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Cómo detectar el bilingüismo (Verne)

13 September 2017

twitter: @eugenio_fouz

El delicado tema del bilingüismo en la sociedad española moderna. La revista Verne lo trata en el siguiente artículo bajo la firma de Virginia Mendoza:

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¿Cuándo sabes que eres bilingüe?

Virginia Mendoza

“Un día te despiertas de la siesta y no puedes creerlo: has soñado en un idioma distinto al primero que usabas empezaste a hablar. Estás en el extranjero, cuentas un chiste en inglés, todos se ríen. Tú también. Congelas la imagen. Risas y una pregunta: ¿ya domino esta lengua?

Hay todo un proceso detrás, pero son varias las señales que llevan a suponer que se maneja un idioma con fluidez. El humor, las emociones y los sueños son algunos de los indicadores que nos llevan a pensar que alguien es bilingüe.

“Que habla dos lenguas”

Pero, ¿qué es exactamente un bilingüe? Los límites entre monolingüe y bilingüe son difusos y han dado lugar a diversas definiciones académicas. Por un lado, la definición que dio el lingüista Leonard Bloomfield era tan restrictiva que sólo consideraba bilingüe a quien domina una segunda lengua como un nativo. En el otro extremo está la definición del también lingüista Jim Cummins, que considera bilingüe a cualquiera que pueda comunicarse en una segunda lengua incluso en conversaciones básicas.

En el libro El bilingüismo en el estado español, Maitena Etxebarría ofreció su propia definición de bilingüismo, menos estricta que la de Bloomfield y menos laxa que la de Cummins: “[…] llamaremos bilingüe al individuo que, además de su propia lengua, posea una competencia semejante en otra lengua y es capaz de usar una u otra en cualquier situación comunicativa idéntica”. La RAE lo solventa con rapidez: “Que habla dos lenguas”

Jon Andoni Duñabeitia, investigador del Basque Center of Cognition, Brain and Language, se sitúa en una posición más afín a la segunda definición, por ser más inclusiva. Este experto en multilingüismo considera que hoy “gran parte de la sociedad (española) es bilingüe” porque, independientemente de su lengua materna, puede “expresarse en inglés”.

Duñabeitia explica a Verne que ‘bilingüe’ es un término que “se nos ha quedado pequeño y necesitamos ponerle un apellido que realmente nos ayude a entender ante qué tipo de bilingüe nos encontramos”. Apellidos hay para elegir, y no pocos: compuesto, coordinado, equilibrado, dominante, aditivos, sustractivos, aculturados, monoculturales y biculturales, entre otros.

La edad, el nivel de competencia lingüística y el uso de ambas lenguas o de una u otra en función del contexto, son factores que nos ayudan a distinguir entre varios tipos de bilingüismo.

Soñar en otro idioma

No se trata de soñar en otro idioma sin más, sin entender nada, sino de soñar en el idioma que llevas un tiempo estudiando o practicando y entenderlo todo en tu mundo onírico. El lingüista marroquí afincado en Barcelona Youssef Rochdi se ha especializado en bilingüismo y además es multilingüe. Rochdi considera que estos sueños constituyen una prueba de que “has podido establecer una relación con los hablantes y tienes el vocabulario activo en tu mente”. Por tanto, dice, “ya es fácil acceder” a ese vocabulario incluso de manera inconsciente.

Duñabeitia, que estudia el bilingüismo a nivel neurológico, apunta que el contexto es la clave a la hora de pensar y soñar en otro idioma. Todo dependerá de la lengua que utilicemos para hablar con una persona con la que compartimos dos códigos, pero también del lugar específico en el que usemos uno u otro.

Como ejemplo, este investigador nos propone que imaginemos a una persona que habla inglés en el trabajo aunque su lengua nativa sea el castellano. “Si esta persona sueña con ese contexto tan concreto o con alguna de esas personas, es probable que la lengua que recuerde del sueño sea el inglés. ¿Hace esto que esa persona sea “mejor” o “más” bilingüe? De ninguna manera”, apunta. Del mismo modo, algunas personas aseguran que nunca recuerdan lo que sueñan y no por ello dominan menos su lengua materna.

Expresar emociones

El equipo de Duñabeitia llegó a la conclusión de que las emociones pueden variar en función de la lengua utilizada. Por el vínculo que mantienen el idioma con el que crecemos y nuestro lado emocional, lo habitual es expresar emociones en el idioma con el que hemos crecido. Si alguien es capaz de emocionarse igual en dos lenguas, podremos decir que ha adquirido las herramientas necesarias para poder asegurar que es bilingüe.

Este vínculo afectivo se debe a la forma en la que asimilamos ambos idiomas: la adquisición de una segunda lengua suele darse en el ámbito escolar, académico, laboral e institucional, mientras que la nativa “se adquiere en contextos familiares cargados de emocionalidad desde la más tierna infancia”. Entonces ocurre lo que este investigador llama “diglosia emocional”, que se produce cuando “la diferencia entre la carga emocional de los contextos donde se adquieren unas y otras lenguas” conlleva una distancia emocional con respecto a la lengua extranjera.

