Posts Tagged ‘Julio Cortázar’

El diario a diario (Julio Cortázar)

31 July 2018

twitter: @eugenio_fouz

El diario a diario

Julio Cortázar

Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

FIN

Advertisements

Autopista del Sur (con permiso de Cortázar)

14 September 2017

twitter: @eugenio_fouz

 

Un tuit de Mikel Alonso (@mikelalonnso en Twitter) me recordó esta anécdota vivida en la autopista del Sur de regreso a casa.

*

Autopista del Sur (con permiso de Cortázar)

Algo de razón tienen que llevar los americanos cuando predican con el ejemplo y ponen en práctica la idea de ser siempre amables con los extraños. Tópico o no, esta es una de las características del American way of life.

Quien es forastero en esta comunidad murciana aprovecha la época navideña, entre otras, para reunirse con su familia y amigos, para el reencuentro. Antes de acabar este tiempo, porque uno ya no sabe si pertenece más a un lugar o a otro, regresa al sur. Y el tiempo pasa dentro del coche, en medio del tráfico, la niebla en el Puerto del Manzanal en León, y otros, el viento y la lluvia a la vuelta, cerca de Albacete. Y son muchas las horas y los mensajes que la Dirección General de Tráfico nos señala en paneles de luz. Estos días, viajando de un sitio a otro, se leían avisos que sonaban a amenazas o conjuras de mal fario con el total de personas muertas en una comunidad autónoma el pasado año 2007 a causa de accidentes de tráfico. Y lo cierto es que ese tipo de mensajes no es el más apropiado para nadie por su fuerte componente pesimista.

Por poner un ejemplo, no es lo mismo dar a conocer el número total de suspensos del curso pasado a un alumno poco activo, que hablarle de las posibilidades de mejora mediante el estudio y el esfuerzo. Lo más probable es que ese alumno se desanime y renuncie a cualquier tentativa de progreso. Sería quizás recomendable hablarle de la importancia de prestar más atención al profesor y estudiar en casa habitualmente. A ese hipotético estudiante podría venirle bien explicarle los valores positivos de la lectura, de la reflexión, de la consulta de varios manuales o de la práctica escrita de ejercicios, entre otras cosas. Podría ayudarle mucho darse cuenta de la diferencia entre no hacer nada y empezar a hacer algo.

Pero volviendo al tema del viajero, la campaña de la Dirección General de Tráfico este año tuvo también un mensaje vitalista e ingenioso: «gracias por no arriesgar». Y, créame, aquí hasta uno se convence de estar haciendo bien las cosas. Y se conduce mejor, sin arriesgar. Feliz de que alguien se acuerde de lo bueno. Este tipo de mensaje es preferible siempre.

El caso es que quien escribe ahora mismo pensaba tratar del paso del tiempo al haber terminado ya un año y empezar otro, de los regalos más esperados de los Reyes Magos este año, pero uno escribe exaltado como García Martínez y se le hace muy difícil callarse lo que ha vivido en este viaje de regreso en la autopista en la R-3 cerca de Madrid en dirección a Valencia/Murcia.

El día que ocurren los hechos es el jueves 3 de enero de 2008. Son alrededor de las 10.20 horas de la mañana y un coche blanco se detiene unos minutos en una cafetería. Al rato reanuda la marcha. Sin haber transcurrido ni cinco minutos, un familiar llama a uno de los ocupantes. Le dice que alguien le acaba de telefonear desde un teléfono móvil en su lista de conocidos. Ese hombre, un extraño, le cuenta que se ha encontrado un bolso junto al vehículo blanco estacionado en la cafetería unos minutos antes. El familiar le indica que llame rápidamente al teléfono perdido, y es entonces cuando se da cuenta de que es verdad que no tiene su bolso.

Desde otro teléfono móvil llama a su propio teléfono al que un desconocido responde. El bolso lo había encontrado en el suelo del aparcamiento y contenía llaves, documentos, móvil, tarjetas de crédito, algo de dinero y décimos de lotería (sólo premiados con el reintegro, por cierto). El hombre viaja con su mujer y su hijo en dirección a Valencia. Se ofrece a reunirse con ellos en la primera estación de servicio a la vista.

