Posts Tagged ‘profesor’

Historia dentro de una biblioteca de instituto

2 July 2019

twitter: @eugenio_fouz

(Cómic “The Walking Dead“. Guión: Robert Kirkman. Dibujos: Charlie Moore)

 

Ayer leí la historia de un chaval de esos que no atienden en clase y molestan a sus compañeros porque se aburren. Dirá usted que ya nos hemos acostumbrado a leer relatos de este tipo, pero yo le digo que no ha leído uno como este. Un profesor anónimo, oculto bajo un nombre ficticio, cuenta una experiencia cumbre (véase: Abraham Maslow) en la que tiene un encuentro con un chico analfabeto y logra hacerle entender algo importante. En definitiva, el profesor vive un momento único que solo un padre, un profesor o un amigo podrían entender. Esta es la historia de ProfeLactico en Twitter:

Empezaba así:

 

El relato completo puede leerse en el enlace copiado a continuación (también siguiendo @ProfeLactico en su cuenta de Twitter)

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https://twitter.com/ProfeLactico/status/1145681848716144642

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El mejor profesor del mundo (Elías Gómez)

14 January 2018

twitter: @eugenio_fouz

[Elías Gómez, profesor internauta]

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Este profesor melillense, jovencito y comunicativo escribe con soltura en las redes sociales. Le gusta la música y es conocido en Twitter por su Enciclopedia De Los Pájaros (fotografías, nomenclatura latina y comentarios de gracia singular). Tiene talento, pero es lo normal en ciertos individuos cuyo nombre de pila comienza por E y al oírlo suena poco corriente.

El otro día publicó un texto que tituló “El mejor profesor del mundo“. Ahí va el inicio y luego el texto completo desde su bitácora LaLengua.INFO

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Extracto inicial del escrito de Elías Gómez (@eliasmgf)

“En la materia Lengua Castellana y Literatura de 2.º de Bachillerato los profesores nos solemos dedicar no tanto a enseñar lengua ni literatura, sino a preparar a los alumnos y alumnas para superar la prueba conocida popularmente como Selectividad (a pesar de que este curso se llama PEvAU, el curso pasado PEBAU, y los anteriores PAU). Dejo aparte el asunto de la nomenclatura, que da para un artículo, pues demuestra los vaivenes legislativos permanentes de nuestros sucesivos gobiernos, y que quizás podrían explicar en parte por qué la educación pública en España, sin ser mala, no es mejor aún.

En la prueba de Lengua y Literatura (conocida hasta hace un par de años como Comentario de Texto relacionado con Lengua Castellana y Literatura) hay cinco preguntas con distinta puntuación máxima; la número 3, «Comentario crítico sobre el contenido del texto», es la que más puntuación puede aportar al total, 3 puntos. En ella, los alumnos deben no realizar un comentario lingüístico ni literario, sino comentar críticamente las ideas de un fragmento o un texto completo, ya literario, ya periodístico.

La primera observación que suelo hacer a mis estudiantes es que no hay soluciones sencillas para problemas complejos. Es un error que propicia su juventud: creer que los grandes problemas del mundo no se solucionan porque simplemente la gente o los políticos no quieren, y que sería factible solucionarlos en caso de que hubiese voluntad.”

(Elías Gómez)

Lea aquí el escrito completo:

http://lalengua.info/2018/01/el-mejor-profesor-del-mundo/

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Notas para el profesor (listas de asistencia y calificaciones)

1 December 2017

twitter: @eugenio_fouz


                                                                      

listas de asistencia EXCEL vía G-Drive

https://tinyurl.com/y8b9nckk

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listas de calificaciones EXCEL vía G-Drive

https://tinyurl.com/yaqo2q4b

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Qué no hacer en un examen (16 consejos)