Albert Costa recurrió al conflicto moral para demostrar que la misma idea puede despertar nuestro lado emocional o racional en función de la lengua en la que se comunica. Su punto de partida fue una pregunta que ponía en jaque los valores de los participantes: les preguntó si lanzarían a la vía del tren a una persona si tal acto les permitiera salvar cinco vidas. Entre el 20 y el 50% aseguró que sacrificaría a una persona para salvar a cinco. El estudio mostró que tendemos a responder a este tipo de dilemas de manera menos emocional y más racional cuando se nos plantean en una lengua no materna.

¿En qué idioma insultamos?

Lo habitual es enfadarse e insultar en la lengua materna. “Cuando una persona habla un idioma extranjero, se enfada en su lengua materna. En estos casos voy a mi lengua materna, pero si acudo a una lengua que no es la materna, es porque la controlo de verdad”, dice Rochdi.

Lo que ocurre es que el “coste cognitivo” es mayor en una lengua extranjera. “Es decir, nos suele resultar más complicado hablar en inglés que en castellano, y esto tiene un reflejo cognitivo y cerebral claro”, explica Duñabeitia. Hablar en otra lengua agota y ese cansancio se refleja en la conversación y en el uso que hacemos de una u otra lengua.

Duñabeitia añade que a veces “lo bueno es menos bueno y lo malo es menos malo en una lengua extranjera”. De ahí que un insulto nos afecte menos en una lengua no materna o que nos libere más en la materna. Albert Costa llegó a la conclusión de que insultar en lengua materna no sólo es más cómodo, sino que también es más dañino porque los insultos duelen menos cuando se escuchan en otro idioma.

Pero esta regla tiene su excepción: los armenios no insultan en armenio, aunque sí lo hacen en otros idiomas. Esta actitud parece una muestra de amor a la lengua materna, un intento por no “mancharla” con lo que se considera feo, puesto que también se niegan a enseñar insultos y palabras obscenas a extranjeros curiosos. Existir, existen, pero son tabú. La traductora armenia Hasmik Amiraghyan es multilingüe y prefiere insultar en castellano, en catalán, en inglés o en ruso, mientras obvia las palabrotas en armenio. “Una amiga dice que no puede insultar en armenio por pudor. Para mí sería más bien la falta de costumbre, porque en ruso o en español no me da vergüenza”, dice Amiraghyan.

Chistes y pensamientos

Del mismo modo que el insulto nos afecta menos en una lengua no nativa, el efecto del humor se pierde por el camino. No tiene mucho sentido contar chistes en otro idioma -traducirlos- si no se domina a la perfección y si no se conoce bien la cultura del receptor porque el humor se difumina.

“Lo de los chistes como factor no lo veo tan claro como expresar emociones”, dice Rochdi. El hecho de que el humor sea cultural es lo que hace dudar a este lingüista, que considera que una persona puede llegar a dominar el humor de otra cultura a la perfección. Prueba de ello es que Bart Simpson mencione a Julio Iglesias: estos guiños a la cultura española de muchas series estadounidenses no aparecen en el guión, son los traductores los que tienen que incorporarlos para adaptar los diálogos al humor del receptor.

En este caso, para que ese indicador fuera válido, tendría que tratarse de un bilingüe bicultural. En palabras de Rochdi: “Llegar a pensar en otro idioma es la muestra de que no sólo sabes gramática y pronunciación, sino parte cultural de la lengua, cómo piensa el hablante”.

Este lingüista especializado en fonética añade, además, otro factor que podría indicar un alto nivel de adquisición de una lengua: el acento. “Si hablas dos lenguas, dicen las estadísticas en lingüística aplicada que siempre se nota el acento extranjero en la segunda lengua”, explica.

También puede resultar revelador olvidar palabras en la lengua materna, pero recordarlas en otro idioma y utilizar estructuras gramaticales que son incorrectas en esa lengua. Esos pequeños dramas cotidianos del bilingüe, a menudo, lo validan como tal.”

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Lea, si quiere el texto original aquí:

https://verne.elpais.com/verne/2017/08/28/articulo/1503911116_963972.html

También en @SlideShare vía @LinkedIn:

http://tinyurl.com/y7y7g7kl

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Cómo escribir la fecha de manera abreviada (@Fundeu)

12 September 2017

twitter: @eugenio_fouz

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FECHA: CLAVES DE ESCRITURA

vía @Fundeu

Es frecuente que la expresión de las fechas plantee dudas, por lo que a continuación se aportan algunas claves para su correcta escritura.

  1. El orden es día, mes, año

El orden que la Ortografía académica recomienda es día, mes, año (14 de octubre de 1951). En esta obra se desaconseja el orden mes, día, año, propio de los Estados Unidos y que se ha extendido a otros países anglosajones (octubre 14 de 1951).

  1. Letras y cifras

La opción más común en la escritura de las fechas es la que combina letras y cifras (1 de marzo de 1743), con el mes siempre con inicial minúscula y sin omitir las dos preposiciones de.

  1. Solo con letras excepcionalmente

Las fechas suelen escribirse solo con letras en documentos solemnes, escrituras públicas, actas notariales o cheques bancarios: veinte de septiembre de mil novecientos diez.

