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Historia de una maestra

2 May 2015

twitter: @eugenio_fouz

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Cómo la educación española se echó a perder, contado por una profesora veterana

R G. BARNÉS / 21.04.2015 / ELCONFIDENCIAL

Tras más de 30 años de experiencia en la enseñanza que le han permitido asistir a toda clase de cambios, Luisa Juanatey realiza un acertado diagnóstico sobre los problemas que la aquejan

Cada vez que se publica un nuevo informe PISA, el reflejo natural de todos los españoles es el de llevarse las manos a la cabeza. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Qué hemos hecho mal? ¿Quién tiene la culpa de esto? Todos llevamos dentro de nosotros un seleccionador de fútbol, un politólogo y un experto en educación que no titubea a la hora de explicar qué es lo que ha ocurrido. Uno de los objetivos más frecuentes de nuestros dardos son, precisamente, los profesores, aquellos que en un pasado fueron respetados y que, súbitamente, fueron despojados de su autoridad en el aula.

Hablo de los profesores de enseñanza secundaria y, más precisamente de los de mi generación, de los nacidos en un lapso aproximado de quince años y que en el apogeo de su juventud/madurez extrañamente pasaron de ser competentes a ser incompetentes de manera inopinada”, escribe la profesora retirada Luisa Juanatey (Santiago de Compostela, 1952) en “Qué pasó con la enseñanza”. Elogio del profesor.-(Pasos Perdidos), un lúcido ensayo en primera persona sobre su trayectoria vital en la enseñanza desde los años ochenta hasta la actualidad, que es tanto un retrato de una generación que se propuso revolucionar la escuela heredada del franquismo como un certero diagnóstico de los problemas que aquejan a la educación española secundaria.

Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer.

Lo que me propongo es que se valore al profesor como un elemento clave”, explica a “El Confidencial” la profesora de Lengua y Literatura que dio clase en institutos andaluces, madrileños, gallegos, valencianos y del País Vasco. “Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer. Si enseñas algo que puede no ser útil en un sentido inmediato pero alguien lo aprende bien y eso se valora, le va a servir siempre y le va a enseñar a aprender”.

Nos sumergimos con Juanatey en los abismos del sistema educativo español a partir de algunas de las claves que nos ayudan a entender qué ha ocurrido durante las últimas décadas.

La LOGSE, un antes y un después

El 3 de octubre de 1990, el PSOE aprueba la Ley Orgánica General del Sistema Educativo, que sustituye a la Ley General de Educación, vigente desde 1970. Con ella se propone llevar la educación a todos los rincones del país, pero para Juanatey, que en su día recibió la reforma con esperanza y algo de candor, supone el principio del fin de la escuela española. “Cada vez había más institutos y era una ley de izquierdas que garantizaba la educación hasta los 16 años”, rememora la autora. “Pero lo trastocó todo porque, fundamentalmente, devaluó la enseñanza”.

¿De qué manera? Al principio, a base de conceptos que servían para llamar de otra forma a realidades que ya existían. “Pusieron en circulación palabras como motivación, como si no lo fuésemos suficientemente, o como si no fuese un estímulo tener una enseñanza pública para todos”, explica. El profesor pasó a ser un docente que tenía, entre sus funciones, motivar a los alumnos, algo que siempre habían hecho aunque quizá no se llamase de la misma forma.

Empezó a darse una depreciación de la idea de autoridad, a la que añadían cosas como que no se podía expulsar a un alumno de clase, de lo que no abusábamos, pero que era una herramienta”, rememora la profesora. “En lugar de que la sociedad ayudase a trasladar a los niños un sentido de las normas (no se puede interrumpir al profesor, no se puede molestar a los compañeros), se produjo lo contrario”. Es el caso de la irrupción de los pedagogos, expertos en psicología que pasaron de súbito a saber mejor que los anticuados profesores lo que estos debían hacer en las aulas en las que vivían día tras día. O la obligación tácita de aprobar a los alumnos, aunque no cumpliesen los mínimos exigibles. “Empezó mal y mal ha seguido, a pesar de que todos hemos tenido algún grupo que trabajaba bien. Pero eso no es un sistema público de enseñanza que se basa en la igualdad”.

El profesor no es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos. Fue la izquierda quien, en apariencia paradójicamente, impulsó este cambio, aunque tampoco el Partido Popular hizo nada por revertirlo, más preocupado por las privatizaciones. “Ahora es muy difícil volver atrás”, se lamenta la autora.

