Posts Tagged ‘protocolo’

Cómo utilizar correctamente un paraguas

3 March 2018

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protocolo.org

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“No era una señora” (Arturo Pérez Reverte)

28 July 2016

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Esta mañana he leído otro artículo de Pérez Reverte sobre urbanidad y buenos modales. El escritor murciano cuenta una anécdota a la puerta de una librería con una mujer a la que cedió el paso y lo que pasó a continuación. No solo lo que pasó, sino también su larga reflexión personal sobre el incidente.

caballerosidad

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No era una señora

ARTURO PÉREZ-REVERTE

Ayer me quedé de pasta de boniato. Estaba a punto de entrar en una librería y coincidí en la puerta con una señora. Al menos, creí que lo era. Una mujer sobre los cuarenta años, normalmente vestida, quizá con un punto demasiado juvenil para su edad. Por lo demás, de aspecto agradable. Ni elegante ni ordinaria. Ni guapa ni fea. Coincidimos en la puerta, como digo, viniendo ella de un lado de la calle y yo de la dirección contraria. Y en el umbral mismo, por reflejo automático, me detuve para cederle el paso. Desde hace casi sesenta años –su trabajo les costó a mis padres, en su momento– eso es algo que hago ante cualquiera: mujer, hombre, niño; incluso ante los que van por el centro de Madrid en calzoncillos y chanclas, torso desnudo y camiseta al hombro, impregnando el aire de aroma veraniego; tan desahogados, ellos y la madre que los parió, como si estuvieran en el paseo marítimo de una playa o vinieran de chapotear en la alberca del pueblo.

Me detuve en el umbral, como digo. Para cederle el paso a la señora, igual que se lo habría cedido al lucero del alba. Incluso a mi peor enemigo. Hasta a un inspector de Hacienda se lo habría cedido. Pero mi error fue considerar señora a la que sólo era presunta; porque al ver que me detenía ante ella, en vez de decir «gracias» o no decir nada y pasar adelante, me miró con una expresión extraña, entre arrogante y agresiva, como si acabara de dirigirle un insulto atroz, y me soltó en la cara: «Eso es machista».

Oigan. Tengo sesenta y cuatro tacos de almanaque a la espalda, y entre lo que lees, y lo que viajas, y lo que sea, he visto un poco de todo; pero esto de la señora, o la individua, en la puerta, no me había ocurrido nunca. En mi vida. Así que háganse cargo del estupor. Calculen el puntazo de que eso le pase a un fulano de mis años y generación, educado, entre otros, por un abuelo que nació en el siglo XIX, y del que aprendí, a temprana edad, cosas como que a las mujeres se las precede cuando bajan por una escalera y se les va detrás cuando la suben, por si les tropiezan los tacones, que cuando es posible se les abre la puerta de los automóviles, que uno se levanta del asiento cuando ellas llegan o se marchan, que se camina a su lado por el lado exterior de las aceras –«Que no digan que la llevas fuera», bromeaba mi padre con una sonrisa– y cosas así. Calculen todo eso, o imagínenlo si su educación familiar dejó de incluirlo en el paquete, y pónganse en mi lugar, parado ante la puerta de la librería, mirando la cara de aquella prójima.

Habría querido disponer de tiempo, por mi parte, y de paciencia, por la de ella, para decir lo que me hubiera gustado decirle. Algo así como se equivoca usted, señora o lo que sea. Cederle el paso en la puerta, o en cualquier sitio, no es un acto machista en absoluto, como tampoco lo es el hecho de no sentarme nunca en un transporte público, porque al final acabo avergonzándome cuando veo a una embarazada o a alguien de más edad que la mía, de pie y sin asiento que ocupar. Como no lo es ceder el lugar en la cola o el primer taxi disponible a quien viene agobiado y con prisa, o quitarte el sombrero –porque algunos, señora o lo que usted sea, usamos a veces panamá en verano y fieltro en invierno– cuando saludas a alguien, del mismo modo que te lo quitas –que para eso también lo llevas, para quitártelo– cuando entras en una casa o un lugar público. Así que entérate, cretina de concurso. Cederte el paso no tiene nada de especial porque es un reflejo instintivo, natural, que a la gente de buena crianza, y de ésa todavía hay mucha, le surge espontánea ante varones, hembras, ancianos, niños, e incluso políticos y admiradores de Almodóvar. Ni siquiera es por ti. Ni siquiera porque seas mujer, que también, sino porque la buena educación, desde decir buenos días a ceder el paso o quitarte la puta gorra de rapero, si la llevas, facilita la vida y crea lazos solidarios entre los desconocidos que la practican.