4 May 2017

twitter: @eugenio_fouz

Examen de la asignatura de Lengua castellana y literatura

1.Copiar o hacer trampa

2.No estudiar nada

3.Estudiar muy poco

4.Dejarlo todo para el día anterior a la prueba

5.Escribir con mala letra o con prisa

6.Una vez hecho el examen, no repasarlo es la estupidez más grande del mundo (después de copiar, claro)

7.Cometer faltas de ortografía

8.Carecer de la utilísima habilidad de “vista de pájaro” (no para lo que está pensando, sino para ordenar las ideas y dominar sin dudas las fechas, los lugares, las obras, los autores, el contexto social e histórico, las características, etcétera)

9.Escribir una fecha sin la seguridad de que es la fecha correcta, por ejemplo, escribir que La Celestina apareció en 1492 (el año del descubrimiento de América). Se cree que aparecía en 1499 o alrededor del año 1500, esto es el siglo XVI. El alumno no debería escribir una fecha disparatada como 1984 o cualquier otra alejada de la época en que aparece una obra. 

10.No leer

11.No tener curiosidad

12.No ordenar las ideas antes de empezar a escribir

13.Contestar de manera excesivamente breve a las preguntas  

14.Emplear lenguaje inadecuado en el ámbito académico y poner, por ejemplo, que “Calisto estaba coladito por Melibea” o que “la Celestina parecía cabreada con Sempronio“. Podría escribir que Calisto estaba enamorado de Melibea y que la Celestina parecía molesta con Sempronio

15.Escribir el título aproximado, de forma inexacta y pensar que no tiene importancia cambiar “La vida es sueño” de Calderón de la Barca por “Todo era un sueño en la vida

16.Olvidar lo aprendido

 

#PDF.Archive.com

https://www.pdf-archive.com/2017/05/05/que-no-hacer-en-un-examen-ef/

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“El mejor examen que he corregido nunca”

13 April 2017

twitter: @eugenio_fouz

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EL MEJOR EXAMEN QUE HE CORREGIDO NUNCA

por Alfonso Méndiz

Hoy he corregido los exámenes de Publicidad, y uno de ellos me ha emocionado. En vez de la respuesta a 4 grandes preguntas, me he encontrado con un examen titulado “La suerte no existe”. Es la historia de dos amigos, Catalina y Luis, que tuvieron la fortuna de hallar la semilla de un trébol de 4 hojas, la única flor con poderes mágicos.

Pero la actitud de ambos fue muy distinta. “Mientras Cati la cuidaba durante los 100 días de su gestación, Luis se pasó los primeros 99 días de festejo en festejo. No dedicó ni un instante a pensar en el trébol. Con el paso de los días, incluso llegó a olvidar la suerte que había tenido.

Al amanecer del día 100, ocurrió lo esperado. Cati cosechó un precioso trébol de 4 hojas, que le otorgó poderes mágicos. Por el contrario, Luis cosechó el mayor suspenso de toda su vida. Pobre Luis. Aprendió la lección, pero nunca más tendría la oportunidad de cosechar el trébol de 4 hojas en el día en que debería haberlo hecho. Y es que la suerte sólo existe si haces que exista.

Te pido y me pido perdón por este suspenso, Alfonso. No he estudiado lo suficiente, y tampoco he querido contestar barbaridades. Espero que, al menos, hayas pasado un buen rato”.

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Noticia leída en El Correo:

http://tinyurl.com/l8gyyez

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Erudición (Manuel Vicent)

5 February 2017

twitter: @eugenio_fouz

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Erudición 

por

MANUEL VICENT

EL PAÍS (5 FEB 2017)

