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Agosto es el mes más largo

21 August 2014

 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 2014-08-17 10.21.48

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NOTA:

Al escribir este artículo me inspiré en el primer verso de T.S.Eliot de La tierra baldía  que dice “Abril es el mes más cruel”. He pensado siempre que agosto es el mes más largo del año. Todos los años en agosto siento una especie de nostalgia de la ciudad a la que regreso, que es más de una. Y pienso en Murcia, en Lugo, y en las crónicas de Carlos del Amor en Madrid. A veces también pienso en la canción de Aznavour “Venecia sin ti” (la escuchaba mientras escribía) y, en esta ocasión, el vídeo compartido por el diario LA VERDAD en Twitter.

Una vez escrito el texto me dí cuenta de mi olvido al no citar las voces de una mujer en una plaza de Murcia así como el murmullo de las cigarras en la película “¿Hay alguien ahí?” (La Verdad, 16.08.2014).

http://www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/201408/16/calor-vacaciones-dejan-desierta-20140815204942.html

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 “Por las calles desiertas, nadie” (Luis Cernuda)

Si Eliot nos desveló la superlativa crueldad de abril en un poema oscuro y babélico, el mes de agosto tira lentamente de nosotros hacia la tierra y nos alarga la vida. Su lentitud de piedra nos recuerda que toca descanso y recogida. Agosto es el tiempo de barbecho.

Agosto es el final de un ciclo y el inicio de otro. No hay gente en las calles, las tiendas cierran y las ciudades se despiertan en un callado silencio a lo largo del mes que sigue a los sanfermines y al Tour de Francia. Agosto es el mes más largo. Aparentemente el tiempo no vuela sino que se despereza tranquilo y ajeno a la hora y al calendario. Hasta que llega la Asunción de la Virgen,  el día 15 y nos alerta de la fugacidad de la vida.

Todos los quince de agosto veía yo imperturbable el informativo en televisión hasta que alguien decidió un año que la ciudad triste y abandonada podía ser noticia y dejó a Carlos del Amor que lo contara. A partir de entonces he esperado ese momento de la tarde para escuchar como en un fado la desolación de las calles de Madrid. Este año no escuché el fado ni hubo esa nostalgia de  una “Venecia sin ti”, ni Charles Aznavour contaba aquello de “no pareces igual, eres otra Venecia más fría y más gris”.

Esta vez, regresaba a Venecia para encontrarme al filo del medio mes con la imagen icónica de la Dama de Murcia, bronceada y sola en la plaza de la Fuensanta. Veía un cuadro volcado por este diario en una red social titulado: “¿Hay alguien ahí?” (LAVERDAD, 16.08.2014). Estuve atento y entendí que si el termómetro no mentía era normal la inexistencia de transeúntes expuestos a 35º en la ciudad donde vive el sol .

Mi nostalgia no se conformaba y quiso más. Al cuadro siguió el enlace de texto y la película casi muda de la ciudad desnuda. Las calles vacías parecían gigantes parados en un paisaje donde el silencio llena todo salvo la interrupción de los pitidos intermitentes de los semáforos de la Gran Vía murciana que dan el paso a unos peatones que no viven aquí y niegan el paso a coches imaginarios un día 16 de agosto de cualquier año de la historia. Una paloma blanca cruza a media altura de lado a lado la plaza de Santo Domingo. Imagino al reportero sediento y añorante de un poco de sombra pero sabe que la soledad agosteña del Romea y la calle Platería le esperan. Más allá, ni la plaza del cardenal Belluga ni el agua mansa del Segura logran aliviar la sensación de amargura. Una brisa inesperada, y tal vez breve, en las hojas de los árboles sin pájaros junto al desasosiego de cuatro campanadas de una iglesia cercana intentan despertar los sentidos de una ciudad que hoy está triste.

 {artículo de opinión publicado el día 20.06.2014, miércoles en @laverdad_es}

https://www.youtube.com/watch?v=n-MjZz9xQGs#t=16

Escribir en rosa

29 September 2013

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 

 Imagen

(Toulouse Lautrec, pintor) 

 

“Desmayarse, atreverse, estar furioso” (Lope de Vega)

 Escribir por la mañana temprano mientras todos duermen. Levantarse al rato para preparar café medio a oscuras. Pensar que no hay nada que decir y creer que la vida se fundió como una bombilla en ese instante. Recordar un soneto de amor que empieza “Desmayarse, atreverse, estar furioso…” y olvidar cómo sigue. Decidir que aquel escrito no estaba bien. Trabajar a deshora. Meditar. Escuchar la voz de un pájaro madrugador a pocos metros de mi ventana. Estar feliz y triste a la vez.

De repente saber que la vida es corta y la muerte se alarga. Leer periódicos atrasados, subrayar párrafos enteros en un libro. Oír la radio medio dormido. Sentirse a disgusto por un mal gesto o un apretón de manos negado. Ponerse en el lugar de otro y creer entender lo que se siente. Tener la certeza de que de los fracasos se aprende. Darse cuenta de que el pájaro se ha callado. Verse  solo.

Sobresaltarse porque los minutos volaron y la cafetera italiana ya ha soplado. Levantarse de golpe y apagar el fuego. Servirse el café y volver a plantearse qué artículo de opinión debía haber escrito. Mirar absorto la pantalla mientras las letras suben desde el teclado. Contar casi las palabras, pensar no sé cómo salir de este embolado. Parar, coger el tazón y echar un trago extralargo. Toser, callar y seguir aquí  sentado sin saber si escribir de nuevo o borrarlo todo dándole un toque de meñique al “backspace”.  

Tener conciencia de la pena de saber que moriremos un día. Medir el tiempo que nos queda en años, hojear agendas y calendarios. Tener un reloj que nos ata y nos gobierna como decía Cortázar. Ser un esclavo. Obedecer una rutina y comprometerse. Pensar más de lo normal en la muerte. Vivir más tiempo la vida cuando la gente se muere y no hacer nada. Esperar. Resistirse y no morir. Tener insomnio. No dormir. No dar la cara. Tener mala memoria, olvidar y dejar que todo pase. Permitir la injusticia, escribir en prosa, responder a todo en silencio. Tener miedo y no ser uno mismo. Redactar mal. No pararse a oler una rosa. Disimular. Perder el tiempo, pensar en otra cosa.

Enamorarse de una mujer. Gustarte hoy más que ayer. Verla leer y que te mire extrañada y te sonría. Que vuelva a cantar el pájaro que se había ido y que llegue acompañado. No estar solo. Ser feliz un rato, escuchar a esos dos en un coro.

Descubrir un poema hermoso y ver amanecer. Tener un libro nuevo sin leer. Encontrar los papeles perdidos, saber que alguien te quiere bien. Echar de menos a un hermano, recordar un chiste bueno. Escribir bien, sentirte ufano. Jugar a algo sin darte cuenta y ganar tú. Relajarte de verdad. Pasear para hablar. Cenar con ella y tener vino blanco en la mesa. Leer. Enamorarte otra vez un poco más. Soñar. Escribir en rosa.

 

(artículo de OPINIÓN publicado en @laverdad_es -13.06,2013)


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