El día que el profesor dejó de tener razón

Entre la confluencia de factores que explican la evolución del sistema educativo español de las últimas décadas, Juanatey encuentra la raíz en el descrédito del profesor, que pasó en menos de 20 años de ser un severo y a veces despótico dictador a verse desposeído de toda credibilidad. “Los adolescentes viven en una constante incitación, la sociedad de consumo tiene una cantidad de estímulos perenne que les da una serie de cosas muy dinámicas y móviles, pero también superficiales”, explica la profesora. “La figura del profesor como grupo social encarna esos valores de no tratar de ser famoso, de no triunfar, de no tener dinero o un gran coche, ni es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos”.

Los profesores, recuerda la autora, no tienen mayor ambición que la de transmitir su conocimiento ejerciendo su autoridad pero siendo conscientes de que, tanto sus alumnos como ellos, lo ignoran casi todo. “Otra contradicción fue lo de que el aprendizaje no debe ir de arriba abajo”, recuerda. “¡Qué absurdo! ¿Los que nacen después enseñan a los que nacen antes? Ese absurdo se ha propagado: los profesores están anticuados, no se adaptan, no se reciclan…” La escuela pública española fue durante mucho tiempo un paradigma de igualdad, en el que había tantas mujeres como hombres (o más) en un clima de respeto y compañerismo.

En el debe de la sociedad española hay que añadir pequeñas decisiones promovidas desde las nuevas instancias de la autoridad educativa, como el desprecio de la memoria (“que es valiosísima para aprender; imagínate ir a la autoescuela y decir que lo que quieres es aprender distraídamente y jugando”) o el esfuerzo. “Esforzarse, luego memorizar tras haber entendido y leído, manejar textos, poner en práctica… esto es lo que te permite aprender”, explica Juanatey.

¿Mi hijo no estudia? La culpa es del profesor

Al mismo tiempo que los docentes perdían su autoridad y se veían desprotegidos ante unos alumnos cada vez más cargados de razón, la sociedad encontró un culpable propicio para todo aquello que estaba ocurriendo… Y que volvía a ser el propio profesor, tildado de acomodaticio y vago. “De repente cambió todo, y te encontrabas con que nada más entrar en clase había grupos que te recibían con un rechazo absoluto”, rememora Juanatey. “Desde todas partes empezamos a oír que éramos unos vagos. No lo éramos, simplemente no aspirábamos a grandes cosas: lo pasábamos bien preparando las clases”.

De la noche a la mañana llegó lo de que no servíamos para nada, que éramos material de desguace, ¡pero éramos los mismos que el año anterior!”, recuerda, a pesar de la voluntad de adaptación de los profesores, que introdujeron poco a poco cambios como el rediseño del aula. Pequeñas alteraciones que funcionaban si los alumnos estaban dispuestos a aceptarlas, pero que “es muy distinto si lo primero que tienes que hacer es decir a los chicos que no pueden estar espachurrados sobre el pupitre, que hay que traer el cuaderno, que así no se puede trabajar, que les pidas que no se vayan a la construcción porque son jóvenes y te respondan que eso era en nuestros tiempos… Esa clase de ambiente nos desprestigió, porque empezaron a prevalecer valores que iban en contra de todo esto”.

Juanatey habla del reciente ejemplo de las reformas llevadas a cabo por los colegios jesuitas de Cataluña para ilustrar por qué la educación en nuestro país es, desde hace 20 años, cada vez más clasista: “Si tú me das una clase de gente que en su casa tiene libros, que oye un vocabulario determinado y trata ciertas cuestiones, que viene a aprender y que van a mandarlos a Estados Unidos después del bachillerato, se pueden hacer maravillas. Pero también he dado clase en barracones como los que hay en la Comunidad Valenciana. ¿Qué hacemos, el modelo de los jesuitas con los chicos metidos en un cajón de obra? ¿Con quién lo hacemos, con los que han tenido suerte y estudian en un aula mejor? Esto no es un sistema público de enseñanza”.

Padres malcriadores para niños malcriados

Los alumnos no cambiaron de comportamiento, hábitos y costumbres por sí mismos. Ni siquiera únicamente por la ley ni por los medios de comunicación, aunque ambos favoreciesen el nuevo sistema de valores: los padres tuvieron mucho que ver. “Fue esa moda de que a los niños no se les puede contradecir, que tienen que ser creativos y libres”, explica la autora. “Fíjate ahora que los que lo defendían son los mismos que se han enamorado de la expresión ‘poner límites’. Pero era lo que decíamos todo este tiempo cuando nos ponían verdes por hacerlo. Poner límites es establecer normas, sancionar”.