En las tertulias de antaño siempre había un erudito que lo sabía todo. Recordaba nombres, fechas y datos con absoluta precisión gracias a su privilegiada memoria alimentada por múltiples, diversas y a veces inútiles lecturas. Ante cualquier discusión se recurría a él en última estancia para que ejerciera de tribunal de casación. Hoy el prestigio de esta clase de sabios, ganado a pulso después de quemarse las pestañas leyendo montones de libros, ha desaparecido. La erudición ya no sirve de nada. Ahora en cualquier debate en que las partes se obstinan por tener razón, mientras la disputa se alarga y adquiere una elevada temperatura, tal vez el más tonto del grupo que ha permanecido callado picotea discretamente en el iPhone y cuando la discusión alcanza un encono sin salida, exhibe el veredicto inapelable que dicta la pantalla del móvil como si fuera el ojo de halcón. He aquí la verdad sacada con la punta de los dedos del légamo digital. El prestigio está en manos de cualquier garrulo que sepa manejar mejor y más rápidas las cinco yemas para extraer la razón del Google. El inicio de la Edad Moderna lo marcó el invento de la imprenta. La edición masiva de libros terminó con el argumento de autoridad, que estaba en manos hasta entonces de clérigos, leguleyos y sanadores, como una fuente de poder frente a la ignorancia de la gente. Una revolución semejante se produce ahora en medio del bosque digital donde el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor, el paciente al médico, el analfabeto al filólogo, el idiota al científico y el reo al juez. La cultura es hoy una enloquecida barra de bar que circunda el planeta y la política mundial está presidida por un venado con una cornamenta de 14 puntas, toda de oro, un Calígula que gobierna el imperio con los dedos movidos por el odio, la ignorancia y la estupidez.

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http://elpais.com/elpais/2017/02/03/vinetas/1486124713_689827.html

Un blog, un profesor, una clase

17 December 2016

twitter: @eugenio_fouz

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Hay un profesor de Formación Profesional a quien he empezado a tratar en redes sociales. Escribe un blog: eFePeando. El profesor se llama Óscar Boluda Ivars. Estoy hojeando su blog ahora mismo. Copio y guardo una carta abierta a sus alumnos fechada el 14 de febrero de 2015. Actualmente, Óscar imparte clases de Formación Profesional de Logística y Márketing.

Sigo leyendo cosas de su blog que me dejan pensando. He compartido un decálogo motivador para los alumnos escrito por él en mi página de mediumhttps://medium.com/@eugenio_fouz/decálogo-molón-para-motivar-a-tus-alumnos-óscar-boluda-ivars-oscarboluda-a07b9b38acd9#.itxr3p37h

La carta abierta que escribió este profesor a sus alumnos es una de esas que a muchos nos gustaría haber escrito alguna vez. Me veo reflejado en su escrito. Dentro de su blog eFePeando encuentro una reflexión que nos propone a todos los profesores. Boluda Ivars la titula así: 10 preguntas para ti, profesor.

http://www.efepeando.com/2014/01/10-preguntas-para-ti-profesor.html

Ahora mismo ya estoy manteniendo correspondencia con Óscar a través del correo electrónico y en el Bosque Sagrado.

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Del blog eFePeando :

http://www.efepeando.com/2015/02/carta-abierta-mis-alumnos.html

Tal vez no sea este el espacio más adecuado para comunicar algo a mis alumnos. Quizás me resulta más cómodo escribir estas palabras que expresarme verbalmente. De todos modos, quiero con esta carta abierta, mostrar mi agradecimiento a un curso de alumnos que ya han terminado sus clases en mi escuela y están a punto de continuar su formación en la empresa.

“Quiero agradeceros públicamente vuestro saber estar, vuestro cariño, vuestro buen humor, vuestra buena convivencia, vuestra flexibilidad y vuestro esfuerzo. Todos y cada uno de vosotros, en mayor o menor medida, habéis mostrado buen carácter para sacar los módulos adelante. Habéis sabido solucionar los problemas cotidianos sin injerencias del profesorado.