Y, bueno, así lo hace unos diez minutos más tarde, sin dar tiempo más que a una breve presentación, un par de abrazos agradecidos y esta sensación de que pertenecemos a un género bueno, a veces. Y es que la gente honrada todavía conduce coches de esos en los que la matrícula nos deja ver y creer en el origen de cada uno. Este lleva una O de Oviedo. Y el asturiano, porque su acento era de Asturias, se llama Vicente.

Y ya no queda casi tiempo para hablar del paso del tiempo, del balance del año pasado, de la gente que habla de matar el tiempo cuando lo que hay que hacer es darle vida al tiempo, vivir intensamente, de la cita de Juan Cruz en su blog de El País, del año en que a alguien le tocó el Gordo en ‘la autopista del Sur’ o de los regalos de Reyes más deseados como la Wii, el mp4, el ipod, los libros y la colonia.

En fin, sólo queda agradecerle que no arriesgue su vida ni la vida de los otros en la carretera, que la próxima vez que esté en autopista trate de emular a individuos como Vicente y que Melchor o quien le corresponda le haya dejado un regalo precioso esa noche.

¡Sea bueno y buena suerte!

 

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 17 de enero de 2008)

*

El arte pigmeo (Pedro de Miguel)

19 March 2017

twitter: @eugenio_fouz

***

Ahora estoy a la caza y captura de microrrelatos, esos pequeñas obras intensas de literatura parecidas a largos tuits que favorecen la entrada en la ficción.

(He encontrado este artículo de Pedro de Miguel publicado en El Mundo que guardo a continuación)

*

EL MICRORRELATO: ESE ARTE PIGMEO

Por Pedro de Miguel

vía elmundo.es

Microcuento, minicuento, cuento minúsculo, cuento en miniatura, incluso cuentículo… Existen demasiadas denominaciones para dar cuerpo al cuento brevísimo, entre las que parece imponerse la de “microrrelato”.

Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas -basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek-, parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines. No faltan en nuestro país brillantes cultivadores del microrrelato, como Luis Mateo Díez, Max Aub o Antonio Pereira, y es raro el escritor que no haya perpretado uno alguna vez.

El microrrelato hunde sus raíces, como toda literatura, en la tradición oral, en forma de fábulas y apólogos, y va tomando cuerpo en la Edad Media a través de la literatura didáctica, que se sirve de leyendas, adivinanzas y parábolas. Algunos han visto el microrrelato como la versión en prosa del haiku oriental y otros lo han hecho derivar de la literatura lapidaria.

Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.

En la segunda mitad del siglo XX el microrrelato llega a su madurez. Ya no se trata de un ejercicio de estilo, de una pirueta de agudeza o de un retazo más o menos misterioso de prosa poética. El microrrelato se presenta como una auténtica propuesta literaria, como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética posmoderna. Algo que tiene que ver con Italo Calvino y sus “Seis propuestas para el próximo milenio”, con sus “hibridaciones multiculturales”, como ha señalado Enrique Yepes, uno de los estudiosos de este arte pigmeo. El cuento brevísimo es la arena ideal donde se bate la moda de la destrucción de los géneros, hasta el punto de que resulte imposible -e inútil- tratar de definirlo, distinguirlo o envolverlo de legalidad.

Proliferan así estos “cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas” -según expresión del argentino David Lagmanovich- que, con su despojamiento, ponen a prueba “nuestras maneras rutinarias de leer”. Para diferenciarlos de los aforismos, las frases lapidarias o los miniensayos, deben cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extravagantemente concentrada. Son, casi siempre, ejercicios de reescritura, o minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo.

Pero queda una sospecha: ¿no habrá en todo esto un poco de pereza? Con su humor de siempre, Augusto Monterroso parece sembrar la duda cuando escribe: “Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto”.

“Toco tu boca” (JULIO CORTÁZAR)

3 November 2016

twitter: @eugenio_fouz

julio-cortazar-foto-alfaguara_lrzima20140822_0092_4

Capítulo 7, Rayuela (JULIO CORTÁZAR)

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. 

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

 

Leer un tuit y releer a Cortázar

27 August 2016

twitter: @eugenio_fouz

(Natalie Porman, actriz)

*

Y todo por este tuit:

https://twitter.com/SuperFalete/status/769123948445495296

*

Rayuela: Capítulo 68 [Fragmento – Texto completo.]

Julio Cortázar

fuente: http://ciudadseva.com/texto/rayuela-capitulo-68/

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.”

