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La libreta (Rosa Palo)

29 January 2020

twitter: @eugenio_fouz

La libreta
Rosa Palo [@Ebaezan en Twitter]
LA VERDAD; miércoles, 29 enero 2020

“Siempre tengo una libreta en la mesilla. Está ahí, preparada por si una noche se me ocurre la columna definitiva, esa columna que me procurará un premio Camba o miles de retuits, la que me sacará del anonimato, la que hará que me cuelen en la carnicería del barrio, la que me consagrará pasados los cincuenta como columnista revelación, que cosas más raras se han visto en los Goya. Y, anoche, sucedió. Se me ocurrió una columna buenísima. Una columna perfecta, redonda, brillante, producto del insomnio clarividente de las tres de la mañana. Pero, cuando fui a apuntarla, la libreta no estaba.” (…)

Lea aquí la columna completa:

https://www.laverdad.es/opinion/libreta-opinion-20200129174218-ntrc.html#vca=fixed-btn&vso=rrss&vmc=tw&vli=Opinión&ref=https:%2F%2Ft.co%2F

LA VERDAD, Murcia (@laverdad_es)

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#PDF

https://tinyurl.com/yx7qw9q9

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Usted decide

20 May 2018

twitter: @eugenio_fouz

[cartel de la Feria de Córdoba de 2018]

-compartido por Guadalupe Mateo en Twitter,

@LupeMateo-

[Haga clic sobre el artículo de opinión para verlo mejor]

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La noche iluminada

17 November 2017

twitter: @eugenio_fouz

El jueves 17 volvía a casa después de un día en el que se me repetía, de verdad, sin querer una y otra vez el verso de un poema de amor de Neruda que parecía más bien la canción desesperada “puedo escribir los versos más tristes esta noche“.

Eran apenas las 7 de una tarde de otoño cuando se caía la noche cerca del río y la luz en medio del bosque, como en un cuento, dibujó la puerta abierta de la casa del ogro, la bruja de Caperucita o vaya usted a saber si la misma puerta del hogar donde duermen los 7 enanitos.

Aquí afuera, el frío, la soledad y la tristeza negra. Allí dentro, se adivinaba cierto calor, una luz blanca y algo de confort para este exilio interior. En un instante pensé, “tal vez valga la pena atreverse a verse el reflejo en el espejo. Quizás pruebe a leer 6 líneas o 7 de un libro viejo en la Biblioteca“. El semáforo pasó vergüenza, vamos que se puso rojo, yo me detuve justo enfrente del cartel, a menos de 7 metros de él, apunté con mi alma mi arma y disparé clac, clac la cámara del juguetito electrónico al que todos llaman teléfono. Quise guardar la metáfora de la puerta abierta y el libro erguido, disponibles los dos para quien busque cobijo entre las paredes de una casa, las letras, los cuentos infantiles, (también los cómics, Funes) o las personas buenas.

Pensé en una novela de Scott Fitzgerald, en los rezos de “la noche oscura” de San Juan de la Cruz y en la Biblioteca de Murcia situada en el número 17 -vaya, vaya- de la avenida de Juan Carlos I. No me diga que no es casualidad también contar en voz baja el número mágico de letras vivientes en el nombre elegido por la Biblioteca Regional para el soporte de lectura digital: eBiblio. Vale, 7.

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Esa misma noche llego al claro del bosque, comparto la fotografía con otros pájaros azules y uno de ellos se recrea en un nuevo canto

Gracias, @brmu

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Autopista del Sur (con permiso de Cortázar)

14 September 2017

twitter: @eugenio_fouz

 

Un tuit de Mikel Alonso (@mikelalonnso en Twitter) me recordó esta anécdota vivida en la autopista del Sur de regreso a casa.

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Autopista del Sur (con permiso de Cortázar)

Algo de razón tienen que llevar los americanos cuando predican con el ejemplo y ponen en práctica la idea de ser siempre amables con los extraños. Tópico o no, esta es una de las características del American way of life.