Los nuevos alumnos, así como sus padres, empezaron a entender que podían exigir lo que quisieran. Entre todas esas cosas, recibir un aprobado sólo por ir a clase a diario: “Llegó un momento en que todos empezamos a aprobar más de lo debido, sabiendo que habíamos enseñado la mitad que antes”.

En una esclarecedora anécdota del libro, Juanatey recibe la visita de un padre después de que su retoño proteste por haber obtenido un dos. El padre, tras releer la prueba, no tiene ninguna duda: “Yo le habría puesto un cero”.

Parece que el profesor es alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe.

El ambiente, alentado por Consejos Escolares, inspectores, medios de comunicación y autoridades políticas, favorecía esa percepción en la que el niño tenía la sartén por el mango. “Si a los padres se les hubiese inculcado que el niño viene a respetar al profesor y a aprender unas asignaturas y no se les hubiese dicho que estas estaban anticuadas, que el profesor no era un monigote que se tenía que quedar callado cuando el Consejo Escolar decidía que un niño podía escuchar música con auriculares, habría sido muy distinto”. No son las únicas razones: un mayor número de alumnos entró en la escuela, al mismo tiempo que los padres y, sobre todo, las madres, podían pasar menos tiempo con sus retoños.

En el colegio me gusta que los niños se diviertan”, recuerda Juanatey que decían algunos padres. “Yo considero que los profesores deben hacer esto, aquello, lo de más allá… ¿Pero usted ha estado alguna vez en una clase? ¿Usted sabe lo que le toca al profesor hoy y que todo eso tiene que hacerlo en una situación en la que no se le valora ni respeta, y además el niño dice que no vale porque no es divertido?”. Una situación que dio una nueva definición de lo que debía ser un profesor: “Alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe”, explica la autora con sorna.

Los valores de una bella profesión

Seguramente, usted también haya escuchado aquello de lo bien que viven los profesores con sus tres meses de vacaciones al año (falso), uno de los colectivos más vilipendiados de las últimas décadas de la historia española junto a los funcionarios. Quizá porque paradójicamente no encajan en los cánones de la sociedad moderna –ambición, lujo, consumo– en los que se han criado las nuevas generaciones de alumnos. “Un profesor no tiene nada que ver con alguien que lleva marcas, que se somete a cirugía estética, o que aspira a tener un yate o ser famoso”. No, explica Juataney en el libro, los docentes no quieren un sueldo mayor, que los hagan catedráticos o que los inviten a opinar en los medios (donde, dicho sea de paso, raramente aparecen): quieren hacer su trabajo con dignidad.

La de profesor sigue siendo una profesión muy satisfactoria, pero los que empiezan ahora deben exigir más.

Esto ha sido complicado en los últimos tiempos, una situación acentuada en los años inmediatamente anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria, tiempos en los que nadie necesitaba tener estudios para conseguir un buen sueldo. Pero, como recuerda la autora, una sociedad que piensa que la educación no sirve para nada es “una sociedad que se engaña”. “Si miras los terribles datos del paro, hay una gran diferencia entre los que tienen preparación y los que no. Prepararse sí que sirve, porque, y en esto estoy de acuerdo con los psicólogos, aprender siempre es aprender a aprender”. Por eso, toda una generación se encontró de repente sin nada, es decir, sin preparación, “y luego se dieron cuenta de que, aunque ya no haya rosas para nadie, tener estudios te favorece”.

Paradójicamente, se ha vuelto a completar el círculo, y muchos de aquellos a los que su entorno empujó a desertar de la escuela han vuelto a la misma en busca del esfuerzo, formación, crecimiento personal y riqueza intelectual que el colegio ofrece. ¿Y los profesores? Aunque la situación sea complicada, Juanatey insiste en que quiere concluir con un mensaje positivo. “Sigue siendo una profesión realmente satisfactoria, y me gustaría animar a todos los que tienen el deseo de ser profesores, así como decirles que exijan mucho: realmente es una vida buena la del profesor”. Y no, no se refiere al dinero, el prestigio, la adulación o la capacidad de influencia de la que carecen, y a la que, de todas formas, tampoco aspiraron.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-04-21/como-la-educacion-espanola-se-echo-a-perder-contado-por-una-profesora-veterana_733989/

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El mío es este suyo que admiro

20 December 2014

twitter: @eugenio_fouz

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A veces leo cosas que me gustan tanto que admiro y que quiero volver a leer una y otra vez. Esta mañana mientras ojeaba escritos de “The objective” en twitter llegué a envidiar la pluma de Jaime Mariño Chao.