  1. Uno o primero de mes

Para el primer día del mes puede usarse el número ordinal, forma preferida en América (primero de marzo), o el cardinal, más frecuente en España (uno de marzo).

  1. Fechas indicadas solo con cifras

Cuando las fechas se escriban solo con cifras, el día, el mes y el año se separan con guiones, barras o puntos, y sin espacios: 4-6-1982, 8/7/1980, 12.9.08. La Ortografía recomienda no anteponer, salvo por imperativos técnicos, un cero a la cifra del día cuando esta es inferior a 10 (mejor 4/2/98 que 04/02/98); el mes puede escribirse en números arábigos (4/6/82) o —raramente en la actualidad— romanos (4/VI/82) y el año puede aparecer con los cuatro dígitos (7/5/2003) o solo con los dos últimos (7/5/03).

  1. El orden año, mes y día, solo en documentos científicos

En fechas escritas solo con cifras, puede optarse por el sistema establecido por la ISO, que sigue el orden año, mes, día, con los números separados con guiones y añadiendo un cero si es necesario: 2013-04-25. Este formato se restringe a documentos de carácter científico o técnico de circulación internacional y no se aplica a fechas que no se escriben íntegramente con cifras.

  1. Los años, sin punto ni espacio

Cabe recordar que cuando se escribe el año no se debe escribir ningún signo ni espacio entre sus dígitos (1998 y no 1.998, 1 998, ni 1,998).

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No obstante, @el_pais opta por escribir la fecha así: 10.09.17:

Y a mí también me gusta hacerlo de esta manera 😉

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Lea aquí el artículo original vía @Fundeu:

http://www.fundeu.es/recomendacion/fechas/

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o en formato PDF vía @SlideShare (@LinkedIn):

http://tinyurl.com/yczpboot

 

NOTA:

Fíjese en el detalle del calendario de la cabecera de la recomendación de Fundéu. 😉

Carta a Polly (Camila Lackberg)

31 August 2017

twitter: @eugenio_fouz

Leía esta carta a Polly de Camila Lackberg hace días en la revista semanal de “EL PAÍS”

Carta a Polly

CAMILLA LACKBERG

EL PAÍS

DOMINGO 09 DE JULIO DE 2017

“A lo largo de tu vida, muchas personas te dirán que el feminismo no es necesario. Pero esta sigue siendo también tu lucha. Nunca cierres los ojos.

QUERIDA POLLY: Nacer mujer es nacer dentro de la lucha más antigua de la humanidad. Cada vez que una mujer —una generación de mujeres— se planta, no deja que nada la obligue a callar, protesta y levanta la voz, la vida de nuestras hijas se vuelve un poco más fácil.

Quiero que lo recuerdes.

Como madre, mi deber es hacer que tu camino sea un poco menos difícil que el mío. Como mujer, mi deber es asegurar que el camino de la próxima generación sea un poco menos difícil que el mío y el de mis coetáneas”. (…) 

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Lea el artículo completo aquí:

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/camilla-lackberg-carta-a-polly/

O también aquí:

https://www.slideshare.net/EugenioFouz/carta-a-polly-camilla-lackberg

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Compartía el enlace del artículo en Facebook y una amiga, María, escribía este comentario que copio y pego a continuación con permiso de la autora, claro:

Maria Schipor (vía Facebook) “Pienso en aquellas mujeres que hoy defienden desde la política, y la belleza madura de la edad,los intereses no sólo de las mujeres sino también de la sociedad.Vivan ellas !!!La sociedad es todavía. ..machista. Los más fuertes aniquilan a los más débiles. Cuestión de poder.Hace falta encontrar soluciones al una realidad. LA MUJER ES UNA PERSONA CON LOS DERECHOS QUE TIENE TODO EL SER HUMANO. ESTOY SEGURA QUE VALE LA PENA”

Feminismo salvaje (Javier Cercas)

24 August 2017

twitter: @eugenio_fouz

(Audrey TauTou, actriz francesa)

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Escrito por Javier Cercas

FEMINISMO SALVAJE

Javier Cercas

ElPaís, 13.08.17

No entiendo que después de siglos de maltratos y explotación despiadados, las mujeres sigan aguantándonos, queriéndonos y cuidándonos

DESENGAÑÉMONOS: los hombres de mi generación somos machistas por defecto. Los de mi generación y los de la anterior y los de la anterior a la anterior, y así hasta el infinito. La culpa la tienen por supuesto nuestras madres, cosa que yo sé muy bien porque soy el único varón en un hogar de cuatro hembras y mi madre nunca me dejó fregar un puñetero plato, mientras que mis hermanas la ayudaban en las faenas de la casa (¡un beso, mamá!). No sé cómo serán los chicos de ahora: a juzgar por mi hijo, muchísimo mejores que nosotros; a juzgar por las estadísticas, iguales o peores. Por una vez seguro que tienen razón las estadísticas. (…)

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Lea, si quiere, el artículo completo aquí:

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/javier-cercas-feminismo/

O descargue el escrito en PDF:

https://www.slideshare.net/EugenioFouz/feminismo-salvaje-javier-cercas

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La pasión es la heredera (Toni Nadal)

17 July 2017

twitter: @eugenio_fouz

Extracto del artículo de Toni Nadal, La pasión es la heredera (EL PAÍS):

Los nuevos códigos de una sociedad más dispuesta a colmar todas las necesidades, combinados con el impulso de las nuevas tecnologías, han derivado en unos jóvenes menos inclinados a perseverar

10 JUL 2017 –

Los artículos de estos días sobre la longevidad de los tenistas actuales han dado pie a debates al respecto en el vestuario. Ha habido disparidad de opiniones acerca de cuál ha sido la razón, pero lo que más he escuchado, sobre todo de fisioterapeutas, entrenadores y equipo en general, es que el factor determinante han sido los cuidados que hemos dispensado al jugador.