Sin vosotros no habría podido disfrutar de mi profesión. Sin vuestro ánimo y buenas palabras no habría ido cada día a trabajar con ganas de entrar en el aula. Sin vosotros me hubiera resultado ingrato el tiempo dedicado a preparar las clases. Porque con vosotros he podido experimentar, con mayor o menor éxito, otra forma de enseñar y aprender más memorable. Os debo igualmente disculpas por soportar posibles impertinencias, faltas de paciencia o por los sufridos cortes en la red wifi…

Uno a uno, sois todos unos tipos fantásticos. Cada uno de vosotros sobresale en algo: bondad, idiomas, memoria, ironía, tesón, viveza, sacrificio, competencias digitales, inquietud, agudeza, constancia, comprensión, cariño, experiencia personal, empatía, sensibilidad, buen carácter, discreción, tolerancia, resolución, ingenio, etc. Pese a ciertas obligaciones ministeriales, que me obligan a calificaros numéricamente, no sois una cifra para mi. Cada uno de vosotros sois únicos. Ojalá os siguiera disfrutando en mis clases. Aún así, confío en vuestros compañeros que vienen detrás. Estoy seguro, pese a los que no confían en la juventud actual, que seréis buen ejemplo a los que os preceden.

Tras casi dos cursos con vosotros, podéis estar seguros de haber alcanzado todos los objetivos necesarios en buen profesional: conocimientos técnicos y competencias personales. Digan lo que os digan, sois excelentes. Aún así, esto acaba de empezar, y vale la pena recordar que siempre podemos seguir aprendiendo para crecer como personas; que debemos hacer nuestro trabajo lo mejor posible. ¡Qué no sea por falta de ganas! Que no vale la pena la comparación constante. Que sí compensa el esfuerzo por aquello que es justo o favorable a otros.

Muchas gracias de nuevo por acompañarme en mi trabajo. Un trabajo que, ciertamente, es una parte importante de mi vida. Os echaré de menos. Me habéis hecho feliz.”

Óscar Boluda [@oscarboluda]

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El blog:

http://www.efepeando.com

Descargo de responsabilidad de un profesor en clase (disclaimer)

20 November 2016

twitter: @eugenio_fouz

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Descargo de responsabilidad 

Copyright © 2016

Desde el momento en que usted se encuentra en un aula entiende y acepta que debe cumplir unas normas elementales de comportamiento. En un centro educativo en el que se instruye a los alumnos hay asignaturas con las que tratar conceptos teóricos y prácticos, hay alumnos como usted y profesores como yo que quiere desempeñar su trabajo de la mejor manera posible. Si se fija un poco, a lo mejor descubre a profesores apasionados por la enseñanza de su asignatura que pretenden además convertirla en algo atractivo para usted. Note cómo el alumnado respetuoso y participativo logra obtener clases interesantes y amenas, aprende cosas y está cómodo en el aula.

No debería creer, por otro lado, que el profesor viene a clase a entretenerle, a pasar el rato o a caerle simpático. La tarea del profesor es enseñar su asignatura a un alumno que atiende, aprende y estudia.

Cuente con momentos en los que preferiría estar en otro lado porque tendrá que copiar una tarea, hacer ejercicios, leer un texto, o simplemente estar en silencio. Cuente también con momentos en que no cambiaría estar en clase por nada. Un buen estudiante dedica su esfuerzo a los libros y el estudio dentro y fuera del centro educativo.

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Recuerde lo que NO DEBE hacer en clase:

1/hablar cuando alguien habla (profesor o compañero)

2/usar o exhibir objetos ajenos al objetivo de la escuela (teléfonos móviles, naipes, bebidas alcohólicas, tabaco, diccionarios, drogas, tamagotchis, cámaras de fotos, jirafas, manuales de gramática, cómics, postales, muñecos de vudú, periódicos, revistas, aparatos de radio, reproductores de mp3, etcétera)

3/gritar

4/mirar el reloj constantemente

5/copiar en un examen

6/olvidar (o decir que ha olvidado) el libro de texto, el cuaderno, o cualquier otro material necesario en el aula

7/desoír las indicaciones del profesor

8/contestar de malas formas

9/mentir

10/ser deshonesto

[Si se le ocurren otras, por favor, comuníqueselas al profesor.]

