Posts Tagged ‘la vida’

Única

2 August 2017

twitter: @eugenio_fouz

Cuando intranquilo te preguntas por qué te encuentras así, raro y huraño. No dejas de darle vueltas a una cosa y la vida graciosamente te da la respuesta. Tienes, eso sí, que estar preparado para entenderla.

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“Ayer mismo me acosté teniendo 16 años” …

17 January 2016

twitter: @eugenio_fouz

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Un artículo de Rosa Montero (@BrunaHusky) sobre la vida, la madurez y el paso del tiempo. Lea despacio y disfrute.

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Aviso a navegantes

por

Rosa Montero (@BrunaHusky)

Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera

3 ENE 2016 vía @el_pais

Esto es una advertencia: ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta. Quiero decir que la vida vuela. Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera. Lo que acabo de decir es una boutade, lo sé; pero, al mismo tiempo, es cierto que, con los años, llegas a un territorio, el de la vejez y la Parca merodeante, que antes nunca habías visto con verdadera claridad. Y entonces te dices: ah, cuánto tiempo perdido. Y no porque mi existencia me desagrade, al contrario, creo que ha sido y es muy intensa y que he hecho todo cuanto he querido hacer. Pero con qué nervios, de qué forma tan atormentada o tan aturullada, cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte. Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca), o en reconcomerme de angustia temiendo no estar a la altura en algún trabajo. Por eso, repito: si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.

Todo esto viene al hilo, claro está, del cambio de año. Esto del calendario no es más que una convención, pero cómo remueve y cómo escuece. En estas fechas es imposible no dedicar siquiera un minuto a sentir el viento del tiempo contra la cara, a revisar someramente el pasado, a preguntarte sobre tu futuro. Acabo de leer un libro extraordinario que viene bien para acompañar estas congojas. Se trata de Instrumental: memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes (Blackie Books). El británico Rhodes tiene una biografía totalmente improbable. Por ejemplo, es pianista, un buen concertista. Sin embargo, empezó a estudiar piano mal y tarde, y luego lo dejó por completo durante 10 años hasta retomar la música en sus veintimuchos. No creo que haya habido en el mundo un caso así. Si abandonas un instrumento de ese modo, simplemente no es posible ser un músico de esa calidad. Pero él lo es. He aquí su primer milagro.

Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día

Tiene varios más, algunos espeluznantes. El libro de Rhodes cuenta con una crudeza que yo no había visto la experiencia de una víctima de pedofilia. A los seis años recién cumplidos, James fue violado por su profesor de boxeo del colegio. Y el tipejo lo siguió haciendo durante cinco años impune y sistemáticamente, hasta que Rhodes cambió de escuela. El niño, amenazado por el pedófilo, avergonzado y amedrentado, no dijo nunca nada a nadie; pero otros profesores lo veían llorar, lo veían salir con las piernas sangrando del despacho del monstruo y no hicieron nada. El libro de Rhodes es un grito indignado a esa pasividad tan común ante los abusos infantiles. Como las pequeñas víctimas no se atreven a denunciar, es muy cómodo ignorar un horror que se queda escondido, como los malvados ogros de los cuentos, en los cuartos oscuros y en las pesadillas de los niños. Y otra enseñanza más de este tremendo libro: las violaciones dejan secuelas. En primer lugar, graves secuelas físicas, porque es una brutalización continuada de un cuerpo muy pequeño (el músico tuvo que ser operado varias veces); y, por supuesto, una catarata de catástrofes psíquicas. Prostitución en la adolescencia, un año de internamiento en un psiquiátrico, tres intentos de suicidio, cortes autoinfligidos con una cuchilla, drogas, furia y dolor. Y este es el segundo milagro: ha sobrevivido a todo eso.

Tercer milagro: James es la prueba de que el arte y la belleza ayudan. En el caso de James, es la música lo que amansó su fiera interior. Todos podemos y debemos recurrir a ello: cuanta más belleza en nuestras vidas, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales.

Pero aún queda por contar un cuarto milagro. Aunque la existencia de Rhodes parece larguísima y convulsa, sólo tiene 40 años. Guau, eso es vivir deprisa. Como decía Lou Reed: mi día equivale a tu año. Pues bien, al final el autor apuesta por su segunda esposa, Hattie, y se atreve a dar unos consejos para el bien amar. Antes, al leer el libro, Rhodes me había parecido un hombre conmovedor y admirable, pero también furioso y herido, demasiado intenso como para tenerlo muy cerca. Pero en estas páginas finales habla de la convivencia con tan modesta, honda sabiduría que me ha dejado admirada. Como, por ejemplo: “Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando”. Pequeña gran verdad. Hace falta vivir mucho y pensar mucho para llegar a tan poco. O sea, que se puede aprender, aunque vengas con las heridas más crueles. Se puede recomenzar una y otra vez. Aviso a navegantes para sortear los escollos de este año: recordemos que, como prueba Rhodes, siempre hay futuro. Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día.

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I want to believe, I want to believe

11 September 2014

twitter: @ eugenio_fouz

Uno de los mejores tweets de @MejoresTwits

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La Gran Araña nos observa desde arriba

15 November 2013

 

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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“Usted es un hombre que ve una ofensa en un ramo de rosas” (Enoch Thompson, “Boardwalk Empire”)  

 

Una chica de 22 años, Gabriela Hernández, aparece muerta en su apartamento de la ciudad de Veracruz en México. Su hermano mayor encuentra el cuerpo sin vida de Gabriela colgado de una viga. Según se desprende de las informaciones facilitadas por la prensa mexicana, la joven estudiante de telebachillerato arrastraba una depresión desde hacía tiempo probablemente motivada por una relación amorosa virtual con un joven de otro país. Quizás esa mezcla dañina de ausencia y lejanía de los enamorados provocó el malestar en la joven; o tal vez no fuera ese el motivo que llevó a “la jarocha” a tomar la decisión de suicidarse.

