Posts Tagged ‘Reyes Magos’

Autopista del Sur (con permiso de Cortázar)

14 September 2017

twitter: @eugenio_fouz

 

Un tuit de Mikel Alonso (@mikelalonnso en Twitter) me recordó esta anécdota vivida en la autopista del Sur de regreso a casa.

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Autopista del Sur (con permiso de Cortázar)

Algo de razón tienen que llevar los americanos cuando predican con el ejemplo y ponen en práctica la idea de ser siempre amables con los extraños. Tópico o no, esta es una de las características del American way of life.

Quien es forastero en esta comunidad murciana aprovecha la época navideña, entre otras, para reunirse con su familia y amigos, para el reencuentro. Antes de acabar este tiempo, porque uno ya no sabe si pertenece más a un lugar o a otro, regresa al sur. Y el tiempo pasa dentro del coche, en medio del tráfico, la niebla en el Puerto del Manzanal en León, y otros, el viento y la lluvia a la vuelta, cerca de Albacete. Y son muchas las horas y los mensajes que la Dirección General de Tráfico nos señala en paneles de luz. Estos días, viajando de un sitio a otro, se leían avisos que sonaban a amenazas o conjuras de mal fario con el total de personas muertas en una comunidad autónoma el pasado año 2007 a causa de accidentes de tráfico. Y lo cierto es que ese tipo de mensajes no es el más apropiado para nadie por su fuerte componente pesimista.

Por poner un ejemplo, no es lo mismo dar a conocer el número total de suspensos del curso pasado a un alumno poco activo, que hablarle de las posibilidades de mejora mediante el estudio y el esfuerzo. Lo más probable es que ese alumno se desanime y renuncie a cualquier tentativa de progreso. Sería quizás recomendable hablarle de la importancia de prestar más atención al profesor y estudiar en casa habitualmente. A ese hipotético estudiante podría venirle bien explicarle los valores positivos de la lectura, de la reflexión, de la consulta de varios manuales o de la práctica escrita de ejercicios, entre otras cosas. Podría ayudarle mucho darse cuenta de la diferencia entre no hacer nada y empezar a hacer algo.

Pero volviendo al tema del viajero, la campaña de la Dirección General de Tráfico este año tuvo también un mensaje vitalista e ingenioso: «gracias por no arriesgar». Y, créame, aquí hasta uno se convence de estar haciendo bien las cosas. Y se conduce mejor, sin arriesgar. Feliz de que alguien se acuerde de lo bueno. Este tipo de mensaje es preferible siempre.

El caso es que quien escribe ahora mismo pensaba tratar del paso del tiempo al haber terminado ya un año y empezar otro, de los regalos más esperados de los Reyes Magos este año, pero uno escribe exaltado como García Martínez y se le hace muy difícil callarse lo que ha vivido en este viaje de regreso en la autopista en la R-3 cerca de Madrid en dirección a Valencia/Murcia.

El día que ocurren los hechos es el jueves 3 de enero de 2008. Son alrededor de las 10.20 horas de la mañana y un coche blanco se detiene unos minutos en una cafetería. Al rato reanuda la marcha. Sin haber transcurrido ni cinco minutos, un familiar llama a uno de los ocupantes. Le dice que alguien le acaba de telefonear desde un teléfono móvil en su lista de conocidos. Ese hombre, un extraño, le cuenta que se ha encontrado un bolso junto al vehículo blanco estacionado en la cafetería unos minutos antes. El familiar le indica que llame rápidamente al teléfono perdido, y es entonces cuando se da cuenta de que es verdad que no tiene su bolso.

Desde otro teléfono móvil llama a su propio teléfono al que un desconocido responde. El bolso lo había encontrado en el suelo del aparcamiento y contenía llaves, documentos, móvil, tarjetas de crédito, algo de dinero y décimos de lotería (sólo premiados con el reintegro, por cierto). El hombre viaja con su mujer y su hijo en dirección a Valencia. Se ofrece a reunirse con ellos en la primera estación de servicio a la vista.

Y, bueno, así lo hace unos diez minutos más tarde, sin dar tiempo más que a una breve presentación, un par de abrazos agradecidos y esta sensación de que pertenecemos a un género bueno, a veces. Y es que la gente honrada todavía conduce coches de esos en los que la matrícula nos deja ver y creer en el origen de cada uno. Este lleva una O de Oviedo. Y el asturiano, porque su acento era de Asturias, se llama Vicente.

Y ya no queda casi tiempo para hablar del paso del tiempo, del balance del año pasado, de la gente que habla de matar el tiempo cuando lo que hay que hacer es darle vida al tiempo, vivir intensamente, de la cita de Juan Cruz en su blog de El País, del año en que a alguien le tocó el Gordo en ‘la autopista del Sur’ o de los regalos de Reyes más deseados como la Wii, el mp4, el ipod, los libros y la colonia.

En fin, sólo queda agradecerle que no arriesgue su vida ni la vida de los otros en la carretera, que la próxima vez que esté en autopista trate de emular a individuos como Vicente y que Melchor o quien le corresponda le haya dejado un regalo precioso esa noche.

¡Sea bueno y buena suerte!