Quien es forastero en esta comunidad murciana aprovecha la época navideña, entre otras, para reunirse con su familia y amigos, para el reencuentro. Antes de acabar este tiempo, porque uno ya no sabe si pertenece más a un lugar o a otro, regresa al sur. Y el tiempo pasa dentro del coche, en medio del tráfico, la niebla en el Puerto del Manzanal en León, y otros, el viento y la lluvia a la vuelta, cerca de Albacete. Y son muchas las horas y los mensajes que la Dirección General de Tráfico nos señala en paneles de luz. Estos días, viajando de un sitio a otro, se leían avisos que sonaban a amenazas o conjuras de mal fario con el total de personas muertas en una comunidad autónoma el pasado año 2007 a causa de accidentes de tráfico. Y lo cierto es que ese tipo de mensajes no es el más apropiado para nadie por su fuerte componente pesimista.

Por poner un ejemplo, no es lo mismo dar a conocer el número total de suspensos del curso pasado a un alumno poco activo, que hablarle de las posibilidades de mejora mediante el estudio y el esfuerzo. Lo más probable es que ese alumno se desanime y renuncie a cualquier tentativa de progreso. Sería quizás recomendable hablarle de la importancia de prestar más atención al profesor y estudiar en casa habitualmente. A ese hipotético estudiante podría venirle bien explicarle los valores positivos de la lectura, de la reflexión, de la consulta de varios manuales o de la práctica escrita de ejercicios, entre otras cosas. Podría ayudarle mucho darse cuenta de la diferencia entre no hacer nada y empezar a hacer algo.

Pero volviendo al tema del viajero, la campaña de la Dirección General de Tráfico este año tuvo también un mensaje vitalista e ingenioso: «gracias por no arriesgar». Y, créame, aquí hasta uno se convence de estar haciendo bien las cosas. Y se conduce mejor, sin arriesgar. Feliz de que alguien se acuerde de lo bueno. Este tipo de mensaje es preferible siempre.

El caso es que quien escribe ahora mismo pensaba tratar del paso del tiempo al haber terminado ya un año y empezar otro, de los regalos más esperados de los Reyes Magos este año, pero uno escribe exaltado como García Martínez y se le hace muy difícil callarse lo que ha vivido en este viaje de regreso en la autopista en la R-3 cerca de Madrid en dirección a Valencia/Murcia.

El día que ocurren los hechos es el jueves 3 de enero de 2008. Son alrededor de las 10.20 horas de la mañana y un coche blanco se detiene unos minutos en una cafetería. Al rato reanuda la marcha. Sin haber transcurrido ni cinco minutos, un familiar llama a uno de los ocupantes. Le dice que alguien le acaba de telefonear desde un teléfono móvil en su lista de conocidos. Ese hombre, un extraño, le cuenta que se ha encontrado un bolso junto al vehículo blanco estacionado en la cafetería unos minutos antes. El familiar le indica que llame rápidamente al teléfono perdido, y es entonces cuando se da cuenta de que es verdad que no tiene su bolso.

Desde otro teléfono móvil llama a su propio teléfono al que un desconocido responde. El bolso lo había encontrado en el suelo del aparcamiento y contenía llaves, documentos, móvil, tarjetas de crédito, algo de dinero y décimos de lotería (sólo premiados con el reintegro, por cierto). El hombre viaja con su mujer y su hijo en dirección a Valencia. Se ofrece a reunirse con ellos en la primera estación de servicio a la vista.

Y, bueno, así lo hace unos diez minutos más tarde, sin dar tiempo más que a una breve presentación, un par de abrazos agradecidos y esta sensación de que pertenecemos a un género bueno, a veces. Y es que la gente honrada todavía conduce coches de esos en los que la matrícula nos deja ver y creer en el origen de cada uno. Este lleva una O de Oviedo. Y el asturiano, porque su acento era de Asturias, se llama Vicente.

Y ya no queda casi tiempo para hablar del paso del tiempo, del balance del año pasado, de la gente que habla de matar el tiempo cuando lo que hay que hacer es darle vida al tiempo, vivir intensamente, de la cita de Juan Cruz en su blog de El País, del año en que a alguien le tocó el Gordo en ‘la autopista del Sur’ o de los regalos de Reyes más deseados como la Wii, el mp4, el ipod, los libros y la colonia.

