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Decálogo de un infeliz, creo

30 June 2019

twitter: @eugenio_fouz

Decálogo de un infeliz, creo

EUGENIO FOUZ

26.02.2018; EL NACIONAL

Conócete a ti mismo” (HERÁCLITO)

He estado pensando en mí mismo. Esta mañana me he dedicado a meditar en cosas serias. Quería saber quién era yo. Quería saber quién soy. Vamos que me puse chulito con el adagio latino “primum vivere, deinde philosophari” y empecé por el final. Usted ya me entiende. Soy incapaz de aplicar el orden natural de la joya latina. No sabría vivir y luego filosofar, aunque sí podría filosofar y vivir a la vez. Pero solo vivir, sin nada más, no creo que pudiese.

De hecho, estoy tan loco que me he visto obligado a poner en orden ciertos pensamientos sobre la infelicidad en la que vivo.

Lo mejor que se puede hacer para ser infeliz es pararse a reflexionar sobre uno mismo. Lo primero y más importante de esta aventura es vivir la vida loca, dejarse arrastrar y, por supuesto, evitar pensar acerca del yo, del tú ni del usted. Hágame caso, no dedique nada de su tiempo a preguntarse si le gusta lo que hace, lo que piensa o lo que sueña. No se cuestione nunca en la vida si está satisfecho con las ganas de levantarse de la cama el lunes por la mañana. Siga con los amigos de siempre, no cambie las cosas y deje que todo fluya de modo natural ¿De qué vale hacerse preguntas raras? Nadie en su sano juicio se mira en el espejo y exclama “¿merece esto la pena?

Ya que estoy elaborando un decálogo, la segunda idea que me viene a la cabeza para ser un tipo infeliz es fijarse en los demás, en lo bien que les va todo. Compárese con ellos y tardará poco en recorrer el mapa de Alaska con los dedos haciéndose el equipaje de solitario para dos años en la cabeza.

En tercer lugar, no olvide el malestar vivido el día de hoy. Cuente el día como uno perdido, don Pesimista, y si no lo ha hecho todavía, tómese unas pastillas para conciliar el sueño y llegar abatido, inconsciente y atontado a los brazos de Morfeo.

Suelte lo que le venga en gana en todo momento y en todo lugar. Hable sin parar. Hable utilizando lenguaje desagradable y soez. Diga palabrotas, insulte al prójimo, genere mal rollo. Sea vulgar. Despeje la cabeza esa loca que tiene de una vez por todas. Dos por dos son cuatro. Enrédese con el ovillo del gato.

Si ha sufrido un tropiezo con la mala fe de un conocido, recuérdeselo continuamente a sí mismo. Dele vueltas y más vueltas al maldito asunto. Amárguese. Este debe de ser el punto número 5.

Entre tomar el camino lento y hermoso y el otro camino rápido y con atajos, no sea idiota y elija el más corto porque tempus fugit que dijo el poeta.

Si el punto anterior fue el seis, este punto debería ser el siete que trata de lo clásico y lo vintage. Renuncie a las cosas que están pasadas de moda. No se atreva a vestir unos vaqueros nuevos. Hoy se llevan rotos y descosidos. Deje atrás la música clásica, Beethoven, Bach, el periódico y el jazz. Olvídese de la camisa blanca, los buenos modales y el latín.

Ocho, el comedor de bizcocho. Sea antipático. No salude al entrar en un café y tampoco diga adiós. No devuelva el saludo a un extraño.

Número nueve. Si escribir una columna de opinión es un placer, un arte y un grato menester, considérela una tarea ingrata, una atadura, una molestia. Convierta el acto creativo de las letras en un deber, un trabajo con fecha de entrega, un malvivir, una pelea silenciosa por un par de comas o una tilde mal puesta.

Siga escuchando poco. No se coloque por encima de la mala educación de quien grita. Grite más fuerte, pierda los nervios. Este es el último punto de todos, pardiez.

Para no seguir siendo un infeliz rebélese contra este decálogo y lleve la contraria a los diez puntos, desgraciado.