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@theobjective_es

-El Subjetivo-

¿Cuál será tu verso?

Jaime Mariño Chao

20.12.2014 – 

“Nunca tuve un profesor como John Keating, que me abriera las puertas de la poesía; que me susurrara aquello de “Carpe Diem” o que me hiciese subirme a las mesas. Tuve que conformarme con leer una y otra vez “Platero y yo”, hacer un millón de “análisis sintáctico de las siguientes frases” y hacer dos millones de redacciones del tipo de “las abejas” o “la primavera”.

Pero, por suerte, el profesor Keating llegó a mi vida a través de una película. En aquella sala de mi pequeño pueblo gallego, gracias a la magia inefable del cine, el señor Keating me hablaba a mí, solo a mí, y me decía que mi vida tenía derecho a ser maravillosa, que yo era importante, único, irrepetible y valioso.

“Haced que vuestras vidas sean extraordinarias” les decía a sus alumnos. Y esa rebeldía ante el propio destino, ese inconformismo vital, es un poderoso motor que jamás acaba su combustible y que te empuja hacia intentar ser la mejor versión posible de ti mismo.

La vida es como una obra de teatro – les contaba a los chicos que le rodeaban y le escuchaban hipnotizados-. Una obra de teatro inacabada que viene representándose desde la noche de los tiempos y en la que cada uno de nosotros, señores o siervos, jefes o empleados, ignorantes o sabios, puede contribuir con un verso.

“¿Cuál será tu verso?” les preguntaba.

Yo intento escribir el mío golpe a golpe. Se me resiste la rima, se me esfuman las palabras, me quedo sin tinta, el papel se me moja en las tormentas e incluso a veces me quedo dormido de puro cansancio.

Pero yo escribiré mi verso, señor Keating. Se lo prometo.”

Escrito por Jaime Mariño Chao (@Xayme en twitter)

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No se enfade …

6 December 2014

twitter: @eugenio_fouz

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vía @someecards

Estrategia de profesor para animar a sus alumnos (vía @moodle)

27 November 2014

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TÍTULO DE RECURSO EN @MOODLE: Si desea conseguir puntos positivos en la calificación de este trimestre, lea lo que sigue: 

Escriba no más de 40 palabras sobre la utilidad de la educación ético cívica. Debe entregar el texto el mismo día del examen, es decir el próximo martes día 2 de diciembre al comienzo de la prueba. La hoja ha de estar escrita a máquina. Haga constar la fecha, el grupo de clase y su nombre y apellidos

Manual de instrucciones para el profesor

2 November 2014

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No nos vendría nada mal un libro de instrucciones a todo el profesorado de los centros escolares españoles en el que se concretasen protocolos y formas de actuación dentro y fuera del aula. Uno debería saber hasta cuántos días es permisible o tolerable la falta de puntualidad de un alumno, la ausencia de interés en clase, el número de pruebas escritas y orales, la conveniencia de aceptar justificantes para cualquier inasistencia, etcétera.

No estaría nada mal seguir un criterio claro y firme para premiar o penalizar comportamientos y actitudes, uso de teléfonos móviles en el interior de los centros escolares.

lla keda menos, loko

25 May 2014

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Ola K ase? Que qué passa tíio vaya rollo suelta el colega eh. No sé digo yo que a l o mejor si haces una estupidez ahora mismo el pesao ese te echa fuera y aprovechas pa irte un rato al aseo eh, qué te parece. Eres grande, chaval. Si no fuera por tus actuaciones en clase esto se aría un rrollo inaguantable del carajo. Anda, haz tu papel, es lo que esperamos todo s de tí, tío no te amuermes haz una gracieta y nos reímos todos jajajja. Ñmira que eras guay. Me caes bien muy bien. La verdad es que dejaría de dar clase para quedarme pasmao mirando a vér qué se gilipollez toca cuando esté ocupado y preocupado pretendiendo hacer mi trabajo. Claroq eu esto esl o que hay. Muchos colegas me dicen que va en el sueldo, que como al árbitro se le llama hijoputa pues a mi me toca aguantar a l tonto y al gracioso , fingir que me enfado y que me gusta explicarte algo que no te van aa explicar ent u casa ni en ningun laod. Oye perdona la escritura,no es muy cuidada, pero sé que tú ñme entiendes así, de sobra, par que voy a molestarms más si a ti tes igual. Jajaaa. Bueno, no te robo más tiempo. Sigue a´si, que seguro que has entendido el sentido de3 la escueal mejro que yo. Como sabes los profesores no tenemos ni idea de que va el tema este ni hemso ido a clase nunca. Imagino que a partir de la segunda línea habrás dejad o de leer este pestiño, me sorprendería que llegases hasta aquí tío, en serio. Bueno, te dejo a lo tuyo, a hacer lo que hacen las mariposas antes de abrirse 😉

Ánimo que lla keda menos, loko.