Y, bueno. Me habría gustado decir todo eso de golpe, allí mismo; pero no hubo tiempo. Tampoco sé si lo iba a entender. Así que permanecí inmóvil, mirándola con una sonrisa que, por supuesto, le resbaló por encima como si llevara un impermeable; porque al ver que me quedaba quieto y sin decir nada, cruzó el umbral con aire de estar gravemente ofendida. «Lo he hecho polvo», debía de pensar. Y yo la vi entrar mientras pensaba, a mi vez: No es por ti, boba. Sé de sobra que no lo mereces. Es por mí. Por la idea que algunos procuramos mantener de nosotros mismos. Algo que, mientras te veo entrar en esa librería que de tan poca utilidad parece serte, me hace sonreír con absoluto desprecio.”

[artículo de opinión de @perezreverte publicado el 17/07/2016 en XLSemanal]

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Dieciséis principios de urbanidad

20 July 2012

twitter: @eugenio_fouz

Estos son los dieciséis principios generales presentados por Manuel Antonio Carreño. Esta información está tomada de una página web de protocolo con cuenta en Twitter @protocolo_org

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Autor: Manuel Antonio Carreño, Manual de Buenas Costumbres y Modales. (1852)

 

1. Llámase urbanidad al conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras, y para manifestar a los demás 1a benevolencia, atención y respeto que les son debidos.

2. La urbanidad es una emanación de los deberes morales, y como tal, sus prescripciones tienden todas a la conservación del orden y de la buena armonía que deben remar entre los hombres, y a estrechar los lazos que los unen, por medio de impresiones agradables que produzcan los unos sobre los otros.

3. Las reglas de la urbanidad no se encuentran ni pueden encontrarse en los códigos de las naciones; y sin embargo, no podría conservarse ninguna sociedad en que estas reglas fuesen absolutamente desconocidas. Ellas nos enseñan a ser, metódicos y exactos en el cumplimiento de nuestros deberes sociales; y a dirigir nuestra conducta de manera que a nadie causemos mortificación o disgusto; a tolerar los caprichos y debilidades de los hombres; a ser atentos, afables y complacientes, sacrificando, cada vez que sea necesario y posible, nuestros gustos y comodidades a los ajenos gustos y comodidades; a tener limpieza y compostura en nuestras personas, para fomentar nuestra propia estimación y merecer la de los demás; y a adquirir, en suma, aquel tacto fino y delicado que nos hace capaces de apreciar en sociedad todas las circunstancias y proceder con arreglo a lo que cada una exige.

4. Es claro, pues, que sin la observancia de estas reglas, más o menos perfectas, según el grado de civilización de cada país, los hombres no podrían inspirarse ninguna especie de amor ni estimación; no habría medio de cultivar la sociabilidad, que es el principio de la conservación y progreso de los pueblos; y la existencia de toda sociedad bien ordenada vendría por consiguiente a ser de todo punto imposible.

5. Por medio de un atento estudio de las reglas de la urbanidad, y por el contacto con las personas cultas y bien educadas, llegamos a adquirir lo que especialmente se llama buenas maneras o buenos modales, lo cual no es otra cosa que la decencia, moderación y oportunidad en nuestras acciones y palabras, y aquella delicadeza y gallardía que aparecen en todos nuestros movimientos exteriores, revelando la suavidad de las costumbres y la cultura del entendimiento.

6. La etiqueta es una parte esencialísima de la urbanidad. Dase este nombre al ceremonial de los usos, estilos y costumbres que se observan en las reuniones de carácter elevado y serio, y en aquellos actos cuya solemnidad excluye absolutamente todos los grados de la familiaridad y la confianza.

7. Por extensión se considera igualmente la etiqueta, como el conjunto de cumplidos y ceremonias que debemos emplear con todas las personas, en todas las situaciones de la vida. Esta especie de etiqueta comunica al trato en general, aun en medio de la más íntima confianza, cierto grado de circunspección que no excluye la pasión del alma ni los actos más afectuosos del corazón, pero que tampoco admite aquella familiaridad sin reserva y sin freno que relaja los resortes de la estimación y del respeto, base indispensable de todas las relaciones sociales.

