Australian universities to return to ‘pen and paper’ exams after students caught using AI to write essays https://t.co/74mNvEUWZV
— Catherine L'Ecuyer (@CatherineLEcuye) May 2, 2023
A.I > back to pen and paper in Australian universities?
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¿Cuál ha sido la última serie que has disfrutado mucho? Hagamos un hilo recopilatorio para que la gente descubra nuevas series. pic.twitter.com/ZHqTOjWZI5
The early years are a uniquely consensual period of human development during which we as adults hold the power to promote (or hinder) children’s long term success through the interactions and experiences we provide. Let’s get it right.
Niño predicador con oratoria, sin vivencias y traje de sastre
@YouTube vídeo, 2:31 m
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El Colombiano.com / 4.06.2012
Cómo anular a una persona ANA CRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE
El peor daño que se le hace a una persona es darle todo. Quien quiera anular a otro solo tiene que evitarle el esfuerzo, impedirle que trabaje, que proponga, que se enfrente a los problemas (o posibilidades) de cada día, que tenga que resolver dificultades.
Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocía y desplegar su creatividad. Quien vive de lo regalado se anula como persona, se vuelve perezosa, anquilosada y como un estanque de agua que por inactividad pudre el contenido.
Aquellos sistemas que por “amor” o demagogia sistemáticamente le regalan todo a la gente, la vuelven la más pobre entre las pobres. Es una de las caras de la miseria humana: carecer de iniciativa, desaprovechar los talentos, potencialidades y capacidades con que están dotados casi todos los seres humanos.
Quien ha recibido todo regalado se transforma en un indigente, porque asume la posición de la víctima que sólo se queja. Cree que los demás tienen obligación de ponerle todo en las manos, y considera una desgracia desarrollarse en un trabajo digno.
Es muy difícil que quien ha recibido todo regalado, algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo. Le parece que todos a su alrededor son responsables de hacerle vivir bien, y cuando esa “ayuda” no llega, culpa a los demás de su “desgracia” (no por anularlo como persona, sino por no volverle a dar). Solo los sistemas más despóticos impiden que los seres humanos desarrollen toda su potencialidad para vivir. Creen estar haciendo bonito, pero en definitiva están empleando un arma para anular a las personas. (No quiere decir que la caridad de una ayuda temporal no sea necesaria en momentos especiales).’
‘Perhaps only a truly discontented child can become as seduced by books as I was. Perhaps restlessness is a necessary corollary of devoted literacy. There was a club chair in our house, a big one, with curled arms and a square ottoman; it sat in one corner of the living room, catty-corner to the fireplace, with a barrel table next to it. In my mind I am always sprawled in it, reading with my skinny, scabby legs slung over one of its arms. “It’s a beautiful day,” my mother is saying; she said that always, often, autumn, spring, even when there was a fresh snowfall. “All your friends are outside.” It was true; they always were. Sometimes I went out with them, coaxed into the street, out into the fields, down by the creek, by the lure of what I knew intuitively was normal childhood, by the promise of being what I knew instinctively was a normal child, one who lived, raucous, in the world.’
Anna Quindlen, How Reading Changed my Life (page 10)