Enamorarse no es noticia, pero matarse por amor sí lo es. Amar a alguien es afirmar la vida; matar a alguien, incluso matarse uno a sí mismo es la negación de la vida. Aparentemente Gabriela se suicida por amor y prepara previamente el escenario a su antojo para publicarlo en la célebre red social conocida como facebook. La adolescente de Veracruz convierte una confesión privada en un acto público restándole valor a una situación amorosa personal y exclusiva.

No entienda este escrito como una acusación a la joven. No la culpo de nada, pero me apena  pensar que hoy las cosas suceden de esta manera. El mundo es un pañuelo y decisiones que tendrían que llevar un tiempo de cavilación como pueden ser una ruptura amorosa o un desengaño se solucionan por la vía rápida sin darle tiempo al tiempo, sin dejarle espacio a la lentitud, la mesura o la calma. Esta vez se trata de algo tan serio como un suicidio.  

En este mundo en el que vivimos estamos perdiendo cosas que no tendríamos que perder. Hemos renunciado a la privacidad y al pudor de forma voluntaria. Aquellos que supieron lo que era la falta de libertad hoy saben en qué consiste  ser libre. Haga la prueba y hable a la gente de compromiso y lealtad, hable del barbecho y la espera y no tardará en oír protestas y quejas, precisamente de quienes no conocen nada de eso. Lo que hace años se lograba con el trabajo de los brazos y las manos hoy se reduce a dos dedos deslizándose por la pantalla de un dispositivo electrónico hiperconectado a la red. Muchos están atrapados y no lo saben, o si lo saben no parece importarles. Salga a la calle, al tranvía, a los bares y observe cómo vivimos la vida en la tela de araña.

Lo que sucedió el día 8 de noviembre en el apartamento de Gabriela podría titularse como aquella novela de Gabriel García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”. Nos creímos que la vida estaba hecha para contarla pero no es así. Ah, ojalá Gabriela hubiese escuchado esa frase budista sobre la vida que dice: “al final solo importan tres cosas: cuánto has amado, con qué gracia has vivido y cómo has sabido dejar pasar de largo las cosas triviales

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el miércoles 13 de noviembre de 2013)

Escribir en rosa

29 September 2013

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 

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(Toulouse Lautrec, pintor) 

 

“Desmayarse, atreverse, estar furioso” (Lope de Vega)

 Escribir por la mañana temprano mientras todos duermen. Levantarse al rato para preparar café medio a oscuras. Pensar que no hay nada que decir y creer que la vida se fundió como una bombilla en ese instante. Recordar un soneto de amor que empieza “Desmayarse, atreverse, estar furioso…” y olvidar cómo sigue. Decidir que aquel escrito no estaba bien. Trabajar a deshora. Meditar. Escuchar la voz de un pájaro madrugador a pocos metros de mi ventana. Estar feliz y triste a la vez.

De repente saber que la vida es corta y la muerte se alarga. Leer periódicos atrasados, subrayar párrafos enteros en un libro. Oír la radio medio dormido. Sentirse a disgusto por un mal gesto o un apretón de manos negado. Ponerse en el lugar de otro y creer entender lo que se siente. Tener la certeza de que de los fracasos se aprende. Darse cuenta de que el pájaro se ha callado. Verse  solo.

Sobresaltarse porque los minutos volaron y la cafetera italiana ya ha soplado. Levantarse de golpe y apagar el fuego. Servirse el café y volver a plantearse qué artículo de opinión debía haber escrito. Mirar absorto la pantalla mientras las letras suben desde el teclado. Contar casi las palabras, pensar no sé cómo salir de este embolado. Parar, coger el tazón y echar un trago extralargo. Toser, callar y seguir aquí  sentado sin saber si escribir de nuevo o borrarlo todo dándole un toque de meñique al “backspace”.  

Tener conciencia de la pena de saber que moriremos un día. Medir el tiempo que nos queda en años, hojear agendas y calendarios. Tener un reloj que nos ata y nos gobierna como decía Cortázar. Ser un esclavo. Obedecer una rutina y comprometerse. Pensar más de lo normal en la muerte. Vivir más tiempo la vida cuando la gente se muere y no hacer nada. Esperar. Resistirse y no morir. Tener insomnio. No dormir. No dar la cara. Tener mala memoria, olvidar y dejar que todo pase. Permitir la injusticia, escribir en prosa, responder a todo en silencio. Tener miedo y no ser uno mismo. Redactar mal. No pararse a oler una rosa. Disimular. Perder el tiempo, pensar en otra cosa.

Enamorarse de una mujer. Gustarte hoy más que ayer. Verla leer y que te mire extrañada y te sonría. Que vuelva a cantar el pájaro que se había ido y que llegue acompañado. No estar solo. Ser feliz un rato, escuchar a esos dos en un coro.

Descubrir un poema hermoso y ver amanecer. Tener un libro nuevo sin leer. Encontrar los papeles perdidos, saber que alguien te quiere bien. Echar de menos a un hermano, recordar un chiste bueno. Escribir bien, sentirte ufano. Jugar a algo sin darte cuenta y ganar tú. Relajarte de verdad. Pasear para hablar. Cenar con ella y tener vino blanco en la mesa. Leer. Enamorarte otra vez un poco más. Soñar. Escribir en rosa.

 

(artículo de OPINIÓN publicado en @laverdad_es -13.06,2013)


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