Posts Tagged ‘Pepo Jiménez’

Calligraphy on Twitter

14 October 2011

twitter: @eugenio_fouz

 Mario Tascón & Mar Abad, Twittergrafía (Catarata) ISBN 978-84-8319-625-0

Por fin está aquí el libro de Mario y Mar. Desde que se tuiteó  la noticia de la publicación de un libro de papel sobre twittergrafía me dispuse a conseguirlo.

Al final lo encargué en una librería murciana y me enviaron aviso. El libro está editado en Catarata y se titula Twittergrafía. Es una obra de 160 páginas-qué casualidad- escrita a cuatro manos por Mario Tascón y Mar Abad. A Mario Tascon lo llevo siguiendo meses en el río salvaje, en el bosque. A Mar Abad estoy empezando a conocerla poco a poco y sé que lleva una revista creativa llamada Yorokobu. Ellos 2 sabrán la razón de este proyecto conjunto. A lo largo de la lectura del libro pensaba inevitablemente en Mundo Twitter de José Luis Orihuela y luchaba contra la odiosa comparación. Son dos libros y dos muestras de Twitter. La obra de Tascón y Abad me ha dado muchas cosas: la anatomía de un tuit era necesaria, el listado de emoticonos (me sentía huérfano de ellos) y cosas como el juego casi inacabable con el embrión monterrosiano del microrrelato”Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Nunca se ha dicho tanto con siete palabras. Ahí se transforma el significado a través de la forma; una coma es una diferencia vital. Se escribe lenguaje URL, mayúsculas o minúsculas, jerga LEET de hacker, (y por supuesto, twittergrafía), aportaciones de Pepo Jiménez (TW alias @kurioso), palabras en espejo –y creo que esta es mi versión favorita. Termina con un 52 que es una declaración mixta de realidad y tuiteo. Tascón lava y tiñe la tela, papiro o papel hasta cincuenta y dos veces, y él sabrá por qué no son ni más ni menos. A este tuitero los números y las formas le importan y estoy seguro de que todo es simbólico.

Esta mañana al despertarme (no, jjjaj, no voy a hablar del dinosaurio) me encontré con un tuit de @MarAbad –pelirroja de cuento- que me apuntaba literalmente esto: “No existen las casualidades. “Dios no juega a los dados”. Jaja!! :~}”

Lo bueno de TW es que uno no sabe si la vida es sueño o si sueña la vida.

Gracias a este libro entiendo la inconveniencia –como decía Orihuela- de #FF @treintatuiteros y lo razonable de hacer #FollowFriday @unpardeellosconmotivo. Gracias a este libro he sido suficientemente capaz de lograr una página web y un cuadro de símbolos que me han permitido adornar un tuit a mi nombre con el icono de un teléfono haciendo “riiiingg”.

Si es tuitero o si va a serlo le recomendaría algún libro sobre Twitter como éste o el de más allá, seguir a quienes aconsejan y saben sobre el Bosque Sagrado y, por descontado, disfrutar de los tuits de los autores del libro de la caligrafía TW.

Ya tengo este libro en mi colección marcado con mi “ex libris”.

Siguiendo la sentencia latina

5 July 2011

twitter: @eugenio_fouz

  (El lector.- película dirigida por Stephen Daldry, 2008)

Creo que soy *incapaz de dejar pasar un día sin una línea. Esa línea o reflexión irrenunciable o bien es algo que escribo o leo. [lea el tweet de Mario Tascón al final del post]

Lo que viene a continuación es un texto de Sergio Parra enlazado en Papel en Blanco vía Twitter y que alguien (Pepo Jiménez, twitter alias @kurioso)  dejó en el río místico y yo cogí para leer más tarde. Una vez leído el texto pienso que quiero guardarlo en este cuaderno de bitácora.

Leer es antinatural

Sergio Parra   4 de julio de 2011

Sí, aunque suene contraintuitivo es así. Leer es antinatural. Sin embargo, nos puede parecer una afirmación extravagante si todavía arrastramos en nuestro bagaje cultural la idea de que lo natural es lo bueno y lo artificial es lo malo. Que lo bueno es lo que la naturaleza nos entrega espontáneamente y que lo malo es todo lo creado por el ser humano, todo lo manipulado, modificado o sobrealimentado.