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La versión original ha sido publicada en “El Nacional” (Venezuela)

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/decalogo-infeliz-creo_224533

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“Tenéis la educación que merecéis” (Arístides Mínguez)

9 March 2019

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Tenéis la educación que merecéis

Arístides Mínguez

“Recientemente toda la prensa se ha hecho eco de que en los últimos exámenes para ser profesor de enseñanza secundaria un elevado porcentaje de aspirantes suspendió por acumular una inadmisible cantidad de faltas de ortografía. ¿De qué os extrañáis? Habéis transigido con que os roben la cultura, la convicción de que hay que esforzarse, estudiando, a veces, cosas que no te tienen que gustar del todo.

Recibí mi formación académica, primero, en una aldea de 300 habitantes, Peñarrubia, escondida en las estribaciones de la Sierra del Segura y, luego, en la cabecera de municipio, Elche de la Sierra, una población de unas 4.000 almas. Eran los años 70 y principios de los 80 cuando me ofrendaron la médula de mi aprendizaje. Al inicio, en una escuela unitaria, donde mi Maestro, fajándose como un héroe sin capa ni galones, nos enseñó a más de 30 niños, mezclados todos juntos desde los 6 hasta los 14 años. Él sembró mi amor por la lectura, por la lengua, por nuestra historia. Con su magisterio consiguió que, al trasladarse mi familia al pueblo y tener que ir yo al colegio público, no se notara que venía de una escuela de aldea. Fue él quien me inculcó el valor del esfuerzo y, junto con mi Magister Raimundo, inductor de mi pasión hacia lo grecolatino, el responsable de que decidiera dedicarme a la docencia.”

Lea el texto completo aquí:

https://www.zendalibros.com/teneis-la-educacion-mereceis/

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#PDF

https://tinyurl.com/yxcspcx4

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“No lo dudes” (MANUEL VICENT)

15 February 2019

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No lo dudes

MANUEL VICENT

El País, 27.01.2019

“Si buscas la verdad y quieres salir de dudas, existe un remedio infalible. Cómprate una pistola y realiza prácticas de tiro. Cuando aciertes en el blanco, que es tu propio seso, habrás alcanzado la verdad con absoluta certeza. Existe otra solución menos dramática para demostrar que estás en posesión de la verdad: pon cara de asno cabreado, expresa tu razón con una frase corta muy ruda y úsala como arma con la mirada puesta en las estrellas. En el Discurso del método, el filósofo Descartes, afirma que al pensamiento se llega a través de la duda metódica. Dudar equivale a pensar. Y a la vez el pensamiento es la única prueba de que uno existe en realidad. Pienso, luego existo. Pero este discurso es pura falacia, porque hoy si dudas estás muerto, ya que en la opinión pública ahora mandan los fulanos que están siempre en lo cierto” (…)

Lea aquí la columna completa de Manuel Vicent

https://elpais.com/elpais/2019/01/25/opinion/1548436263_453917.html

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#PDF

https://tinyurl.com/y2frhan3

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“La joven del violín” (Arturo Pérez Reverte)

7 February 2019

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PATENTE DE CORSO

La joven del violín

Arturo Pérez Reverte

[@perezreverte]

-XL Semanal, 18.03.2018-

Sentado en la terraza del bar Laredo de Sevilla, con un libro en las manos –Memorias de un librero, de Héctor Yánover– y una copa de manzanilla sobre la mesa, levanto de vez en cuando la vista para mirar a la gente que pasa. De vez en cuando, grupos de turistas desembocan en la plaza de San Francisco viniendo por la calle Sierpes, camino de la Giralda y el Patio de los Naranjos; y otros, que van por libre, se pasean despacio mirando el edificio del Ayuntamiento. Es una mañana muy sevillana, luminosa y tranquila. Y para hacerla todavía más agradable, suena música de violín.