8. De lo dicho se deduce que las reglas generales de la etiqueta deben observarse en todas las cuatro secciones en que están divididas nuestras relaciones sociales, a saber: la familia o el círculo doméstico; las personas extrañas de confianza; las personas con quienes tenemos poca confianza; y aquellas con quienes no tenemos ninguna.

9. Sólo la etiqueta propiamente dicha admite la elevada gravedad en acciones y palabras, bien que siempre acompañada de la gracia y gentileza que son en todos casos el esmalte de la educación. En cuanto a las ceremonias que también reclamaban las tres primeras secciones, la naturalidad y la sencillez van mezclándose gradualmente en nuestros actos, hasta llegar a la plenitud del dominio qué deben ejercer en el seno de nuestra propia familia.

10. Si bien la mal entendida confianza destruye como ya hemos dicho, la estimación y el respeto que deben presidir todas nuestras relaciones sociales, la falta de una discreta naturalidad puede convertir las ceremonias de la etiqueta, eminentemente conservadoras de estas relaciones, en una ridícula afectación que a su vez destruye la misma armonía que están llamadas a conservar.

11. Nada hay más repugnante que la exageración de la etiqueta, cuando debemos entregarnos a la más cordial efusión de nuestros sentimientos; y como por otra parte esta exageración viene a ser, según ya lo veremos, una regla de conducta para los casos en que nos importa cortar una relación claro es que no podemos acostumbrarnos a ella, a sin alejar también de nosotros a las personas que tienen derecho a nuestra amistad.

12. Pero es tal el atractivo de la cortesía, y son tantas las conveniencias que de ella resultan a la sociedad, que nos sentimos siempre más dispuestos a tolerar la fatigante conducta del hombre excesivamente ceremonioso, que los desmanes del hombre incivil, y las indiscreciones y desacierto por ignorancia nos fastidia a cada paso con actos de extemporánea y ridícula familiaridad.

13. Grande debe ser nuestro cuidado en limitarnos a usar, en cada uno de los grados de la amistad, de la suma de confianza que racionalmente admite. Con excepción del círculo de la familia en que nacimos y nos hemos formado, todas nuestras relaciones deben comenzar bajo la atmósfera de la más severa etiqueta; y para que ésta pueda llegar a convertirse en familiaridad, se necesita el transcurso del tiempo, y la conformidad de caracteres, cualidades e inclinaciones. Todo exceso de confianza es abusivo y propio de almas vulgares, y nada contribuye más eficazmente a relajar y aún a romper los lazos de la amistad, por más que ésta haya nacido y pudiera consolidarse. bajo los auspicios de una fuerte y recíproca simpatía.

14. Las leyes de la urbanidad, en cuanto se refieren a la dignidad y decoro personal y a las atenciones que debemos tributar a los demás, rigen en todos los tiempos y en todos los países civilizados de la tierra. Mas aquellas que forman el ceremonial de la etiqueta propiamente dicha, ofrecen gran variedad, según lo que está admitido en cada pueblo para comunicar gravedad y tono a los diversos actos de la vida social. Las primeras, como emanadas directamente de los principios morales, tienen un carácter fundamental e inmutable; las últimas no alteran en nada el deber que tenemos de ser bondadosos y complacientes, y pueden por lo tanto estar, como están en efecto, sujetas a la índole, a las inclinaciones y aun a los caprichos de cada pueblo.

15. Sin embargo, la proporción que en los actos de pura etiqueta puede reconocerse a un principio de afecto o benevolencia, y que de ellos resulta a la persona con quien se ejercen alguna comodidad o placer, o el ahorro de una molestia cualquiera, estos actos son más universales y admiten menos variedad.

16. La multitud de cumplidos que hacemos a cada paso, aún a las personas de nuestra más íntima confianza, con los cuales no les proporcionamos ninguna ventaja de importancia, y de cuya omisión no se les seguiría ninguna incomodidad notable, son otras tantas ceremonias de la etiqueta, usadas entre las personas cultas y civilizadas de todos los países.

Cómo presentar a alguien (educación y buenos modales)

3 April 2012

twitter: @eugenio_fouz

(Rudolf Nureyev, bailarín)

Como dice el subtítulo de este blog – “crear siempre, aprender y guardar la llama“- hoy copio aquí un post de protocolo y etiqueta de forma literal. Creo que uno no deja de aprender nunca y uno de los aspectos irrenunciables en Educación es precisamente esto, la educación y los buenos modales. En estos tiempos de páginas web y conexión online hay que visitar y consultar espacios como estos.

