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Leer cuentos infantiles en Educación ético-cívica (Pinocho)

11 March 2014

twitter: @eugenio_fouz

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Todos los cuentos enseñan algo. Leí algo que escribió Bettelheim sobre la importancia de la simbología psicológica de los cuentos. Para una clase de Ética dedicar tiempo y reflexión a la lectura y comentario de una historia mágica y tratar de discutir cuál es el mensaje o la enseñanza moral supone un gran paso. Hoy por hoy, los alumnos rechazan la lectura de textos y quieren ser entretenidos con vídeos o imágenes rápidas a golpe de ratón o toque de índice. Dejo a continuación una versión de apenas dos páginas del cuento de Pinocho de Carlo Collodi tomada de Internet.

Los alumnos han comentado que este cuento destaca la necesidad de ser honesto y no decir mentiras ¿Está usted de acuerdo con esto? 

 

***

 

PINOCHO por  Carlo Collodi 

Érase una vez, un carpintero llamado Gepetto, que decidió construir un muñeco de madera al que llamó Pinocho. Con él consiguió no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento.

– ¡Qué bien me ha quedado!- exclamó una vez acabado de construir y de pintar-. ¡Cómo me gustaría que tuviese vida y fuese un niño de verdad!

Como había sido muy buen hombre a lo largo de la vida, y sus sentimientos eran sinceros. Un hada decidió concederle el deseo y durante la noche dio vida a Pinocho.

Al día siguiente, cuando Gepetto se dirigió a su taller, se llevó un buen susto al oír que alguien le saludaba:

– ¡Hola papá!- dijo Pinocho.

– ¿Quién habla?- preguntó Gepetto. 

– Soy yo, Pinocho. ¿No me conoces? – le preguntó.

Gepetto se dirigió al muñeco.

– ¿Eres tu? ¡Parece que estoy soñando, por fin tengo un hijo!

Gepetto quería cuidar a su hijo como habría hecho con cualquiera que no fuese de madera. Pinocho tenía que ir al colegio, aprender y conocer a otros niños. Pero el carpintero no tenía dinero, y tuvo que vender su abrigo para poder comprar una cartera y los libros.

A partir de aquél día, Pinocho empezó a ir al colegio con la compañía de un grillo, que le daba buenos consejos. Pero, como la mayoría de los niños, Pinocho prefería ir a divertirse que ir al colegio a aprender, por lo que no siempre hacía caso del grillo. Un día, Pinocho se fue al teatro de títeres para escuchar una historia. Cuando le vio, el dueño del teatro quiso quedarse con él:

-¡Oh, Un títere que camina por si mismo, y habla! Con él en la compañía, voy a hacerme rico – dijo el titiritero, pensando que Pinocho le haría ganar mucho dinero.

A pesar de las recomendaciones del pequeño grillo, que le decía que era mejor irse de allí, Pinocho decidió quedarse en el teatro, pensando que así podría ganar dinero para comprar un abrigo nuevo a Gepetto, que había vendido el suyo para comprarle los libros.

Y así hizo, durante todo el día estuvo actuando para el titiritero. Pasados unos días, cuando quería volver a casa, el dueño del teatro de marionetas le dijo que no podía irse, que tenía que quedarse con él.

Pinocho se echó a llorar tan y tan desconsolado, que el dueño le dio unas monedas y le dejó marchar. De vuelta a casa, el grillo y Pinocho, se cruzaron con dos astutos ladrones que convencieron al niño de que si enterraba las monedas en un campo cercano, llamado el “campo de los milagros”, el dinero se multiplicaría y se haría rico.

Confiando en los dos hombres, y sin escuchar al grillo que le advertía del engaño, Pinocho enterró las monedas y se fue. Rápidamente, los dos ladrones se llevaron las monedas y Pinocho tuvo que volver a casa sin monedas.

Durante los días que Pinocho había estado fuera, Gepetto se había puesto muy triste y, preocupado, había salido a buscarle por todos los rincones. Así, cuando Pinocho y el grillo llegaron a casa, se encontraron solos. Por suerte, el hada que había convertido a Pinocho en niño, les explicó que el carpintero había salido dirección al mar para buscarles.

Pinocho y grillo decidieron ir a buscarle, pero se cruzaron con un grupo de niños:

– ¿Dónde vais?- preguntó Pinocho.

– Al País de los Juguetes – respondió un niño-. ¡Allí podremos jugar sin parar! ¿Quieres venir con nosotros?

– ¡Oh, no, no, no!- le advirtió el grillo-. Recuerda que tenemos que encontrar a Gepetto, que está triste y preocupado por ti.

– ¡Sólo un rato!- dijo Pinocho- Después seguimos buscándole.

Y Pinocho se fue con los niños, seguido del grillo que intentaba seguir convenciéndole de continuar buscando al carpintero. Pinocho jugó y brincó todo lo que quiso. Enseguida se olvidó de Gepetto, sólo pensaba en divertirse y seguir jugando. Pero a medida que pasaba más y más horas en el País de los Juguetes, Pinocho se iba convirtiendo en un burro. Cuando se dió cuenta de ello se echó a llorar. Al oírle, el hada se compadeció de él y le devolvió su aspecto, pero le advirtió:

– A partir de ahora, cada vez que mientas te crecerá la nariz.