La violinista llegó hace un momento, dejó en el suelo el estuche abierto de su instrumento y empezó a tocar Fascinación. La tengo a unos cinco metros. Es joven, gordita y guapa, con el pelo recogido en dos trenzas cortas. Su aspecto es simpático. Tiene los ojos claros y al principio me parece extranjera, pero al rato pasan dos conocidos suyos, deja de tocar un momento y la oigo cambiar unas palabras en perfecto español. Después sigue tocando. Mientras desliza el arco sobre las cuerdas, su expresión se torna muy dulce. La observo detenidamente y concluyo que no está fingiendo. Con certeza ama la música que hace, es feliz con el violín encajado en el hueco del hombro y la mandíbula, tocándolo con elegante maestría. No sé casi nada de música, pero sí lo bastante para saber cuándo un intérprete es bueno o malo. Y ésta es muy buena. No de esos aguafiestas que estás hablando y se te sitúan al lado con un altavoz y un chundarata insoportable, amargándote el aperitivo; y luego, encima, pretenden que les pagues por ello. Nada de eso. La chica del violín es una artista de verdad. Una violinista seria.

Pese a todo, el estuche del suelo sigue vacío. Nadie de los que pasan, y son muchos, deja una moneda. Ocurre, además, algo que me desagrada siempre, y que observo a menudo en lugares semejantes: turistas equipados con cámaras o teléfonos móviles, que creen que quienes están en la calle haciendo pompas de jabón, o disfrazados de astronauta, o tocando el violín, están allí para que ellos puedan hacer fotos por la cara, completamente gratis. Que les paga el Ayuntamiento para que alegren el itinerario. Gente tacaña, o estúpida, que se acerca, hace la foto o, lo que es peor, pide que la fotografíen junto al artista o personaje de turno, y luego sigue su camino sin dejar nada a cambio.

Eso es lo que ocurre con la chica del violín. La miran, se paran a su lado, se hacen fotos con ella y nadie deja caer un euro. Es más: en la mesa contigua a la mía hay una pareja. Un hombre y una mujer negros, muy bien vestidos. Ella es grandota y abundante; y él, un tipo corpulento con un pesado reloj de oro en la muñeca y un teléfono pegado a la oreja, por el que habla en inglés, a grito pelado, sin importarle la música y quienes la escuchamos. Y yo miro a la violinista, su dulce expresión absorta en la música, los ojos claros que entorna a veces como si se sintiera transportada por ella, y me pregunto con tristeza cuántos sueños mueren aquí, frente a esta terraza de un bar de Sevilla, o frente a no importa qué bar del mundo. Cuántas horas de esfuerzo, de practicar, de confiar en poder dedicarse un día a vivir de lo que sin duda era una pasión, y que, tras vaya usted a saber cuántas decepciones, fracasos y amarguras, acaban en un estuche abierto en el suelo, en una melodía que apenas nadie atiende en serio, en una joven con trenzas y ojos claros que, absorta en la música que ama, la ofrece en la calle a fin de ganarse la vida con lo que sabe, como la dejan, como puede.

La chica toca ahora Moon River; y una vacaburra, acompañada por un animal varón de apariencia aún más grosera que ella, se acerca, se hace una foto al lado y sigue su camino sin mirar siquiera a la chica del violín, que cuando les sonríe lo hace ya al vacío. Entonces llego a ese pasaje del libro en el que Yánover habla del cliente que preguntó: «¿Tienen Crimen y castigo, de Doctor Jekyll?». Y me digo que ya es suficiente, que mi capacidad de tristeza se ha colmado de sobra esta mañana; así que cierro el libro, me levanto, y antes de irme dejo un billete en la funda vacía. Al incorporarme, encuentro un destello de agradecimiento en la mirada clara de la joven. Entonces le guiño un ojo y ella hace lo mismo, sin dejar de tocar. Y mientras me alejo, cuando dirijo una última mirada a la violinista cuya melodía va quedando a mi espalda, veo que la negra de la mesa se ha levantado y también deja algo en el estuche.