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SUGERENCIAS:

Sea amable con sus compañeros y el profesor.

Propóngase aprender algo cada día.

Intente escribir con caligrafía clara.

Lea despacio, separe las palabras mientras lee y trate de vocalizar bien.

Si es consciente de que algo va mal o no funciona, cambie de actitud, es decir, cállese, preste atención al profesor y aproveche el tiempo. Tome apuntes, concéntrese, lea.

Si eso no funciona, cámbiese voluntariamente de sitio.

No espere aprender algo sin hacer nada.

Eugenio Fouz.-21112016

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#PDF.Archive.com

5 páginas (asistencia, decálogo de exámenes, disclaimer)

https://document.li/x0n4

La respuesta de un profesor español indignado al experto en educación Marc Prensky

21 October 2016

twitter: @eugenio_fouz

atticus

Gregory Peck (Matar a un ruiseñor, Harper Lee)

Leo un artículo de prensa fechado hace dos años que no me deja para nada indiferente. Lo firma Alberto Royo. Busco en google su nombre pretendiendo llegar a él a través del Bosque Sagrado que es Twitter. Lo encuentro con una cuenta bajo el nombre de Profesor Atticus. Tiene pocos seguidores en la red ratificando la idea profética de Rubén Caviedes (autor en Jot Down magazine) que evoca la figura del filósofo Sócrates en el mundo de hoy, poco popular y casi anónimo en redes sociales. Ya había ocurrido algo parecido con otro articulista, Gonzalo Ugidos  (@kalminari). En fin, el profesor de música es @profesoratticus en Twitter. Dejo el texto íntegro escrito por Alberto Royo a continuación:

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Alberto Royo

Uno intenta ser siempre moderado en sus valoraciones, pero cada vez es más difícil analizar con seriedad y mesura, evitando la causticidad como válvula de escape, las ocurrencias de quienes se dicen (y a quienes se denomina) «expertos educativos». Y son legión. Abundan, proliferan y se multiplican de forma exponencial. Y lo peor es que sus vacuas pero seductoras suposiciones son tenidas en cuenta y amplificadas por los medios de comunicación. Este y no otro es el motivo por el que, una vez más, me veo obligado, por responsabilidad cívica y dignidad profesional, a salir al paso de los dislates proferidos (y recogidos en ABC) por Marc Prensky, consultor, «experto educativo» reconocido mundialmente como tal.

En una entrevista publicada en la edición digital de ABC, el «experto» Prensky lo daba todo, comenzando por el soberbio (y no va con segundas) titular: «Los profesores de hoy deberían eliminar las clases magistrales». No quiero extenderme demasiado en esto de la magistralidad despreciada, todo un mantra de la neoexpertología educativa, pero sí quiero recordar que una clase magistral es aquella en la que el docente demuestra al discente su maestría (su pericia, su oficio, su sapiencia, su conocimiento…). La palabra «magistra» hace referencia al propio ejercicio del magisterio, esto es, de la enseñanza.

Otra cosa es que Prensky, como muchos de los que participan de esta moda de reprobar al profesor y explicarle cómo debe trabajar, se empecine en asociar la autoridad intelectual de quien atesora el conocimiento con oscuras intenciones humillar y/o atormentar a quienes no saben, precisamente porque requieren de alguien que les enseñe (si todos supieran, no sería necesaria la trasmisión de estos conocimientos), como si saber más (y, en principio, como digo, debemos admitir que entre profesor y alumno el primero sabe más que el segundo) conllevara la voluntad de afear la inferioridad del otro.