**

 [lenguaje glíglico, inventado por Cortázar]

Cuando crees que la tristeza o la alegría no tienen una razón de ser…

17 May 2015

twitter: @eugenio_fouz

2015-05-09 22.14.20

descubres y giras te …

{Invertido}

   mira nos que Ángel el 

2015-05-08 18.07.29

El artículo de Claudia Piñeiro que me sedujo despacio

6 December 2014

twitter: @eugenio_fouz

IMG_20141130_112514

El artículo de Claudia Piñeiro lo leía hace tres días en la edición impresa de EL PAÍS del domingo 23 de noviembre de 2014. Ví que la autora del texto era además escritora. Su cuenta en twitter es : @claudiapineiro

LA CUARTA PÁGINA

Quien escribió en Wikipedia que fallecí el 26 de noviembre de 2015 a las 16.45 usó esa página como si fuera una pared donde pintar un grafiti. El anonimato es el gran talón de Aquiles del sistema virtual

@el_pais 23. Nov.2014

 **

No me morí mañana

CLAUDIA PIÑEIRO

“Hace un par de semanas, domingo a la media noche, ya metida en la cama poco antes de apagar la luz y dormirme, me dispuse a dar una última mirada a las redes sociales y a mi correo electrónico. Grave error si uno quiere dormir placenteramente. Pero allí estaba yo, leyendo un tuit de alguien que no conozco y que decía: “@claudiapineiro . Me asusté xq me metí en Wikipedia y vi que te habías muerto pero cuando me di cuenta d q era 1 fecha futura me tranquilicé”.

Se tranquilizó él y me intranquilicé yo. Después del primer impacto me metí en mi página de Wikipedia, algo que no había hecho antes, y allí estaba el texto: “Murió el 26 de noviembre de 2015 a las 16.45”.

En medio de la perturbación inicial, enseguida me vino a la cabeza El perseguidor, de Julio Cortázar, y su famosa frase que desestructura el tiempo tal como lo conocemos, dicha por Johnny Carter, el músico de jazz protagonista de esa historia: “Esto lo estoy tocando mañana (…) Esto ya lo toqué mañana. Es horrible”. Allí, en el futuro, estaba la peor cuestión. No en el anuncio de una muerte que si hubiera sido anterior se podría haber desmentido con el solo hecho de que yo aún seguía respirando. Un presente futuro para Johnny, un pasado futuro para mí.

En cuanto pude dejar a Cortázar para volver al problema concreto y luego de molestar con el asunto a mis hijos y a mi pareja, fui a pedir ayuda a las mismas redes sociales —algo que he hecho muchas veces antes y casi por instinto—. Escribí un tuit que cito de memoria: “Alguien puso en mi biografía de Wikipedia que morí el 26 de noviembre de 2015. ¿Saben cómo puedo corregirlo”. Enseguida empecé a recibir ayuda de amigos tuiteros, la mayoría de los cuales no conozco.

Alguno me explicó cómo editar en Wikipedia, otro se ofreció a hacerlo él mismo y de hecho lo hizo. Varios fueron aún más allá, lo que no dejó de ser inquietante, ya que me demostró con qué facilidad se pueden seguir nuestros movimientos en las redes y fuera de ellas. Así fue como al rato un amigo me mandó la IP, clave que identifica la computadora desde donde se anunció mi muerte futura. Otro usuario de Twitter me pasó la latitud y la longitud del lugar donde está instalada esa computadora según la misma IP. Algún otro ciber-amigo me mandó la captura de una imagen de Google Map con la ubicación precisa. Incluso un tuitero más actualizado en todas estas herramientas virtuales subió a la red la foto de Google Street View en la que aparece la entrada del edificio donde está dicha computadora.

No éramos CSI aquella noche, sin embargo, toda esta información me llegó en menos de media hora. Y como para esa altura de la madrugada la ayuda de mis amigos, pero sobre todo su compañía, habían distendido la cuestión, un tuitero se permitió bromear con que el viejo canoso que aparece en la foto, tomada por Google Street View vaya uno a saber cuándo, debía ser el “asesino”.

Lo cierto es que a las pocas horas el sistema (o sea todos nosotros) había puesto en funcionamiento sus anticuerpos y la cuestión formal estaba solucionada. En cambio, la otra cuestión, el hecho de que alguien se tomara el trabajo de anunciar mi muerte, siguió un tiempo más en mi cabeza y me permitió reflexionar sobre algunas cosas.