[Cronis On line, vía twitter: @protocolo_org .-página enlazada en columna lateral de #efnotebloc blogroll.- ]

Formas de presentar. Las relaciones sociales y las presentaciones. Cómo presentar y saludar.

Cómo saludar y tipos de saludo.

Cualquier tipo de relación social conlleva el trato con otras personas que no conocemos y por lo tanto, nos lleva a tener que realizar “encuentros” que dan lugar a presentaciones. Como encontramos en el diccionario de la Real Academia Española, presentar es dar el nombre de una persona a otra en presencia de ambas para que se conozcan.

Siempre se nombra a la persona de menor edad o categoría a la persona de mayor edad o categoría. Es decir, se presenta de menos a más. La persona más joven es presentada a la de mayor edad. El hombre es presentado a la mujer. En caso de coincidencia de mujer y persona mayor, prevalece la persona mayor como elemento decisorio.

La mujer se presenta a la persona mayor; teniendo en cuenta que la persona sea bastante mayor.

Una cuestión que convive con el saludo, es quien dirige la palabra primero a quien. En la mayor parte de los casos, se sigue un orden inverso al de las presentaciones, es decir: el mayor se dirige al más joven, la mujer al hombre, el jefe a sus empleados … y así en orden inverso al de las presentaciones.

Una vez hechas las presentaciones vienen los saludos y las conversaciones.

Si se encuentra con algún conocido que va acompañado se saluda primero al conocido y luego a sus acompañantes. En el caso de que el conocido no sea íntimo o cercano, debe optar por tratarle de usted (al menos hasta que esta persona le indique lo contrario).

En caso de un encuentro múltiple se aplica la misma regla que para las presentaciones: los más jóvenes saludan a los más mayores, los hombres saludan a las mujeres y los de menor rango a los de mayor rango.

Pero el saludo, ¿cómo se hace? Hay muchos tipos de saludo, sobre todo si tenemos en cuenta a otras culturas.

Pero en la cultura occidental, hay varios tipos de saludos a destacar:

1. Dar la mano. Es el saludo más universal y el que puede servir de puente para dos culturas diferentes, que saludan de forma diferente. Un corto y ligero apretón de manos es más que suficiente.

2. El abrazo. Es un saludo más cercano reservado para ambientes informales, entre amistades y familiares.

3. El beso. Muy utilizado entre mujeres y para saludar un hombre a una mujer. Muy extendido incluso en actos oficiales. Da sensación de cordialidad y cercanía. En el caso de besar la mano (besamanos) ya no se lleva. Se puede hacer el gesto (la intención de besar la mano), pero sin llegar a besarla.

4. Otros saludos. Hay muchos tipos de saludos, o variantes de los anteriores. La palmada en la espalda, el apretón de manos con ambas manos, el apretón de manos agarrando el codo, las reverencias o pequeñas inclinaciones de cabeza, etc., incluso el beso en los labios (como los rusos). Salvo por cuestiones culturales, como el saludo ruso u otros similares, los saludos muy “familiares” no deben ejercerse en ámbitos demasiado formales. El saludo tiene un marcado carácter cultural, por lo que puede variar de un país a otro (e incluso de una región o zona a otra).

El saludo se inicia de la misma manera que la conversación, de más a menos. O de forma inversa a las presentaciones si así queremos decirlo.

La mujer da la mano el hombre, el mayor da la mano al más joven, el superior da la mano al subordinado.

Siempre que se saluda se debe mantener una postura correcta. Las piernas rectas, los pies juntos y la mirada al frente, nunca al suelo.

Los caballeros no pueden saludar cubiertos (con un sombrero, gorro, etc. en la cabeza), con los guantes puestos o fumando. Las señoras no deben saludar con los guantes puestos, aunque pueden, al igual que pueden saludar cubiertas, tanto en lugares abiertos como cerrados. Hoy en día se besa a todo el mundo sin importar su estado (antaño no se besaba a las solteras).

Otra forma de presentación además del saludo, es la tarjeta de visita (a la cual hemos dedicado varios capítulos en la web).

Sus diseños varían si son para uso personal o profesional. Las profesionales llevan todos los datos completos de su empresa o profesión. Las personales pueden llevar solamente los nombres de los titulares, sin más datos o bien poner su dirección, pero nada de cargos o profesiones. Si posee un título nobiliario se puede reflejar en la tarjeta, acompañado del nombre. Y suele lucir una corona en la parte superior de la tarjeta, bien centrada o bien en una de sus esquinas.