Esta opinión responde, según mi deducción, a una sobrevaloración natural que solemos tener de nuestras propias aportaciones. Evidentemente que se han derivado unos beneficios que han mejorado el rendimiento físico del deportista, pero no creo que hayan sido el factor determinante. (…)

Lea aquí el texto íntegro:

https://elpais.com/deportes/2017/07/08/actualidad/1499545046_660498.html

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¡Te daba así! (Fernando Savater)

2 April 2017

twitter: @eugenio_fouz

Helen Keller y Ana Sullivan,

“El milagro de Ana Sullivan”, Arthur Penn, 1962]

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Te daba así

FERNANDO SAVATER

ElPaís.-23 OCT 2005

“La más impresionante y modélica hazaña educativa que conozco empieza con un buen cachete dado en su preciso y precioso momento. La joven Ana Sullivan llega a casa de Helen Keller, ciega y sorda (en apariencia también muda a sus siete años), para afrontar una tarea imposible, la instrucción de la niña, que, en opinión de todos, ni puede ni quiere comunicarse con los demás. En realidad, los padres de Helen no la contratan para que “eduque” a su hija -objetivo que consideran de todo punto inalcanzable-, sino para que se encargue de ella y la soporte, porque ellos ya no pueden aguantar más. El primer día de su nuevo trabajo comienza como una pesadilla para Ana Sullivan. A la hora del almuerzo familiar, Helen se niega a sentarse a la mesa, tira la servilleta, arroja la comida por el suelo y hostiliza de todas las maneras imaginables a la nueva institutriz. Los padres ruegan a Ana comprensión y tolerancia, resignación, ¡la pobre niña sufre tanto con sus limitaciones! Hay que dejarla a su aire…

Si la señorita Sullivan hubiera sido una mujer acomodaticia, una simple empleada consciente de lo que se esperaba de ella y dispuesta a cumplir su parte del contrato, a cobrar y no meterse en líos, Helen no se hubiera sentado a la mesa ese día y hubiera muerto salvaje, incluso retrasada mental, como la suponían sus amorosos deudos. Pero Ana Sullivan era esa cosa heroica e insobornable, realmente inesperada: una auténtica maestra. De modo que ante el horror de los políticamente correctos padres, le soltó a la minusválida un fenomenal bofetón. Y Helen se sentó a la mesa, malcomió entre gruñidos y comenzó el arduo camino de su educación que la llevó muchos años después a poseer una envidiable cultura y a escribir un libro en el que agradecía aquel cachete valeroso de su maestra como el golpe de gracia que le salvó intelectualmente la vida.

Quede claro: no hay que maltratar a los niños ni se debe recurrir habitualmente por frustración o histeria -cuando no por sadismo- a los castigos corporales contra ellos. En circunstancias favorables (no digo “normales”, porque lo realmente favorable rara vez es normal), los encargados de su buena crianza pueden enseñarles las pautas de convivencia a base de la persuasión y del ejemplo. Pero los educadores son humanos y precisamente esa humanidad es lo que deben transmitir a sus pupilos. Es importante que el niño conozca que hay límites que no se deben transgredir porque entonces puede perderse la relación amistosa incluso con quienes más nos quieren. Cuando uno se salta las luces rojas tropieza con un cachete como quien va sin frenos y con los ojos vendados puede chocar contra un muro.

También en el terreno educativo existe a su modo el habeas corpus: somos de carne y hueso, y detrás de nuestras normas, de las pautas de respeto y cortesía, de las leyes de la civilización, están los empellones y garrotazos, cuando no algo peor. Los niños pequeños están recibiendo el mundo de sus mayores, mientras la propia naturaleza (con sus golpetazos, chapuzones y quemaduras) les va enseñando que no todo gesto queda sencillamente impune.

Como cantaba Georges Brassens con ocasión de una señora de trasero voluminoso que se lanzó a bailar con frenesí y acabó dolorosamente sentada sobre la pista: “La ley de la gravedad, madame, es dura pero es la ley”. También detrás de las leyes humanas hay un topetazo físico que pretendemos evitar: el cachete puede ser en ocasiones un atisbo aleccionador que vacune contra futuras transgresiones que desembocarán en reconciliaciones más difíciles. Pasada la indignación rebelde del momento, cualquier niño sano puede comprender la diferencia entre unos padres exasperados hasta el límite de su paciencia (pero dispuestos inmediatamente a perdonar y acariciar) de otros predispuestos por incapacidad o vicio a la agresión. Precisamente porque sabe que sus mayores no son propensos a la violencia, el neófito es capaz de comprender al reflexionar sobre lo ocurrido que ciertos comportamientos despiertan la violencia allí donde no la había ni tenía por qué haberla. Ninguna bofetada sustituye a la persuasión, pero alguna -en la ocasión y el momento adecuados- puede servir de aldabonazo para que las razones persuasivas sean mejor atendidas.