Por ejemplo, la gente pierde horas de su tiempo discutiendo la legitimidad de la homosexualidad en base a si es natural o en antinatural.

Esta idea beatífica del mundo (la naturaleza es buena, el buen salvaje) se concentra en el ámbito de la alimentación en los llamados alimentos ecológicos. Pero se olvida con frecuencia que los vegetales (los comestibles, entre ellos) acumulan en su organismo sistemas y moléculas de defensa que directa o indirectamente son tóxicos para el organismo humano. Puede parecer una anécdota, pero una berenjena, por ejemplo, contiene casi tanta nicotina como un cigarrillo light. El tabaco, las setas venenosas o la cocaína se obtienen de forma natural y, evidentemente, todos sabemos que no representan un beneficio sobre la salud.

Lo mismo sucede con la lectura. Es antinatural, pero no por ello el adjetivo debe arrastrar connotaciones peyorativas. Precisamente leer es tan bueno porque es antinatural.

El estado natural del cerebro humano, así como el de la mayoría de los primates, tiende a la distracción. Basta con que aparezca cualquier estímulo interesante, y nuestro cerebro sentirás interés por él, olvidándose de lo que estaba haciendo. Sin embargo, leer un libro requiere de una capacidad de concentración intensa durante un largo periodo de tiempo.

Esta tendencia a distraernos con nuevos estímulos, según la psicología evolutiva, tiene mucho sentido. Nuestros ancestros debían tener cerebros hambrientos de novedades y dispuestos a captar cualquier irregularidad: los objetos estacionarios o invariables forman parte del paisaje y mayormente no se perciben. Los ancestros que no tenían esta capacidad, seguramente tenían mayor probabilidad de morir (por ejemplo, un depredador que acecha) o menor probabilidad de fijarse en una oportunidad (por ejemplo, una fuente cercana de alimentos, lo cual también se traducía en una muerte prematura). Y un ancestro muerto es un ancestro que no se reproduce y que no deja en herencia a su prole sus genes, es decir, rasgos como un cerebro que no tiende a la distracción.

Todos los que en el pasado tenían cerebros predispuestos para la concentración y la linealidad, por tanto, se extinguieron. Nosotros somos descendientes de no lectores. Compartimos sus vetas genéticas. Tal y como señala Nicholas Carr:

 Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico.

En otras palabras, los que seáis grandes lectores, los que disfrutéis profundizando en los mundos imaginarios de las páginas de un libro durante horas, sin necesidad de echar un vistazo a vuestro alrededor, sois algo así como monstruos, mutantes, X-men que podríais figurar en cualquier museo teratológico de la especie humana. Sois antinaturales y raros. Vuestros cerebros han sido reprogramados para olvidarse de sus inclinaciones normales. Y las bibliotecas, por supuesto, son monumentos en contra de la humanidad en su sentido más estricto. Son anómalos edificios para robots. Amenazas del edénico jardín del que todos procedemos.

Los libros son el equivalente intelectual de los antibióticos, los aditivos o el aire acondicionado. Son una tecnología capaz de diluir un poco más nuestra humanidad de serie y moldear nuestro cerebro para alcanzar finisterres que hace apenas unos siglos eran inalcanzables.

 Ni que decir tiene que mucha gente había cultivado una capacidad de atención sostenida mucho antes de que llegara el libro e incluso el alfabeto. El cazador, el artesano, el asceta, todos tenían que entrenar su cerebro para controlar y concentrar su atención. Lo notable respecto de la lectura de libros es que en esta tarea la concentración profunda se combinaba con un desciframiento del texto e interpretación de su significado que implicaban una actividad y una eficiencia de orden mental muy considerables. La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes.

Así, lectores del mundo, antinaturales todos, si pensáis más profundamente es porque leéis más profundamente. Porque, en ocasiones, ser antinatural es lo más de lo más.

http://m.papelenblanco.com/metacritica/leer-es-antinatural

La sentencia latina* citada por Mario Tascón (twitter alias @mtascon) en Twitter dice así:

 

 


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