montano66) hace unas semanas en @Twitter, publico la lista tentativa de textos y lecturas para este verano. Algunas ya las he leído y otras intentaré leerlas a lo largo de estos días. Si soy bueno, dejo un poco de lado las redes sociales, la vida digital, y podré dedicarme de lleno a hacer cosas de verdad como leer, tomar notas, pasear y vivir la vida. También es cierto que las cosas y las ocurrencias de algún internauta te hace sonreír y eso no es malo.

He anotado en las etiquetas del post a escritores, profesores, tuiteros y entidades que están dentro de esta lista de algún modo. Y perdone el tópico, pero “no están todos los que son”.

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La respuesta de un profesor español indignado al experto en educación Marc Prensky

21 October 2016

twitter: @eugenio_fouz

atticus

Gregory Peck (Matar a un ruiseñor, Harper Lee)

Leo un artículo de prensa fechado hace dos años que no me deja para nada indiferente. Lo firma Alberto Royo. Busco en google su nombre pretendiendo llegar a él a través del Bosque Sagrado que es Twitter. Lo encuentro con una cuenta bajo el nombre de Profesor Atticus. Tiene pocos seguidores en la red ratificando la idea profética de Rubén Caviedes (autor en Jot Down magazine) que evoca la figura del filósofo Sócrates en el mundo de hoy, poco popular y casi anónimo en redes sociales. Ya había ocurrido algo parecido con otro articulista, Gonzalo Ugidos  (@kalminari). En fin, el profesor de música es @profesoratticus en Twitter. Dejo el texto íntegro escrito por Alberto Royo a continuación:

*

Alberto Royo

Uno intenta ser siempre moderado en sus valoraciones, pero cada vez es más difícil analizar con seriedad y mesura, evitando la causticidad como válvula de escape, las ocurrencias de quienes se dicen (y a quienes se denomina) «expertos educativos». Y son legión. Abundan, proliferan y se multiplican de forma exponencial. Y lo peor es que sus vacuas pero seductoras suposiciones son tenidas en cuenta y amplificadas por los medios de comunicación. Este y no otro es el motivo por el que, una vez más, me veo obligado, por responsabilidad cívica y dignidad profesional, a salir al paso de los dislates proferidos (y recogidos en ABC) por Marc Prensky, consultor, «experto educativo» reconocido mundialmente como tal.

En una entrevista publicada en la edición digital de ABC, el «experto» Prensky lo daba todo, comenzando por el soberbio (y no va con segundas) titular: «Los profesores de hoy deberían eliminar las clases magistrales». No quiero extenderme demasiado en esto de la magistralidad despreciada, todo un mantra de la neoexpertología educativa, pero sí quiero recordar que una clase magistral es aquella en la que el docente demuestra al discente su maestría (su pericia, su oficio, su sapiencia, su conocimiento…). La palabra «magistra» hace referencia al propio ejercicio del magisterio, esto es, de la enseñanza.

Otra cosa es que Prensky, como muchos de los que participan de esta moda de reprobar al profesor y explicarle cómo debe trabajar, se empecine en asociar la autoridad intelectual de quien atesora el conocimiento con oscuras intenciones humillar y/o atormentar a quienes no saben, precisamente porque requieren de alguien que les enseñe (si todos supieran, no sería necesaria la trasmisión de estos conocimientos), como si saber más (y, en principio, como digo, debemos admitir que entre profesor y alumno el primero sabe más que el segundo) conllevara la voluntad de afear la inferioridad del otro.

Así, se impone una igualdad ficticia entre ambos que evita que el «pobre» alumno pueda sentirse afligido, se desdeña la capacidad del profesor y se caricaturiza su labor, tanto más cuanto mayor sea la competencia de este y sus deseos de formar a un nivel de excelencia. Y llegamos de esta manera a la unión, más que forzada pero ya habitual, entre la idea de clase magistral y la de degradación, doblegamiento, vejación del alumno. No exagero. Según Prensky, «la realidad en la que viven los niños y jóvenes es cada vez más cambiante, incierta, compleja y ambigua» (infortunados pequeñuelos), «su capacidad de atención no ha cambiado» (la perspicacia no parece caracterizar a Mr. Prensky). «Pero», continúa, «sí» han cambiado «su tolerancia y sus necesidades». «No quieren charlas teóricas», sigue. «Quieren que se les respete, se confíe en ellos, y que sus opiniones se valoren y se tengan en cuenta».

O sea, que los chicos no quieren teoría. Y, si no quieren, ¿quiénes somos nosotros para aburrirlos con nuestras batallitas? Quieren que se les respete, se confíe en ellos y se valoren sus opiniones. Bien, no conozco profesores que entren en clase con deseos irreprimibles de faltar al respeto al alumno de la cuarta fila (en todo caso de que no se lo falten a él, si no es abusar). En cuanto a la confianza en los alumnos, me resulta una reclamación ciertamente sui generis. ¿Debo confiar en mis alumnos? No lo sé. ¿En todos? ¿Por qué? ¿Confiar en qué sentido?

Esto me recuerda a una señora muy educada, fan de la Educación Waldorf, con la que coincidí en un debate, que me preguntaba, fuera de cámara, si «quería» a mis alumnos. «Querer, querer…», le dije yo, «…más que nada los respeto…» ¿Y sus opiniones? Pues no tengo especial interés en no valorarlas, pero tampoco en hacerlo a toda costa. No creo que sea esa mi función como docente. ¿Son relevantes las opiniones de mis alumnos? ¿Respecto a qué? ¿Tengo que escucharlos antes de presentar una actividad, plantear unos contenidos o corregir un examen?

Sinceramente, no creo que el alumno deba ser, de ninguna manera, el centro de la educación sino exclusivamente el beneficiario. Es esta una concepción de la enseñanza de consecuencias, no imprevisibles, porque ya estamos comprobando el resultado de la pedagogía chachi, sino nefastas, y que convierten a nuestros alumnos en ignaros narcisistas que encima creen tener derecho a decidir cómo debemos los docentes ejercer nuestra profesión. Es decir, lo mismo que los expertos.

Opina Mr Persky que «el nuevo modelo de pedagogía» debe ser «intuitivo» (admirable estrategia para cargarse de un plumazo todo intento de instrucción rigurosa). Pero esto no acaba aquí. «El profesor», asegura nuestro experto, no debe tener respuestas sino preguntas («preguntas-guía», las llama; también «co-asociación») «que facilitar a los alumnos» y, en algunos casos, sugerencias de posibles herramientas y lugares para empezar y proceder.

De forma que el que antaño era depositario del conocimiento pasa a ser una especie de pringadete que media entre el alumno y lo que sea que quieran estos tipos que aprenda, sea en la internete (las nuevas tecnologías, ¡cómo no!) o en la mismidad de la vida, que, ya se sabe, es «la mejor Universidad». Y encima se permite el hombre exigir al profesor que «diseñe el proceso de aprendizaje» (¿Mande? ¿Que diseñe qué? ¿Las preguntas que deben hacerse los alumnos? Y de manera intuitiva, por descontado) y que “garantice la calidad” (esto ya es directamente grosero).

Aquí queda pues esta humilde semblanza (espero haberle hecho justicia) de «uno de los pensadores más influyentes en el ámbito de la educación internacional».

Así nos luce el pelo.”

Alberto Royo es licenciado en Historia y Ciencias de la Música y profesor de Secundaria, además de presidente de la Asociación de Profesores de Secundaria de Navarra y Secretario General de la Federación de Sindicatos de Profesores de Secundaria SPES.

[Escrito por Alberto Royo y publicado en  ABC, 23-11-2014. ]

 


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