En todos los continentes, especialmente en los países del llamado Tercer Mundo, millones de niños padecen maltrato. Nunca ven acercarse a ellos a los adultos más que con malas intenciones: no para jugar o instruirles, sino para esclavizarles como trabajadores a destajo, objetos sexuales o minúsculos soldados de guerras que no pueden ni deben comprender. Es el peor de los pecados, el motivo que justificaría otra lluvia de fuego sobre nuestra civilización en tantos aspectos desalmada. También en los países democráticos y desarrollados a menudo los más pequeños pagan en la intimidad del hogar agobios y frustraciones de quienes deberían cuidarles con la alegría que hace madurar. Pero no menos dañino a la larga es que crezcan en la falsa tolerancia de quienes no saben o no quieren enseñarles las restricciones que impone -sí: impone- la convivencia civilizada. De tal modo que luego, en la adolescencia, se conviertan en perturbadores asilvestrados que ni estudian ni permiten el estudio de los demás en las escuelas o que pasen su tiempo persiguiendo en jauría a sus compañeros o maltratando a las chicas, como entrenamiento de lo que mañana harán con sus parejas.

Les cuento un caso vivido: sesión de tarde en un cine de estreno, en San Sebastián. Un machito de unos doce años martiriza groseramente a la niña que le acompaña, a la que entre bromas y veras le está dando una auténtica paliza. Los adultos circunstantes miran con embarazo y comentan con desagrado, pero no mueven un dedo. Hasta que una señora joven y bien plantada se levanta y le arrea un sopapo al botarate, diciendo enérgicamente: “Eso, para que aprendas que siempre habrá alguien más fuerte que tú”. A partir de ese momento, paz en la platea. No, claro que no se debe pegar a los críos. Casi nunca.”

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artículo de opinión de Fernando Savater

¡España, adelante! (Alex Grijelmo)

19 February 2017

twitter: @eugenio_fouz

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artículo de Álex Grijelmo: “España adelante!”

LA PUNTA DE LA LENGUA

“España adelante!”

Los idiomas se prestigian sobre todo con su buen uso; a lo que suele convenir además la transmisión limpia de palabras transparentes

ÁLEX GRIJELMO

5 FEB 2017 .-ELPAÍS

El PP también ha intentado recortar entre los signos ortográficos. Es lo que tiene llevar carrerilla. El lema de su próximo congreso político se mostró así textualmente:

“España adelante! 18 congreso popular”.

Veamos los recortes aplicados ahí:

1. Ausencia de un signo de exclamación. La primera falta consiste en omitir la exclamación de apertura, signo que se considera obligatorio en español y que venimos empleando desde la ortografía académica de 1754. Los responsables del PP se escudaron en una decisión de los diseñadores. Y en efecto, un artista puede buscar la transgresión para hallar nuevos ámbitos expresivos. Sin la transgresión no habrían existido ni el jazz ni el cubismo. Ahora bien, tal vulneración de lo establecido debe abrir caminos interesantes o superar los anteriores; mostrar un rasgo de genialidad que haga perdonar la falta de respeto por la norma. Sin embargo, ciertos artistas se quedan en la transgresión ortográfica como todo mérito, sin que les acompañe ningún talento adicional. Así ocurre en la publicidad, donde a veces se pisotea el español sin más aportación que los propios zapatazos. Pero sería deseable que en ámbitos cultos y formales (como ese congreso del PP) se mantuviesen los útiles rasgos del castellano.

2. Ausencia de una coma. El sustantivo “España” en la oración “España adelante” se entiende como un vocativo, una apelación a actuar o atender a aquello que se dice a continuación. Y esos vocativos necesitan una coma: “Vamos, Rafa”, “Rafa, no te desanimes”. “¡Rafa, arriba!”. Por tanto, debió escribirse “¡España, adelante!”… y esperar a ver qué contesta España.

3. Ausencia del ordinal. A “18 congreso popular” le falta una letra voladita (º) que represente al ordinal “decimoctavo” (18º), pues de otro modo se lee “dieciocho congreso”, una expresión inelegante y poco adecuada para una entidad de la que cabía esperar cierto esmero en la expresión.

Luisa Fernanda Rudi mostró con toda ingenuidad esos tres fallos cuando salió al ruedo para presentar el lema del congreso. Las críticas no tardaron, empezando por los periodistas presentes, y el partido rectificó enseguida su cartel. Suprimió la exclamación de cierre, añadió la coma (“España, adelante”) y mantuvo lo de “18 congreso”. O sea, no abandonaba del todo la política de recortes: incorporaba un signo, pero a cambio de quitar otro y de mantener el despido improcedente de la voladita.