Pinocho y el grillo salieron rápidamente en busca de Gepetto.

Geppetto, que había salido en busca de su hijo Pinocho en un pequeño bote de vela, había sido tragado por una enorme ballena.

Entonces Pinocho y el grillito, desesperados se hicieron a la mar para rescatar al pobre ancianito papa de Pinocho.

Cuando Pinocho estuvo frente a la ballena le pidió porfavor que le devolviese a su papá, pero la enorme ballena abrió muy grande la boca y se lo tragó también a él.

¡Por fin Geppetto y Pinocho estaban nuevamente juntos!, Ahora debían pensar cómo conseguir salir de la barriga de la ballena.

– ¡Ya sé, dijo Pepito hagamos una fogata! El fuego hizo estornudar a la enorme ballena, y la balsa salió volando con sus tres tripulantes.

Una vez a salvo Pinocho le contó todo lo sucedido a Gepetto y le pidió perdón. A Gepetto, a pesar de haber sufrido mucho los últimos días, sólo le importaba volver a tener a su hijo con él. Por lo que le propuso que olvidaran todo y volvieran a casa.

Pasado un tiempo, Pinocho demostró que había aprendido la lección y se portaba bien: iba al colegio, escuchaba los consejos del grillo y ayudaba a su padre en todo lo que podía.

Como recompensa por su comportamiento, el hada decidió convertir a Pinocho en un niño de carne y hueso. A partir de aquél día, Pinocho y Gepetto fueron muy felices.

Érase una vez en Disneyslandia

12 December 2013

 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 bookmania

Dicen de Walt Disney que empezó haciendo dibujos para el periódico de la escuela en Chicago mientras asistía a clases de dibujo y fotografía. Después de haber dejado los estudios y varias aventuras más se apuntó como voluntario en la Cruz Roja y acabó conduciendo ambulancias en Francia. A su regreso de Europa, se dedicó a la publicidad y a experimentar nuevas técnicas de animación con la ayuda de una cámara de fotos y dibujos hechos a mano. En fin, si sabe de quién estoy hablando, sabrá de sobra que este artista dio al mundo la oportunidad de conocer los cuentos más universales de todos los tiempos creados por Andersen, Perrault y los hermanos Grimm, entre otros.

Aquel que ame la fantasía y la ilusión de creer lo increíble, aquel que quiera letras y literatura, magia, moraleja y locura estará dispuesto a escuchar un cuento para saber si al final se salva Pulgarcito, si Caperucita no debía haberle hecho caso al lobo, si todas las brujas son de verdad malas y viejas o si el patito feo no era un patito ni era feo. Gracias a Walt Disney muchos niños conocimos a Blancanieves y los siete enanitos, a Pinocho y a la Cenicienta. Cuando éramos inocentes prestábamos atención a nuestros mayores que nos hablaban de ogros, hadas y malhechores mientras nosotros, enanitos entonces, sacábamos nuestras propias conclusiones.

En una isla situada al noroeste de Europa (Islandia o Disneyslandia) sucedió algo que parece estar escrito en un cuento. No obstante, está escrito en papel de periódico y es real. En la capital del reino, Reikiavik, el pasado 2 de diciembre del año 2013 la policía islandesa recibe el aviso de que un hombre está disparando con un fusil desde la ventana de su apartamento a la calle. Son las 2 de la madrugada, la policía llega al lugar y toma posiciones. Debió de ir armada de paciencia ya que por espacio de 4 horas trata de convencer al hombre para que se entregue. Al no lograr avances en la situación, la policía lanza gas lacrimógeno al interior de la vivienda rompiendo las ventanas, a lo que el hombre (quizá bajo efectos de drogas o alcohol, todavía por determinar) responde disparando a la policía y acertando con una bala en el casco de un agente y con otra bala más en el chaleco de otro policía. La policía repele entonces el ataque haciendo uso de sus armas de fuego e hiriendo al hombre de gravedad con el resultado posterior de su muerte.

Esto que he contado aquí no sería noticia si no fuera porque la policía de ese país ha contado esta víctima como la primera víctima en la historia de la policía islandesa. Tampoco sería noticia si nos hubiésemos acostumbrado a empatizar con el prójimo, si supiésemos disculparnos como creyó la policía que debía hacer llamando a la familia del fallecido para mostrarle sus condolencias.

¿En qué momento perdimos esa inocencia?

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es 11.12.13)

Mensaje encriptado o microrrelato (I) & (II)

1 December 2013

twitter: @eugenio_fouz

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(Pinocho, Carlo Collodi; versionado por Walt Disney)

Mensaje encriptado o microrrelato (I)



(Marlett font)

[Esto debe de ser lo que los alumnos entienden]

***

Mensaje encriptado o microrrelato (II)

No se permite el uso de teléfonos móviles en este centro educativo
(Times New Roman font)

[Esto es lo que el profesor les repite continuamente ;-)]


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