Así, se impone una igualdad ficticia entre ambos que evita que el «pobre» alumno pueda sentirse afligido, se desdeña la capacidad del profesor y se caricaturiza su labor, tanto más cuanto mayor sea la competencia de este y sus deseos de formar a un nivel de excelencia. Y llegamos de esta manera a la unión, más que forzada pero ya habitual, entre la idea de clase magistral y la de degradación, doblegamiento, vejación del alumno. No exagero. Según Prensky, «la realidad en la que viven los niños y jóvenes es cada vez más cambiante, incierta, compleja y ambigua» (infortunados pequeñuelos), «su capacidad de atención no ha cambiado» (la perspicacia no parece caracterizar a Mr. Prensky). «Pero», continúa, «sí» han cambiado «su tolerancia y sus necesidades». «No quieren charlas teóricas», sigue. «Quieren que se les respete, se confíe en ellos, y que sus opiniones se valoren y se tengan en cuenta».

O sea, que los chicos no quieren teoría. Y, si no quieren, ¿quiénes somos nosotros para aburrirlos con nuestras batallitas? Quieren que se les respete, se confíe en ellos y se valoren sus opiniones. Bien, no conozco profesores que entren en clase con deseos irreprimibles de faltar al respeto al alumno de la cuarta fila (en todo caso de que no se lo falten a él, si no es abusar). En cuanto a la confianza en los alumnos, me resulta una reclamación ciertamente sui generis. ¿Debo confiar en mis alumnos? No lo sé. ¿En todos? ¿Por qué? ¿Confiar en qué sentido?

Esto me recuerda a una señora muy educada, fan de la Educación Waldorf, con la que coincidí en un debate, que me preguntaba, fuera de cámara, si «quería» a mis alumnos. «Querer, querer…», le dije yo, «…más que nada los respeto…» ¿Y sus opiniones? Pues no tengo especial interés en no valorarlas, pero tampoco en hacerlo a toda costa. No creo que sea esa mi función como docente. ¿Son relevantes las opiniones de mis alumnos? ¿Respecto a qué? ¿Tengo que escucharlos antes de presentar una actividad, plantear unos contenidos o corregir un examen?

Sinceramente, no creo que el alumno deba ser, de ninguna manera, el centro de la educación sino exclusivamente el beneficiario. Es esta una concepción de la enseñanza de consecuencias, no imprevisibles, porque ya estamos comprobando el resultado de la pedagogía chachi, sino nefastas, y que convierten a nuestros alumnos en ignaros narcisistas que encima creen tener derecho a decidir cómo debemos los docentes ejercer nuestra profesión. Es decir, lo mismo que los expertos.

Opina Mr Persky que «el nuevo modelo de pedagogía» debe ser «intuitivo» (admirable estrategia para cargarse de un plumazo todo intento de instrucción rigurosa). Pero esto no acaba aquí. «El profesor», asegura nuestro experto, no debe tener respuestas sino preguntas («preguntas-guía», las llama; también «co-asociación») «que facilitar a los alumnos» y, en algunos casos, sugerencias de posibles herramientas y lugares para empezar y proceder.

De forma que el que antaño era depositario del conocimiento pasa a ser una especie de pringadete que media entre el alumno y lo que sea que quieran estos tipos que aprenda, sea en la internete (las nuevas tecnologías, ¡cómo no!) o en la mismidad de la vida, que, ya se sabe, es «la mejor Universidad». Y encima se permite el hombre exigir al profesor que «diseñe el proceso de aprendizaje» (¿Mande? ¿Que diseñe qué? ¿Las preguntas que deben hacerse los alumnos? Y de manera intuitiva, por descontado) y que “garantice la calidad” (esto ya es directamente grosero).

Aquí queda pues esta humilde semblanza (espero haberle hecho justicia) de «uno de los pensadores más influyentes en el ámbito de la educación internacional».

Así nos luce el pelo.”

Alberto Royo es licenciado en Historia y Ciencias de la Música y profesor de Secundaria, además de presidente de la Asociación de Profesores de Secundaria de Navarra y Secretario General de la Federación de Sindicatos de Profesores de Secundaria SPES.

[Escrito por Alberto Royo y publicado en  ABC, 23-11-2014. ]

 


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