El presidente de la Generalitat de Cataluña remitió días atrás una carta a Rajoy en la que también se deslizaban tres faltas: “remetimos” en vez de “remitimos”, “a parte” en vez de “aparte” y “llegar a la conclusión que” en vez de “llegar a la conclusión de que”. Se hace difícil imaginar que esos fallos los hubiera cometido Puigdemont en catalán, lengua que la Administración autonómica siempre cuidó en todos los detalles de su expresión pública.

El PP bien podría tomar tal pulcritud como referencia para demostrar que los idiomas se prestigian con su buen uso; a lo que suele convenir además la transmisión limpia de palabras transparentes. Y en esa línea sería deseable también una precisa definición de lo que va a significar para todos ese “adelante” del Partido Popular. Porque en política unos llaman caminar “adelante” a lo que para otros sólo supondrá seguir yendo hacia atrás.

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http://elpais.com/elpais/2017/02/03/opinion/1486116704_524947.html

Erudición (Manuel Vicent)

5 February 2017

twitter: @eugenio_fouz

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Erudición 

por

MANUEL VICENT

EL PAÍS (5 FEB 2017)

En las tertulias de antaño siempre había un erudito que lo sabía todo. Recordaba nombres, fechas y datos con absoluta precisión gracias a su privilegiada memoria alimentada por múltiples, diversas y a veces inútiles lecturas. Ante cualquier discusión se recurría a él en última estancia para que ejerciera de tribunal de casación. Hoy el prestigio de esta clase de sabios, ganado a pulso después de quemarse las pestañas leyendo montones de libros, ha desaparecido. La erudición ya no sirve de nada. Ahora en cualquier debate en que las partes se obstinan por tener razón, mientras la disputa se alarga y adquiere una elevada temperatura, tal vez el más tonto del grupo que ha permanecido callado picotea discretamente en el iPhone y cuando la discusión alcanza un encono sin salida, exhibe el veredicto inapelable que dicta la pantalla del móvil como si fuera el ojo de halcón. He aquí la verdad sacada con la punta de los dedos del légamo digital. El prestigio está en manos de cualquier garrulo que sepa manejar mejor y más rápidas las cinco yemas para extraer la razón del Google. El inicio de la Edad Moderna lo marcó el invento de la imprenta. La edición masiva de libros terminó con el argumento de autoridad, que estaba en manos hasta entonces de clérigos, leguleyos y sanadores, como una fuente de poder frente a la ignorancia de la gente. Una revolución semejante se produce ahora en medio del bosque digital donde el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor, el paciente al médico, el analfabeto al filólogo, el idiota al científico y el reo al juez. La cultura es hoy una enloquecida barra de bar que circunda el planeta y la política mundial está presidida por un venado con una cornamenta de 14 puntas, toda de oro, un Calígula que gobierna el imperio con los dedos movidos por el odio, la ignorancia y la estupidez.

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http://elpais.com/elpais/2017/02/03/vinetas/1486124713_689827.html

“Público, privado, íntimo” (Carlos Castilla del Pino)

22 January 2017

twitter: @eugenio_fouz

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artículo de Carlos Castilla del Pino

Público, privado, íntimo

CARLOS CASTILLA DEL PINO

El País.-1 AGO 1988

Toda persona tiene tres tipos de actuaciones: públicas, privadas e íntimas. La distinción entre unas y otras no siempre es fácil, y por tal motivo con frecuencia se traspasan, por parte de los demás, de buena o de mala fe, los límites que separan cada una de ellas entre sí. Se puede afirmar que lo único que de cada cual pertenece a los demás son nuestras actuaciones públicas, porque son hechas en público y para el, público: son, pues, tanto nuestras como de él, ya que él es el objeto de la relación. Las actuaciones privadas e íntimas nos pertenecen; quienquiera que se arrogue penetrar en ellas sin permiso allana nuestra morada, atropella y, si estamos en un estado de derecho, incluso puede que delinca. Es usual la distinción entre público y privado. Frecuente el que no se diferencien privado e íntimo. Me parece que esta identificación estorba la dilucidación de algunos problemas.

En cualquier caso, a mi modo de ver se trata de tres ámbitos perfectamente diferenciables. Conviene advertir que lo que realmente existe son los espacios que, a modo de escenarios, el hombre usa en la representación que constituyen sus actuaciones. Las actuaciones, pues, son públicas, privadas o íntimas no en sí mismas, sino según el espacio en que se desenvuelven. Hay actuaciones que, al parecer, son necesariamente públicas-dar una conferencia, por ejemplo-, pero eso es el segmento último de un proceso que ha de incluir también la preparación, e incluso hasta quizá un ensayo con un público imaginario, que son actuaciones privadas. A la inversa, odiar es una actuación íntima siempre y cuando se mantenga en el espacio íntimo en el que se actúa sintiendo, fantaseando, etcétera, pero no si se prosigue en el espacio público en el que se puede hablar del odio experimentado o se puede actuar contra el sujeto odiado. De lo que se trata, pues, es de la opción del espacio para la actuación. Sí un espacio no nos gusta para una actuación o elegimos otro o ninguno y en este caso no actuamos.