En fin, sólo queda agradecerle que no arriesgue su vida ni la vida de los otros en la carretera, que la próxima vez que esté en autopista trate de emular a individuos como Vicente y que Melchor o quien le corresponda le haya dejado un regalo precioso esa noche.

¡Sea bueno y buena suerte!

 

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 17 de enero de 2008)

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El “sex appeal” del papel

9 February 2017

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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“encuentro una palabra / la que vuela” (MARIO BENEDETTI)

Cada uno lee como quiere o como puede. Conozco a gente incapaz de abandonar la lectura de un libro. He visto a gente que se impone a sí misma llegar a la última página aunque el acto exija mucho esfuerzo. Otros lectores, sin embargo, cogen un libro y si les aburre lo dejan de lado sin problemas de conciencia.

Lo bueno del libro es que siempre está ahí, esperándonos, como un dinosaurio dormido y feliz (permítame, Monterroso). Y es que cuando un lector abandona una obra, conoce el mudo ofrecimiento de las letras; sabe que las líneas de tinta cuentan con la posibilidad de un regreso. El libro es el origen y el destino.

Los tiempos modernos han traído nuevas formas de leer. Me refiero a los soportes de lectura. Los libros no son únicamente de papel sino también digitales. Ahora los lectores eligen entre leer el clásico libro de bolsillo o el libro electrónico (si prefiere el anglicismo, e-book).

Algunos creen, equivocadamente, que los lectores digitales rechazan el libro clásico y no suele ser así. Los lectores más adaptables combinan la lectura de ambos soportes dependiendo del momento y la circunstancia. Además, algunos partidarios de la tendencia electrónica abrazan principios ecologistas y leen con la fe de quien utiliza un soporte de lectura no dañino para la naturaleza. Los libros de papel suponen la tala de árboles para la elaboración del papel. No es menos verdad que un lector clásico ama la naturaleza, los árboles y los libros de papel.

Confieso mi torpeza a la hora de leer un libro en soporte electrónico, y eso a pesar de entender todas sus ventajas. La capacidad de almacenar innumerables obras en un espacio mínimo es una de ellas. Para hacernos una idea, el volumen ocupado por una tableta de chocolate serviría para guardar hasta veinte libros o más en un e-book, mientras que para la misma cantidad de libros serían necesarias aproximadamente dos maletas de equipaje. La parte mala es la necesidad de una fuente de corriente eléctrica, es decir, que ya puede ir pensando en añadir un cargador más en su vida.

Con todo, la mayor ventaja del libro electrónico consiste en permitir al lector la elección del tamaño de letra, el subrayado de párrafos enteros o el retorno a páginas anteriores (faltaría más), entre otras cosas.

Los lectores de papel, por otro lado, preferimos ver cómo los libros ocupan espacio en nuestra biblioteca. A los clásicos nos gusta subrayar ciertas palabras mientras leemos, anotar recuerdos al margen y no borrarlos nunca. A los lectores como nosotros nos atrae el olor del papel sin estrenar cada vez que compramos un libro. La gente que lee como nosotros no es indiferente tampoco al sentido del tacto satinado o rugoso de las hojas de los libros. Nosotros queremos sentir el peso físico de lo escrito en las manos y señalar los avances de la aventura con un marca-páginas personal, ya sea una fotografía, un sello o una rosa azul.

[artículo de opinión publicado el 8.02.2017, miércoles en @laverdad_es]

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Este es el dibujo de J. Ibarrola que LA VERDAD eligió para el artículo

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El sentido de la educación

17 November 2016

twitter: @eugenio_fouz

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EXILIO INTERIOR

 

“Insist on yourself; never imitate” (RALPH WALDO EMERSON)

Un amigo me hizo reír el otro día al contarme que cuando era pequeño mientras veía la televisión sus hermanos le hicieron creer que no era él el único espectador, es decir, que la gente del otro lado de la pantalla podía verle si el aparato estaba encendido. Tal cual. Como si se tratase de una pantalla de esas de doble sentido de la célebre novela 1984 de Orwell. Me confesaba que desde entonces le preocupaba sentarse a ver la tele de cualquier manera y que dejó de hurgarse la nariz y hacer gestos raros. Se ponía serio cada vez que salía en la pantalla una chica que le gustaba. Me río, pero yo habría hecho lo mismo.