Hablando de nobleza, si el saludo es a Reyes, Príncipes u otros miembros de la Familia Real, se suele hacer una pequeña inclinación de cabeza como señal de respeto los caballeros, y las señoras suelen hacer una pequeña reverencia. Pero como podemos ver en muchas recepciones, solo lo suelen hacer  aquellos que lo consideran oportuno.”

www.protocolo.org 

Una escuela ideal incluiría esta asignatura (I)

25 September 2011

twitter: @eugenio_fouz

(Sabino Fernández Campo, -17.03.1918/26.10.2009- ex Secretario General de  la Casa de Su Majestad el Rey D. Juan Carlos I)

Se hace urgente y necesaria una asignatura impartida trimestralmente incluida en Ética o Educación para la Ciudadanía, por ejemplo, y dedicada a enseñar y poner en práctica las buenas maneras, saber escuchar y callar, hablar correctamente y diversos protocolos de saludo, agradecimiento o respeto en todos los centros escolares, públicos y privados.

[Manuales de texto, páginas web, tuits y posts]

http://www.protocolo.org/

Hoy toca protocolo y buenas maneras

17 October 2010

 

(Fotografía: Alice Springs)

Uno lleva unos días pensando en escribir sobre la conveniencia de fomentar los buenos modales en la escuela, en casa y en la calle. Hoy en día muy pocos se atreven a llamar la atención a cualquiera porque se sabe que no se recibe nada bien un gesto de desaprobación. Para ser más claro, nadie acepta el error como una parte de su vida o trayectoria. Es duro, pero es así.

Un día que volvía andando a casa oí una discusión entre dos conductores. En realidad se oían los gritos de uno de ellos. Una de las voces estaba muy enfadada mientras que la voz que debía darle réplica permanecía en silencio. Cuando pararon los gritos y las malas palabras, el otro tomó la palabra y dijo muy claro “creo que se está usted equivocando”. Eso fue lo que dijo y no dejaba lugar a dudas de dónde se encontraba cada uno. Fue una lección de buena educación.

Estas cosas son las que a uno le llevan a pensar en que el tono, las maneras y la buena educación se aprenden. También tienen que darse muchas otras condiciones para ser educado. A continuación dejo la copia de un extracto de la web http://www.protocolo.org/ sobre la atención a las llamadas de teléfono (cuyo enlace está en el blogroll de este blog)  y un segundo extracto del libro de Montse Solé Saber ser, saber estar editado por Planeta.

“La forma de responder una llamada en la empresa difiere ligeramente, de la particular. Lo habitual es responder con el nombre de la empresa seguido por “dígame”. Por ejemplo: Cronis, dígame. Después de responder la llamada, se suele preguntar ¿Quién le llama? o ¿De parte de quién? Pero cuidado, personalmente la mejor opción es: “un momentito que voy a ver si está, ¿de parte de quién?”, porque al contrario (diciendo primero de parte de quien y luego ver si está) podría interpretarse como que no se quiere poner al teléfono.”

(protocolo y etiqueta.- León, Castilla y León)

“Hasta hace unos años, la buena educación prohibía tener los codos en la mesa; hoy  las costumbres son más tolerantes en este punto.

Actualmente se permite apoyar lods codos en la mesa mientras no se está comiendo, es decir, entre plato y plato. Incluso cuando se toma el café.

La espalda debe mantenerse erguida.

En España, y en la mayoría de los países europeos, las dos manos deben estar sobre el mantel.

Los alimentos se llevan a la boca. No al contrario. No levante el plato, ni tan siquiera para ver la marca de la vajilla.

No se sopla la comida, por muy caliente que esté.

Mastique los alimentos con la boca cerrada.

No haga ruidos extraños al comer o beber (no se le ocurra hacer glu, glu), ni hable con la boca llena.

No se sirve la sal ni con la punta del cuchillo ni con los dedos. Para ello están los saleros, o en su lugar las cucharillas.

No se monopoliza la conversación.

No se comienza  a comer hasta que lo hace la anfitriona.

Cuando finalice su plato o su comida, deposite su cubierto sobre el plato de manera que queden paralelos al borde de la mesa o perpendiculares a la misma.

Solamente los niños juegan a hacer bolitas y miguitas de pan, lo cual no está permitido. No sea usted niño.”

(Montse Solé, Saber ser, saber estar.-extracto del capítulo 6 ANFITRIÓN E INVITADO)

 

 


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