Es importante saber cuáles son los límites de estos tres ámbitos y, si esto es hacedero, siempre resulta fácil determinar cuándo ha habido transgresión por parte de los demás al situar en un espacio la referencia a una actuación que se ha representado en otro. Por eso conviene advertir que la transgresión, que supone la publicidad de lo privado o lo íntimo, no siempre necesariamente proviene de alguien de fuera del sujeto, sino también del propio sujeto. Lo privado y lo íntimo pueden ser preservados, y hay que preservarlos para que de hecho pueda hablarse de allanamiento ulterior allí donde no han sido respetados. Lo que se denomina indiscreción es el uso público que en ocasiones se hace de lo privado e incluso de lo íntimo, a lo cual el sujeto de la privacidad o de la intimidad tiene perfecto derecho; pero en ese caso, y en la medida en que es el protagonista de la actuación el que de terminó el espacio público en que había de representarse, ha de saber a qué atenerse, que es sencillamente esto: que cualquiera de fuera de él puede hacer uso de la indiscreción que él mismo cometió consigo mismo.

Los tres tipos de actuaciones a las que he hecho referencia, públicas, privadas e íntimas, se caracterizan, respectivamente, porque las primeras son necesariamente observables (visibles, audibles, etcétera); las segundas podrían serlo, a poco que se den o la falta de cautela por parte del actor o el voyeurismo del observador; las terceras, por último, no pueden observarse, y sólo se las puede inferir -a través de lo que el sujeto dice o hace, incluso con su inhibición o su silencio, que son, como se sabe, formas de actuación (porque siempre hay actuación- “no hay no conducta” es una ley que rige para el sujeto de la conducta).

Me parece que estos criterios pueden ser suficientes para la delimitación de los tres espacios. Todo sujeto, en efecto, en tanto entidad social, es sujeto público, que imparte clase, da conferencias, actúa en el teatro, pasa consulta, mira escaparates y gente, contrae matrimonio en juzgados o iglesias, pasea por un parque, etcétera. Cualquiera de estas actuaciones puede ser objeto de crónica, y bastaría ser persona interesante para que lo fuera en realidad. Nadie que entre en una iglesia o en una casa de prostitución, incluso aquellas que se llamaban de tapadillo, puede legítimamente impedir que se diga, se escriba o se filme.

Otra cuestión es la que concierne al espacio privado. El espacio privado lo define el propio sujeto, que debe adoptar los dispositivos que hagan inobservable cualquiera actuación que él pretenda contener dentro de los límites de lo privado. Lo privado se caracteriza, pues, por su observabilidad, pero también por la simultánea protección ante la posibilidad de que lo sea. Mucho de lo que habitualmente hacemos público podemos hacerlo privado; para ello basta que lo dispongamos: uno puede casarse, no en la intimidad, como coloquialmente pero de manera inexacta, se dice, sino en la privacidad, por ejemplo, en su casa, cerrando ventanas y puertas para que nadie le vea. A la inversa, buena parte de lo que se hace habitualmente en privado puede verificarse en público: si una pareja hace el amor en la planta baja de un edificio, con las ventanas de par en par abiertas a la calle, una de dos: o no les importa que les vean o ambos protagonistas, absortos en su deliciosa tarea, no adoptaron los requisitos de la privacidad. Si el amor lo hacen en un parque: ¿cabría la posibilidad de que protestasen por verse convertidos en espectáculo? Podrá ser considerada inelegante la observación, alguno dirá que hasta pecaminosa, pero los observadores inelegantes y/o pecadores están en su derecho de gozar de la gratuita visión que se les depara. ¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que la pareja, adoptando toda suerte de precauciones, sea observada por el ojo de la cerradura o por la grieta eventualmente existente en el ventanal? Evidentemente, no. De manera que es privado lo que cada cual hace que lo sea, y ello incluye tanto la actuación antes ejemplarizada cuanto otras que, por su general inocuidad, podríamos también hacer en público: el mero leer un periódico o un libro, o el abrocharme un zapato.

Por tanto, las actuaciones públicas y privadas tienen una proyección externa que las hace observables, y ambas, por tal motivo, son perfectamente diferenciables de las actuaciones íntimas: fantasear, imaginar, proyectar, suponer, idear; en suma, pensar y asimismo sentir (gustar de, admirar a, envidiar amar, odiar, etcétera) son actuaciones del sujeto meramente internas, no poseen ese segmento externo que caracteriza las públicas y privadas y, por tanto no pueden ser sabidas por nadie fuera del sujeto (lo curioso es que a veces incluso el propio sujeto no sabe de ellas, pero es, cuestión no me interesa ahora desempolvarla). Se puede afirmar que tales actuaciones pueden ser dichas y entonces sabidas, y por tanto públicas, pero eso es suponer, y se supone mal, que no se puede mentir. Nada acerca de lo íntimo es comprobable, ni por tanto su verdad o su mentira. La intimidad puede inferirse a través de lo que digo o hago, pero jamás se tiene acceso directo a ella por su intrínseca inobservabilidad. Por eso, la confidencialidad, es decir, el que el sujeto A refiera al sujeto B algo acerca de su intimidad, se basa ante todo en el principio de confianza o en el pacto de sinceridad, de que hablaron hace años los filósofos analíticos, que puede enunciarse así: “Creo lo que se dice porque tengo confianza en la sinceridad de quien me habla, ya que no puedo poseer prueba alguna acerca de su veracidad”.