{leído en @tumblr}

Feedback de urgencia: clase, vocabulario, práctica y herramientas

17 May 2014

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Cuando una cosa no funciona es bueno preguntarse por qué no funciona, replantearse qué no se está haciendo bien y qué piensan los alumnos de la clase. La otra opción es no hacer nada.

Quería saber si preferían tener las clases en la lengua materna -castellano- y todos respondieron que no, que necesitaban aprender inglés. Uno de los chicos propuso la inserción de aclaraciones en castellano en casos puntuales. Obviamente, como profesor no es saludable acabar una lección habiendo hecho un trabajo que no ha entendido nadie.

Quise saber si les gustaba la asignatura de Inglés y he leído respuestas diciendo que sí y otras que no. Esta cuestión es subjetiva aunque no sería la primera vez que un profesor podría convertir una materia que no gusta en algo agradable. Esta es, en mi opinión, la satisfacción mayor que puede sentir un profesor. Escribí la pregunta porque es preciso saber qué les gusta y qué no les gusta.

La pregunta número 3 se refería a qué cambios harían en la clase y aquí propusieron más audios y dictados, más práctica y ejercicios en clase y una disposición más relajada para el paso de una actividad a otra. Una alumna propone mayor atención al vocabulario. Por otro lado un alumno solicita una exposición más clara de las tareas del cuaderno de clase. Me sorprende este punto ya que las tareas son anunciadas en la pizarra por medio de un icono representativo de un bloc y la palabra CUADERNO así como con una lista continua de números controlados y sincronizados en sus cuadernos y en mi dossier. Un alumno escribe que cambiaría al profesor y ahí creo que no puedo ayudar.

También propone una chica que repasemos a menudo las cosas y veo que tiene razón. Además de esto sugiere trabajar más el vocabulario y utilizar las pantallas que tenemos en el aula. Las pantallas tecnológicas interconectadas en el centro escolar era una herramiente pendiente que estoy empezando a utilizar. Un día después de haber leído el feedback de urgencia de este grupo preparé actividades de audio y vídeo, imágenes y textos expresamente para este grupo.

Pregunté si eran partidarios de hacer tareas en casa y solo los alumnos con buenos resultados contestaron afirmativamente a esta cuestión.

Memorándum.-EF; 16.05.2014

Frase malsonante escrita en la pizarra

7 April 2014

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 Imagen

 

{imagen tomada de @Pinterest}

 

Ese profesor de lengua extranjera que llega a clase, ve una frase de mal gusto escrita en esa lengua que enseña en la pizarra y responde que le alegra comprobar que alguno de sus alumnos aprende vocabulario eficazmente

Preguntas que un profesor espera oír en un examen

9 February 2014

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1.¿Puede venir, por favor?

2.¿Qué día es hoy?

3. ¿Se puede usar tippex?

4. ¿Podemos hacer las preguntas desordenadas?  

A medida que la prueba escrita avanza suele escucharse :

5. Esta pregunta no tiene sentido, profesor

6. Si este examen cuenta un 60% , ¿dónde está el otro 40%?

7.¿Cuánto tiempo nos queda?

ENEJ (eso no es justo)

17 December 2013

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Profesor, cuídese de esta frase. Cada vez que haga bien su papel y se muestre exigente oirá ESO NO ES JUSTO. Si el efecto buscado por quien la dice (hacerle dudar de su decisión y convertirle automáticamente en un juez parcial) se consigue, entonces usted empezará a sentirse culpable. No pase de largo, preste atención y dude -tiene que planteárselo todo o casi todo-. Sin embargo, tenga en cuenta que la mayoría de las veces que alguien pronuncia esta sentencia lo hace de forma interesada y subjetiva. A menudo se trata de un viral, una frase incisiva y fácil como un puñal.

Hay gente incapaz de afrontar responsabilidades y muy capaz, por otro lado, de transformar una situación real en una ambigua confusión de inocentes, víctimas y culpables.


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