La más importante, que el mundo virtual en el que vivimos —mundo que yo valoro y en el que participo activa y hasta exageradamente— viene demostrando a diario uno de sus mayores riesgos: olvidarnos que del otro lado hay una persona. Ahí está la paradoja. Hemos creado un sistema de comunicación e intercambio de información fabuloso, pero no siempre entre personas. El que anunció mi muerte futura no pensó en mí, en esa mujer que metida en la cama poco antes de dormir lee que ha muerto en el futuro cercano. El suyo no fue un acto privado sino un acto público.

Quien escribió en mi biografía de Wikipedia usó esa página como si fuera una pared donde pintar un grafiti que desea que todos vean. Pero del otro lado estaba yo. Y otros varios. Mi amigo tuitero desconocido que se inquietó con mi muerte, los que me ayudaron, mis hijos, mi pareja, los amigos o los desconocidos que se preocuparon, y hasta los que me agredieron. “Eso te pasa por vanidad, por entrar a ver qué dicen de vos en Wikipedia”.

Quien anunció mi muerte no tiene por qué saber que este año tuve un grave problema de salud, que estuve internada en terapia intensiva varios días y, menos aún, que el alta médica final coincidirá con la fecha que se le ocurrió como el día de mi deceso. No tiene por qué saberlo. Las redes nos corrieron del lugar de personas para convertirnos en otra cosa. Un fake, un nombre de fantasía, un huevito en el lugar que debería ocupar nuestra cara.

El anonimato es el gran talón de Aquiles del sistema virtual. Antes, hace unos cuantos años —parecería que en la prehistoria— cuando alguien quería insultar a otro, escupirle la cara, darle un puñetazo o inclusive clavarle un cuchillo, debía ponerse frente a él y mirarlo. Hacer contacto visual aunque sea un instante.

En ese breve momento anterior a la agresión, los dos, agresor y agredido, eran personas. Hoy, en esta virtualidad, no. No sabemos quién es el que agrede. Pero lo que es peor aún, perdemos la consciencia de que el agredido también es una persona que puede sufrir con nuestro propio acto. Dejar de mirarnos antes de lastimarnos, o de abrazarnos, o de tocarnos, creo que es uno de los mayores riesgos de las redes.

Me han preguntado muchas veces si finalmente supe quién fue el que anunció mi muerte futura. No lo sé. No quise saberlo. Sin embargo, —tal vez por deformación profesional y como si fuera el personaje de una novela— me imagino al que una noche de domingo escribió en mi biografía de Wikipedia para dejar apuntado que morí un 26 de noviembre a las 16.45.

Lo imagino como un joven o una chica, aburrido, en ese atardecer dominguero que se lleva lo poco que queda del fin de semana, tratando de hacerse el chistoso frente a sus compañeros de colegio que al día siguiente tienen que entregar una monografía sobre un libro que escribí y que irán a buscar datos a Internet para completarla.

Me lo imagino riendo al día siguiente, divertido porque varios de sus amigos cayeron en la trampa, esperando que el profesor lo note y los repruebe. Un joven/chica aburrido, una tarde de domingo, ignorante del daño que me causa. Ignorante de mi inquietud y la de aquellos que me quieren. Anunciando una muerte que probablemente no desea. Sin que yo sea para él una persona sino nada más que una pared donde escribir un grafiti.

Y mientras tanto yo que, como diría el Johnny de Cortázar, no me morí en el próximo 26 de noviembre de 2015 a las 16.45. O eso espero.”

*

Lea el artículo completo en versión PDF:

https://tinyurl.com/y7tkfhz9

*

La evolución del género homo

22 February 2012

twitter: @eugenio_fouz

 

(Forges)

¿En qué sentido avanzamos? ¿Logrará el hombre prescindir del juguete electrónico para vivir un poco? Cortázar contaba que uno se equivocaba al creer que al recibir un reloj de regalo era afortunado propietario. El escritor decía muy acertadamente que uno mismo era el presente para el reloj, su esclavo.


Journalism As Literature

A graduate seminar at the University of Florida

Suspendermen

Elements of True Gentlemen

Elloboestaaqui

Disentería literaria

Garrafablog

El primer blog de Garrafón en habla hispana

A Guy's Moleskine Notebook

Books. Reflections. Travel.

Cass in the Wilds

Stick your face in the schnoz of a dandelion

efnotebloc

crear siempre, aprender y guardar la llama