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Lea la versión original en El Semanal (Vocento) aquí:

https://tinyurl.com/y7pj8ecc

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#PDF G-Drive

https://tinyurl.com/ybkwzlcf

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Qué hace a un buen columnista (Juanita León)

6 October 2018

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“La Silla Vacía”

Qué hace a un buen columnista

DE LA DIRECCIÓN · (Juanita León) 

25 DE NOVIEMBRE DE 2012 

“Cada vez que Héctor Riveros escribe una columna criticando a Gustavo Petro algún usuario pregunta por qué La Silla le da un espacio tan privilegiado. Cada semana, mi respuesta en la sección de comentarios suele ser la misma: porque es un excelente columnista.

Un buen columnista es una persona que tiene una opinión original sobre un asunto y argumentos sólidos para sustentarla. El columnista, por definición, no es ‘objetivo’ porque precisamente lo que busca una columna es persuadir a los lectores de un punto de vista particular y subjetivo. Nada peor que esos columnistas que tratan de satisfacer a todos los ‘lados’ y no pisar ningún callo.

Un buen columnista, en el mejor de los casos, cambia las opiniones de sus lectores. A veces, les ayuda a ver un ángulo de una situación que habían pasado por alto. Si no logra ninguna de las anteriores, por lo menos le ayuda a comprender a los usuarios cuáles son los argumentos de una persona que tiene una percepción radicalmente diferente a la de ellos.

Uno a veces lee columnista para odiarlos, pero los lee porque quiere saber qué es lo que piensan los que piensan diferente a uno. Una columna de opinión es buena si detona en los usuarios el deseo irreprimible de controvertirla con otros argumentos que al final permiten perfilar las diferentes visiones que están en juego.

Todo columnista tiene un pasado, tiene un oficio actual, pertenece a ciertos círculos, es amigo de unos y no de otros. Nada de eso debería importar si cuando estas circunstancias entran en conflicto con lo que se escribe se hace transparente el conflicto de intereses. Lo importante en un columnista es si sus argumentos son leales, no si ratifica los de los lectores (la tentación de complacerlos es gigantesca). El columnista es leal si hace un esfuerzo por basar sus ideas en información que es veraz. Si escribe lo que realmente cree y no lo que alguien le está pagando por escribir (así no sea con plata). Si no utiliza el espacio privilegiado de una columna para tramitar sus rencillas personales.

Un columnista es bueno si después de uno leer la columna alguna idea nueva le queda rondando en la cabeza. Hay pocas cosas en el periodismo más difíciles que tener una opinión seria todas las semanas. Y es un privilegio cuando un medio encuentra alguien que cumpla con todas estas condiciones.”

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[Juanita León]

Lea el texto en su versión original aquí:

https://lasillavacia.com/elblogueo/la-silla-vacia/37513/que-hace-un-buen-columnista

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“Pajares y las suecas, año 2018” (Juan Soto Ivars)

21 July 2018

twitter: @eugenio_fouz

Juan Soto Ivars (@juansotoivars) tuiteó que tenía preparado un comienzo de artículo cojonudo ya preparado y tenía razón. Luego lo que siguió fue cojonudo también.

El periodista murciano escribía sobre el abuso, la violencia y el consentimiento de la mujer.

Pajares y las suecas, año 2018.-JUAN SOTO IVARS

Voy a hablaros de consentimiento, y voy a hacerlo queráis o no. Primero tendremos que exclamar algo en voz alta y grabarlo a fuego en nuestras meninges: en Suecia, tras la reforma legal, no hace falta un sí explícito para follar.
—¡Pero esto es lo que ha dicho la prensa!
—Sí, señora, pero no es cierto.” (…)

Siga leyendo aquí:

https://blogs.elconfidencial.com/sociedad/espana-is-not-spain/2018-07-13/codigo-penal-consentimiento-agresion-sexual-pajares-suecas_1591950/

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Lea si lo prefiere en PDF:

https://tinyurl.com/ybqy2evu

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Ahora le toca a la lengua española (Arturo Pérez Reverte)

30 June 2018

twitter: @eugenio_fouz

El capitán Alatriste

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Apasionado alegato de la lengua española escrito por la pluma de Arturo Pérez Reverte (@perezreverte)