Hoy, ese amigo y yo nos hemos vuelto a encontrar y hablamos de cómo pasamos de aquella extrañeza que nos produjo la televisión a la cotidianeidad de la realidad virtual. En fin, como decía, hablamos de la inocencia que vivimos los dos. Recordamos el respeto que sentíamos entonces por todo. Obedecíamos a nuestros padres y a los profesores y no éramos tontos ni ilusos. Teníamos miedos que eran reales. Había cosas que pasaban de verdad y te dejaban aturdido unos días o durante semanas. No teníamos prisa por ser mayores.

Ahora, los chavales no quieren eso. Aparentemente, los adolescentes quieren vivir lo que no les corresponde. Ellos prefieren saltarse etapas y pretender ser lo que no pueden ser todavía. Los adolescentes hablan como adultos, fuman y beben, salen sin límite, disponen de un teléfono propio con saldo, un perfil en las redes sociales y sueñan con ser famosos. Y que sea rápido. La verdad es que lo tienen fácil.

Esto viene a cuento de la noticia de la muerte de una chica, el pasado 1 de noviembre, a consecuencia del consumo desmedido de alcohol en una salida clásica de botelleo. Lo triste del caso es que los chicos conocen el daño que ocasiona la bebida sin control, saben que no tienen edad ni razones para beber, que las fiestas clandestinas con alcohol no están permitidas y, con todo, burlan a la policía y se refugian en lugares cada vez más escondidos para seguir la fiesta. La chica no quería morirse esa noche. Nadie quería esto. Y sin embargo, sucedió. Uno se pregunta para qué sirve la educación o qué significa hoy en día ser padre. Nos falta vivir la vida más despacio.

Es cierto que en otro tiempo, mi amigo y yo queríamos divertirnos y ser amigos toda la vida. Teníamos miedos, por supuesto, y sabíamos que si hacíamos algo mal nos tocaría pagarlo. Teníamos miedo al fracaso en la escuela, a caer mal, a no aprender nada; pero había una clase de obediencia, una idea clara de principios y valores que traíamos aprendidos de casa. Si había algo que nos asustaba de verdad era la posibilidad de que no nos quisieran nuestros padres. Queríamos ser queridos, que se preocupasen por nosotros. Queríamos ser buena gente, dicho de otro modo, ser educados.

 [artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 16 de noviembre de 2016]

 

O artigo mais triste sobre a inocencia dun neno e o seu sentimento de culpa

18 August 2016

twitter: @eugenio_fouz

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(fotografía de Gunnar Smoliansky.– ref. Blog “Trasdós” vía @20m)

Unas Navidades mi hermano Luis me regalaba un libro de artículos del escritor orensano Carlos Casares. El libro estaba escrito en gallego. Nada más empezar a leer me gustó el primero de los artículos titulado “Acto final”. En él, Casares cuenta la historia de un niño sorprendido por su padre en un acto íntimo que le produce mucha vergüenza. El padre habla con su hijo del castigo sufrido por quienes realizan ese ritual pecaminoso y la condena a muerte para aquellos que repitan el acto un determinado número de veces …

(1) 

https://medium.com/@eugenio_fouz/la-mujer-en-los-párpados-la-cuadragésimo-nona-vez-eugenio-fouz-c2280101668e#.12uyg0qq0

Hace unos años el diario LA VERDAD de Murcia publicó un artículo de opinión (1) en el que yo citaba “Acto final”. En muchas ocasiones quise volver a este relato mágico que tanto me gustó y que creí perdido entre los libros de mi biblioteca.

Hoy he vuelto a recordar el artículo de Casares a raíz de una conversación en @twitter que mantuve con la periodista gallega Ana Cermeño (@lacerme). Sé que a ella también le va a gustar leerlo todas las veces que quiera.