 

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 17 de enero de 2008)

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Aquellos maravillosos años

8 December 2011

twitter: @eugenio_fouz

(The Wonder Years, ABC canal de televisión estadounidense en antena de 1988-1993; Josh Saviano y Fred Savage)

EUGENIO FOUZ

Eran tiempos en los que uno era casi adolescente y creía en los cuentos. Solía pasar que en diciembre de todos los años era Navidad. La familia se reunía al completo. Uno no se olvida de aquellos momentos en que nuestra tía del sur hacía teatro para contarnos y hacernos ver a unos niños de ojos grandes los cuentos clásicos de Caperucita, la Cenicienta, y Hansel & Gretel. En aquella galería donde hilaban las mujeres de Velázquez aprendíamos que no había que fiarse de los desconocidos, que los ricos no eran los más felices o que la astucia y el atrevimiento podrían ser desencadenantes de una salida heroica en ocasiones. En esas fechas había muchos reencuentros con amigos y familiares.

Los mayores de 18 jugaban en una mesa de salón al Palé (aún no se conocía el Monopoly), los pequeños corríamos de habitación en habitación y éramos felices, mientras los adultos hablaban y nos llamaban la atención de vez en cuando, y acababan hablando de política. Eso era lo normal y lo esperado en estas fechas. Habría sido raro que no ocurriese de esa manera. Las fiestas se amontonaban, y las ilusiones también. La lotería cantada en la radio y en televisión señalaba el inicio de las vacaciones. Los anuncios de juguetes aparecían en televisión sólo una semana o dos antes del día 22, no como ahora.

Las ciudades estaban llenas de luz, frío y alegría. Estaba el día de los Santos Inocentes y las postales navideñas que pegábamos con cinta adhesiva en la puerta verde del comedor y al finalizar la Navidad las repartíamos y hacíamos colección. La televisión era el centro de operaciones nacional desde donde se anunciaban oficialmente los actos y los rituales propiamente dichos. Veíamos a Jesús Hermida en televisión y los ballets de Giorgio Aresu. No conocíamos aún los reportajes de Carlos del Amor ni creíamos que nuestro mejor amigo era Lorenzo Milá.

La Nochebuena y el turrón, la misa del Gallo, los villancicos frente al Ayuntamiento con los amigos y los planes y las historias, la Nochevieja y los bailes, las doce uvas, los programas de televisión, los regalos y la cabalgata, la noche del 5 y los Reyes Magos. No se daban regalos en Nochebuena, ni se mencionaba tanto a Papá Noel. Nadie recibía juguetes antes del día 6 de enero, y uno había aprendido a esperar y a aguantarse la impaciencia, a pesar de que no quedaba mucho tiempo después de Reyes para jugar.

Uno de aquellos años, una mañana del día 6, un niño se quedaba pasmado por el regalo que recibía uno de sus hermanos. Mientras él jugaba con coches de pilas y los Madelman, su hermano desenvolvía un paquete de color amarillo con cuatro libros de pasta dura. Recuerda la portada de los libros, también amarillos, con el retrato de un chico detective llamado Jan. Esos libros sin dibujos no eran como los libros de Mortadelo y Filemón o las Joyas Literarias Juveniles que traían a Verne en los mares o en globo, a Wells, a los Robinsones suizos o a Los Hijos del capitán Grant con ilustraciones a color y diseño de cómic clásico. Eran diferentes. Aquellos cuatro libros prometían, sin embargo, períodos de soledad y aventura, seguro que algo serio. Y era agradable cogerlos al peso, su tacto, dejar que las hojas nuevas y sin tacha fuesen estrenadas por los dedos de uno. Envidiaba lo que aquel mundo desconocido suponía. Curiosidad, admiración y sana envidia por el ritual. Fue ese hermano quien trajo a casa a los poetas franceses Rimbaud y Baudelaire, a los raros como Kafka. A los americanos y los ingleses, a Kerouac, a Whitman y a Shelley. Era y es un cazador solitario. Todos los lectores acaban siendo eso, cazadores solitarios.

Los juguetes duraban meses y algunos incluso años. Jugábamos con ellos y no nos cansábamos nunca. No se oían palabrotas en la calle, excepto en contadas ocasiones algún adulto y por alguna razón.

La prensa era muy distinta y poco atrevida, las fotografías escasas y en blanco y negro. No había tanta prensa como ahora y no se leían cosas de las que escribe Pérez Reverte que dan ganas a uno de ser escritor, o de no intentarlo siquiera, como el episodio de los presos de la Cárcel Real publicado en el semanal de este diario el 9/12/07.

Aquellos maravillosos años, como sabe el lector, era el título de una conocida serie de televisión americana. Aquellos años son parte de uno mismo y no se olvidan. Todos los años uno desearía recuperar alguno de aquellos momentos, de aquel hogar, de la familia y volver a sentir que, a pesar de los años, volvemos a estar juntos como antes, juntos como antes.

 

 (Publicado en LAVERDAD el día 28 de diciembre de 2007)

http://www.laverdad.es/albacete/20071228/opinion/aquellos-maravillosos-anos-20071228.html

 


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