Ahora le toca a la lengua española

ARTURO PÉREZ-REVERTE

XL Semanal, 25 de junio de 2018

“No me había dado cuenta hasta que hace unos días, mientras lamentaba las incorrecciones ortográficas de una cuenta oficial en Twitter de un ministerio, leí un mensaje que acababan de enviarme y que me causó el efecto de un rayo. De pronto, con un fogonazo de lucidez aterradora, fui consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento. El mensaje decía, literalmente: «Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él».” (…)

https://www.zendalibros.com/perez-reverte-ahora-le-toca-la-lengua-espanola/

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versión en PDF

https://tinyurl.com/ycl73jh4

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Usted decide

20 May 2018

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[cartel de la Feria de Córdoba de 2018]

-compartido por Guadalupe Mateo en Twitter,

@LupeMateo-

[Haga clic sobre el artículo de opinión para verlo mejor]

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¿El fin del finde? (Martín Caparrós)

5 March 2018

twitter: @eugenio_fouz

Extracto del artículo de Martín Caparrós, ¿El fin del finde? publicado en El País el día 13 de diciembre de 2017.-

“El fin de semana, que la pereza contemporánea llama finde, es un invento reciente. La semana no; que exista y que dure siete días es resultado de un error babilonio: aquellos iraquíes creían que había siete planetas y que cada uno definía un día de esa semana que decidieron inventar. Durante milenios, los que debían trabajar trabajaban semanas de seis días y descansaban si acaso el día de su Señor. Pero a principios del siglo XIX los patrones de fábricas inglesas, hartos de que sus obreros faltaran cada lunes tras la borrachera del domingo, les ofrecieron salir el sábado al mediodía, beber, recuperarse el domingo y aparecer temprano el lunes: inventaron el “sábado inglés”.” (…)

[Martín Caparrós, ¿El fin del finde?]

Lea aquí la versión original completa:

https://elpais.com/elpais/2017/12/13/eps/1513185286_698678.html

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O lea aquí el documento en PDF (G-Drive)

https://tinyurl.com/y9sfxhnr

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Sobre el articulismo periodístico (Enrique Arias)

26 November 2017

twitter: @eugenio_fouz

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De Artículos Periodísticos Y De Sus Autores

Enrique Arias Vega

Xornal de Galicia | Sábado, 04 Julio, 2009

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[La Comunidad Valenciana y el guirigay nacional (2007).

por E. Arias Vega]

 

El articulismo es un vicio. Como el consumo de drogas, el juego o el sexo, puede convertirse en una psicopatía que enganche a su practicante y ya no le permita escapar de ella.

La comparación puede parecer exagerada. Hasta ridícula, si me apuran. Pero ya me dirán a qué vienen, si no, tantos blogs que inundan hoy día el espacio cibernético. Muchos articulistas eran antes meros autores de cartas a los directores de periódicos. Otros son políticos, intelectuales y gentes del común que han encontrado en la red electrónica un territorio sin fronteras donde exponer sus puntos de vista. Finalmente, también hay columnistas digamos que convencionales, los cuales han cambiado de medio expresivo o ampliado a él el soporte de sus reflexiones para conseguir así una mayor audiencia interactiva, que dicen.

En cualquier caso, el común denominador de toda esta fauna en la que me incluyo es la vanidad. Legítima, si se quiere, pero vanidad al fin y al cabo. Eso de poder contar las verdades de uno hasta al lucero del alba proporciona un placer especial e irrepetible. Luego resulta que casi nadie se entera de lo que uno dice, pero ése es otro cantar, intrascendente, incluso, para la satisfacción onanista del propio ego.

Pues bien. Llevado de esa malformación no sé si genética o adquirida, llevo escribiendo artículos, con mayor o menor intermitencia, desde hace cuarenta años. El articulismo es un género a caballo entre el periodismo y la literatura que han ejercido de forma virtuosa escritores a los que uno admira profundamente: en los dos últimos siglos, desde Mariano José de Larra a Manolo Vázquez Montalbán, pasando por Wenceslao Fernández Flórez.