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Este es el artículo de Carlos Casares

Á MARXE, 1995 Obra xornalística IV

(EDITORIAL GALAXIA).-Vigo. 2006

Acto final

CARLOS CASARES

“Débolle a Billy Wilder a primeira risa do ano que comeza. Estaba onte lendo a súa biografía e atopeime cunha historia chea de malicia que merece a pena ser contada. Tratábase dun neno, amigo da infancia do celebre director de cine, a quen o pai sorprendeu un día facendo un pecado.

Co propósito de corrixilo, díxolle que se repetía aquel acto cincuenta veces, morrería. O rapaciño prometeuse a si mesmo emendarse, pero sen conseguilo. Por precaución, cada vez que sucumbía puña unha raia nun caderno.

Pouco a pouco, a pesar de estar convencido de que a súa debilidade o conducía irremediablemente cara a un fatal desenlace, a libreta íase enchendo de raias.

O único que conseguía con moito esforzo era ir retrasando o día da morte, que de todas maneiras se aproximaba de forma inexorable, tal como o seu pai lle tiña anunciado.

A raia número corenta e nove estivo bastante tempo pechando a serie, pero o demo arranxou todo para que a número cincuenta, e definitiva, fose trazada no lugar que lle correspondía.

Antes, o rapaz escribiulle unha carta cariñosa aos seus pais, na que lles explicaba como tiña loitado contra a tentación, pero que ao cabo ía caer por última vez e que rogaba que lle perdoasen.

Meteu a carta por debaixo da porta do dormitorio deles e alá se encamiñou cara ao acto final.

Por fortuna, Deus foi máis comprensivo que o pai do rapaz.”

Luns, 2 de xaneiro

[artigo escrito por Carlos Casares]

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El baile del pirata

23 April 2016

twitter: @eugenio_fouz

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[Johnny Depp, actor]

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EXILIO INTERIOR

El baile del pirata

EUGENIO FOUZ

“Nunca des una espada a alguien que no es capaz de sonreír y bailar.” (CONFUCIO)

Anteayer, mientras George Orwell discurría la historia de su distopía 1984, la ficción del Gran Hermano solo aparecía escrita en papel. Me propuse leer la obra antes de que el año dibujase los días en el calendario y lo logré. La novela describía una sociedad futura vigilada. Llamaba la atención la omnipresencia de las cámaras de televisión. Había una doctrina y un pensamiento que era el único aceptable. Hoy, treinta y tantos años después, hablaríamos de lo que es o no es políticamente correcto.

Volviendo al presente, resulta curioso que un desconocido decidiese filtrar de forma masiva a la prensa documentos comprometidos de cuentas bancarias de personas relevantes de la sociedad precisamente en el mes de abril. Ese es el mes en que el protagonista de la novela orwelliana comienza a escribir su diario personal. En la obra, Winston Smith compra un libro y este acto junto a la extravagancia del diario le convierten en un personaje clandestino. Winston va por libre y piensa por su cuenta. En pocas palabras, el señor Smith es un disidente.

Por entonces, hablo de 1984, no había Internet como lo conocemos ahora. Si hacemos caso a Wikipedia, la Worlwide Web no apareció hasta 1991. Con anterioridad a la sociedad distópica que el escritor británico había creado en su cabeza, la gente no se comunicaba por medio de teléfonos sin cable. Todavía se utilizaban líneas telefónicas fijas en los hogares y había cabinas de teléfono en las calles. Tuvieron que pasar varios años para disponer de teléfonos móviles que revolucionaron las comunicaciones, además de cambiar el estilo de vida de la mayoría de la gente. Era impensable cruzarse con individuos abducidos en la contemplación de datos o imágenes en una pantalla tocada de manera compulsiva. En aquellos tiempos nadie podía imaginar una sociedad como la actual, hiperconectada, adicta a la telefonía móvil y las redes sociales, exhibicionista, viral y sélfica.

Hemos pasado 1984 y la ficción fue superada. Hoy la vida se vive en mundos paralelos. La tendencia actual consiste en acercarse cada vez más a lo virtual y alejarse de lo real. Lo digital es lo que cuenta: ebooks, reputación online, apps para móviles, un tuit que te sube o te hunde. Somos Sims viviendo en un mundo audiovisual visto por otros Sims como nosotros. Esto es Second Life.