No cabe, por principio, transgresión alguna sobre las actuaciones públicas de nadie, porque son, por derecho, de todos. La transgresión de la vida privada consiste, naturalmente, en que alguien la hace pública, pese a haber dado el protagonista de la actuación sobradas marcas de la privacidad de la misma. Parecería que la transgresión de nuestra vida íntima -lo que pensamos y sentimos- no es factible por su propia inaccesibilidad. ¿Cómo podemos pasar ilegalmente una frontera sí ésta, como el Everest antes de que se convirtiera en pito de sereno, es inabordable?

Las transgresiones de la intimidad son, sin embargo, más frecuentes de lo que a primera vista se piensa. Una de ellas, habitual, es la inferencia intencional -por tanto, íntima- de una actuación pública. De que alguien apostille que no le parece buena una novela o que el presidente del Gobierno ha tenido una pésima actuación, se infiere, respectivamente, que le hubiera gustado escribirla y se reconoce impotente o que envidia al gobernante; que alguien sea cumplidor en su trabajo, que es cobista y trepador, y así sucesivamente. Dado que toda actuación es, como no puede ser de otra manera, intencionada, esa o cualquiera otra inferencia puede hacerse, alguna de ellas resultar ser hasta acertada. Aun así es ilegítima su publicidad y allana la íntima morada. Puesto que la inferencia intencional es necesaria respecto de la actuación que los demás llevan a cabo, lo correcto es que quien la hace la deje, a su vez, en su intimidad, o la refiera acentuando el rango subjetivo de la misma. Como decía Antonio Machado, por boca de su heterónimo Juan de Mairena, “cuando un hombre algo reflexivo se mira por dentro, comprende la absoluta imposibilidad de ser juzgado con mediano acierto por quienes lo miran por fuera, que son todos los demás, y la imposibilidad en que él se encuentra de decir cosa de provecho cuando pretende juzgar a su vecino”. Y lo terrible es que las palabras se han hecho para juzgarnos unos a otros.

Imaginar, en efecto, la intención que antecede a un acto es imprescindible, pero certificarla al darla a la publicidad no es tolerable. Las más de las veces, esta aseveración intencional se acompaña de otras que parecen conferir autoridad, como “yo lo conozco bien”, “dímelo a mí: si estuvimos en el colegio juntos”, y cosas por el estilo. El observador de la actuación sobre la que infiere debe atenerse, si ha de hablar de ella, sólo y exclusivamente a lo observado, que es lo público, no a la intención de la actuación observada, que es íntima. Cuando se habla del “mal estilo” de quien lleva a cabo juicios de intención, se hace referencia, quizá sin saberse, a que el que los hace penetra con botas y espuelas en la intimidad de quien sea, justamente con la pretensión de hacerla pública y, las más de las veces, descalificarla. Este tipo de allanamiento de la intimidad no está incluido en el Código Penal. Ni debe estarlo, porque sería complicar más aún nuestra vida social. Pero eludirlo constituye una norma, es decir, una pauta que figura en el código implícito de las buenas maneras.

http://elpais.com/diario/1988/08/01/opinion/586389610_850215.html

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Peste (Juan José Millás)

6 October 2016

twitter: @eugenio_fouz

leyendo-en-el-metro-de-ny2

Los artículos breves del madrileño Juan José Millás le dan ganas a uno de leer más. Copio y guardo uno titulado “Peste” y publicado en “El País” el día 9 de septiembre de 2016

 

 

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 Peste

Juan José Millás

“Este verano salió a la luz un estudio según el cual las personas que leen viven más. Una noticia típica de agosto, no ya por ese empeño idiota en buscarle a la lectura un sentido práctico, pero también porque, si uno se empeña, hallará otro estudio según el cual las personas que más leen son también las que más fuman, de modo que los años que ganan por un lado los pierden por el otro. Además, suicidarse a base de no leer debe de ser dificilísimo. Tendría uno que no leer con una intensidad desconocida. Sabemos de gente que lee con una pasión tal que de vez en cuando han de dejar el libro a un lado y fumarse un Camel para tranquilizarse, pero no vemos a nadie capaz de no leer con semejante ímpetu. De hecho, en el metro son más los que se pasan de estación por leer que por no leer.

De otro lado, qué entendemos por no-lector. El no-lector es necesariamente el lector, pues solo él es capaz de echar de menos la lectura cuando no está leyendo. En tal caso, si solo se puede ser no-lector siendo lector, la misma persona que vive más por leer es la que muere antes por no hacerlo. No sé si vamos explicándonos, pero cuando un estudio es confuso conviene poner todas sus contradicciones al descubierto, para que dejen de engañarnos. Miren, yo he leído el dichoso estudio y en ninguna parte se dice que hayan utilizado el método “doble ciego”, dirigido a evitar que una investigación pueda resultar defectuosa, cuando no completamente falsa, debido al “efecto placebo”. Significa que, para alcanzar la conclusión citada más arriba, parte de los individuos sujetos a la investigación deberían haber recibido una lectura que no fuese lectura, lo cual es imposible, pues hasta el manual del microondas es una lectura. Peste de aficionados.”

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