La elaboración de los artículos, en principio, no parece que sea demasiado complicada. Uno de los mejores ejercientes del oficio, el exquisito dandy César González Ruano, explicaba a mediados del siglo pasado que “un artículo es como una morcilla: dentro puedes meter lo que quieras, pero tiene que estar bien atado por los dos extremos”. La suya, claro, es una manera cínica de mostrar un aristocrático desdén hacia lo que uno hace; lo cual, obviamente, constituye la más refinada de las vanidades.

El depositario de aquella confidencia de Ruano, Paco Umbral, es a su vez un prolífico autor y un magnífico columnista. Su caso demuestra mejor que ningún otro que el articulismo es una cuestión de estilo. Innovador del lenguaje y creador de expresiones y giros literarios, en la estela de Valle-Inclán, en Umbral predomina la forma sobre el fondo. Tanto es así, que ha podido decirse de él que lleva cuarenta años escribiendo un mismo y único artículo, modulándolo y adaptándolo en el tiempo, y troceándolo con meticulosa constancia para depositar luego la correspondiente dosis diaria en la página de su periódico. Se trataría, pues, de un artículo permanente e inacabado.

Sin ponerme demasiado trascendente, diré que este género expresivo, híbrido y hasta mestizo, ha alcanzado su apogeo bien recientemente. Hoy en día no hay escritor de largo aliento y densa obra literaria que no lo practique. Algunos, incluso, en esos breves comentarios periodísticos superan en excelencia a sus textos más amplios y repetidamente premiados. Para mí es el caso de Juan José Millás o Manuel Rivas, magníficos escritores de libros pero aun mejores articulistas. Esa misma apreciación, qué quieren que les diga, la hago extensiva hasta a algún premio Nobel, como Gabriel García Márquez. Otros, en cambio, como Camilo José Cela, en sus incursiones periodísticas no han estado a la altura de su genial obra literaria.

Éstas, como ven, son opiniones subjetivas y tremendamente osadas, además. Es lo que precisamente permite el género periodístico que comentamos: gracias a su brevedad, al estilo liviano en que se sustenta y a su carácter fugaz, pueden formularse semejantes aserciones injustificadas que en un ensayo, en cambio, exigirían páginas y páginas de eruditas explicaciones en que basarse.

Servidor, que ha pasado demasiados años en tareas de organización periodística entre bambalinas, no alcanza la excelsitud literaria de sus maestros. Ni de coña. Tampoco lo pretendo. El virus del periodismo de a pie, de primar las noticias y la urgencia de su comunicación sobre las cuestiones de estilo, suele ser un antídoto contra la calidad expresiva. Es más: los periodistas no solemos escribir bien y cada vez propendemos a hacerlo peor, como suele explicar con su magisterio el presidente de la Agencia Efe, Alex Grijelmo.

Es una desgracia como otra cualquiera. Más grave, si acaso, por la capacidad de comunicación que se nos supone, por la posibilidad de llegar a gentes que no tienen otros elementos lingüísticos de referencia y porque, como dirían los moralistas clásicos, deberíamos dar ejemplo, al menos de virtudes literarias.

Si los artículos recopilados en este libro no logran, pues, el nivel de excelsitud que deberían, pienso modestamente que en ocasiones se acercan a él. Aunque sea por chiripa. Lo importante, no obstante, es el fresco social que muestran de los problemas y de las inquietudes que existen en este momento en la Comunidad Valencia, en lo que antes se denominaba España —ahora se buscan complicados eufemismos para no llamarla por ese nombre— y en el ancho mundo, cada vez más global y a la vez más próximo, al que pertenecemos.

No sé si éstos son días “de ruido y furia”, como en el drama de Shakespeare. Sí sé que, en todo caso, se está produciendo un sonoro guirigay, palabra que en acepción de la Real Academia española significa “gritería y confusión que resulta cuando varios hablan a la vez o cantan desordenadamente”.

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