Hoy, en este mes tan cruel, los dedos de un pirata informático bailan sobre el teclado de su ordenador y desvelan los secretos de cuentas bancarias registradas en paraísos fiscales. Los llamados “Panama Papers” dejan en evidencia a quienes no son justos ni solidarios con el resto de la sociedad al evadir impuestos, pero la publicación de estos papeles demuestra el enorme poder del mundo virtual. El tratamiento de la información contenida en la red por parte de un hacker experto permite hacer mucho daño a mucha gente en muy poco tiempo. Esta vez los dedos del pirata hicieron un buen baile.

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es; miércoles 20.0416]

 

 

Nuevo perfil en twitter

15 November 2015

twitter: @eugenio_fouz

eugeniofouz

‪@eugenio_fouz

Netizen poet & blogger*; profesor de Inglés.

Soy twitter-adicto. Escribo EXILIO INTERIOR

en ‪@laverdad_es y colaboro en ‪@TheObjective_es

vía ‪#ElSubjetivo.

‪Murcia, ESPAÑA

‪notebloc.wordpress.com

[Se unió en septiembre de 2010]

¿Cuántos números de teléfono recuerda ahora?

6 August 2015

EXILIO INTERIOR
twitter: @eugenio_fouz

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“¿No os ha pasado nunca que cuando llegáis a la cocina y abrís la nevera no recordáis para qué habéis estudiado una carrera?” (@SuperFalete)

En un informativo de televisión alguien tuvo la ocurrencia de preguntar a la gente de la calle cuántos números de teléfono era capaz de recordar. La noticia dejaba a la vista el empobrecimiento progresivo de la memoria de casi todas las personas encuestadas. La mayoría de los viandantes reconocía su incapacidad de repetir sin errores un número de teléfono que no fuera el suyo. Las cosas como son, uno memoriza los teléfonos que le interesan, es decir, el teléfono propio y el teléfono de su pareja. Lo normal es que la gente recuerde los números de teléfono que marca con mayor frecuencia.

Recuerde el lector aquellos años en que solo había teléfonos fijos y el número de teléfono no se cambiaba nunca salvo que la familia se fuese a vivir a otra ciudad o a otra provincia. Resultaba extraño que un amigo no recitase de corrido el número de teléfono de su casa, el de tres tíos (de su familia), el número de dos amigos y el de los bomberos.

Recuerde el lector cuando no se conocía un número único gratuito de emergencias de tres cifras y tan fácil de recordar como el 112. Haciendo un poco de historia, tampoco existían los códigos provinciales telefónicos (968, Murcia) y para hablar con otra provincia teníamos que marcar un número de la centralita y pedir a la telefonista que nos pusiera una conferencia. Por aquel entonces era inimaginable extraviar un teléfono fijo. Cuando no conocíamos la telefonía móvil todo era distinto. Hace unos años salíamos a la calle solos, sin androide, y ocasionalmente hacíamos una llamada a casa o la casa de un amigo desde una cabina marcando ese número que guardábamos en la cabeza. Hace años contábamos con nuestra memoria para tareas cotidianas.

Hoy nadie aprende números de teléfono de memoria dado que todos llevamos un teléfono inteligente en el bolsillo que hace ese trabajo por nosotros. Ya no necesitamos memorizar estas cosas. Ahora la gente no se aburre. Nadie está solo. El tamagotchi de bolsillo nos acompaña a todas horas y hace las veces de reloj, teléfono y cámara de fotos. Sin embargo, no todo es bueno. La pérdida o sustracción de este dispositivo se ha convertido en la mayor preocupación de sus propietarios. En realidad, no está muy claro quién es el propietario y quién es el compañero de quién. El caso es que los datos almacenados en los teléfonos son mayores cada vez y más personales. Los usuarios de la telefonía inteligente han pasado de guardar unos números de teléfono a transformar los smartphones en su álbum de fotos, editor de correo y receptor de mensajes privados. Por si fuera poco, a estas funciones se suman otras como la función de alarma, GPS, juguete y un sinfín de cosas más.

Creo que deberíamos empezar a preocuparnos por recuperar nuestra memoria.

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es; miércoles 29.07.2015]


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