Posts Tagged ‘Juan Tallón’

Blogroll, llevatilde, tiza, alfa, beta & zeta

29 July 2017

twitter: @eugenio_fouz

[café, moleskine, bolígrafos]

Estos días he hecho cambios en la lista de blogs (blogroll). Ahora hay 24 blogs en total. Este listado aparece en la columna lateral derecha de la portada. He incluido como novedad un proyecto del año 2017 consistente en un diario de trabajo de Educalab INTEF sobre alfabetizaciones múltiples. La bitácora (blog) se llama “Tiza, alfa, beta & zeta” y está editada en storify. Ayer estuve añadiendo textos, fotografías, adagios, tuits y enlaces que me parecen interesantes. Esta bitácora no está cerrada del todo. Una de las razones, quizás la primera, que me impulsó a entrar de nuevo en ella fue el hecho de que algunas web había cambiado o desaparecido y tuve que buscar y encontrar otras para enlazar escritos o recuerdos de forma abierta. Tuve que habilitar PDF. Archive para sustituir a Dropbox público. Finalmente, he puesto SlideShare de LinkedIn en sustitución de PDF Archive. Por otro lado, Dropbox y PDF Archive siguen siendo útiles a pesar de todo. Había una página del código Morse explicado por un colegio católico que yo había aprendido en los Boy Scouts y al que se había perdido el acceso en PDF Archive. Este fue el principal motivo: dejar los documentos propuestos en abierto y disponibles.

Cito textos de Ricardo Moreno (los comparto vía @SlideShare), enlaces directos a un texto magnífico de Juan Tallón en Jot Down magazine, adagios de Ulya compartidos en Twitter, consejos sobre cómo utilizar adecuadamente el teléfono móvil en la escuela, códigos, reflexiones sobre educación, artículos de opinión, tuits, vídeos, GIFs, imgur, etcétera.

Para entrar a los documentos de Slideshare el lector tendrá que disponer de una cuenta en LinkedIn, descargarlo o leerlo directamente si quiere, o puede seguir las instrucciones que se detallan en un texto adornado con la fotógrafía de Catwoman publicado este mes de julio de 2017 en este mismo blog titulado  “De Dropbox a SlideShare pasando por Hubic, Drive y PDF-Archive” y en la bitácora “Tiza, alfa, beta & zeta” también, por supuesto. En breve, debe añadir a la terminación PDF un punto y las letras jpg. Pero mejor léalo en el post.

http://tinyurl.com/yb3vogbv

Además he dejado a la vista un enlace directo a una página de ortografía española que se llama llevatilde.es de utilidad para quienes resolver esta clase de dudas. Esta página web explica por qué lleva tilde una palabra o por qué no la lleva. En la columna lateral del blog justo después del icono de los cuatro libros I PLEDGE TO READ THE PRINTED WORD

http://llevatilde.es

*

Gente de pocas palabras (Juan Tallón)

14 January 2016

twitter: @eugenio_fouz

tallon

[Juan Tallón, escritor]

Desde que leí un relato de Juan Tallón no he dejado de curiosear casi todo lo que escribe. Este artículo fue publicado en Jot Down magazine el 27 de marzo de 2013.

**

Gente de pocas palabras

por Juan Tallón

Hablar no es malo, pero hablar poco es mejor. Se acaba antes. En general, hablar debería ser una operación breve más a menudo. No hay tanto que decir, a fin de cuentas. Todo debiera ser relativamente breve, casi siempre, para pasar al siguiente punto, o irse a casa. Ciertas frases, después del primer verbo, se vuelven muros grasientos, infranqueables. Pronunciarse con brevedad encierra su dificultad, claro. No todo el mundo vale para ser gente de pocas palabras. Digamos que no basta callar, sin más. Un individuo parco, reservado, no es alguien silencioso, que nunca tiene nada que decir. En absoluto. Es más, tiene probablemente mucho que decir, pero renuncia, o lo dice en corto, codificado, hacia dentro. Pocas palabras no es simplemente mucho silencio a su alrededor. Las pocas palabras son otra cosa. De entrada, son las que son, las justas, las que se necesitan, ni una más. Pocas, aunque algunas. Son cierta filosofía de la sobriedad, y la idea de que la vida pasa enseguida, en especial cuando la cuentas con muchas frases. Esa actitud hay que poseerla. No se imposta. Ni se improvisa, a menos que lleves toda la vida ensayándola. Alguna vez leí que cuando William Faulkner murió, en su pueblo natal de Oxford, Mississippi, los negocios locales pusieron un cartel que decía: “En memoria de William Faulkner, este negocio permanecerá cerrado desde las 2.00 hasta las 2.15 pm. 7 de julio de 1962″. Fue un homenaje modesto, corto, brevísimo, pero que la historia no olvidó. La brevedad es efectiva, y no por ello breve, si deja eco.

En mi último puesto de trabajo remunerado, en un ministerio que no viene al caso, había un ordenanza en la segunda planta, pequeño y calvo, que te abría la puerta y te daba muy bien los buenos días, apenas en dos palabras, y cuando le preguntabas cómo estaba, te respondía “chst”, en solo una, encogiéndose de hombros. Así durante 11 meses, hasta que me echaron y les dije “chao”, en italo-gallego, y muy brevemente también. Muchas veces la gente de pocas palabras, a la que hablar le produce gran pereza, incluso frustración, porque sospechan que no sirve de nada, resulta más interesante que aquella locuaz. Lo digo por el ordenanza, que hasta dónde averigüé, preparaba un ensayo sobre el chotis desde hacía 30 años. Los individuos que guardan silencio después de unas breves palabras, también pueden ser elocuentes, a su manera. Nunca aburren. El secreto de aburrir es contarlo todo, como si fueses un vulgar y exhaustivo escritor de diarios. David Padilla, artista jienense conocido por ser hombre de pocas palabras, ejerce la soltura en la comunicación a través solo del arte, en silencio. Hablar sobre algo que de por sí ya se explica, le parece una pérdida de tiempo, de ahí que su última exposición se titule Mejor pintar. Es decir, mejor pintar que dar cháchara. Hay teóricos de la creación, y a su vez creadores, como Jean Echenoz, que consideran que el autor poco tiene que decir de su obra. “Un libro no se escribe para después hablar de él, sino para no tener que hablar, sobre todo para no tener que hablar”, sostiene.

Los grandes discursos se pudren enseguida. Con el tiempo, como muchísimo sobrevive una frase, aguda, inmortal, hecha de pocas palabras, y bajo la que late el espíritu inconfundible de lo breve. Esa resistencia suya al paso del tiempo, inquebrantable, es la prueba de que tampoco había tanto que decir. Italo Calvino abordaba el tema en la línea de Echenoz. O viceversa. Él lo dijo antes. Y corto: “No es seguro que el autor sepa más de sí mismo que el lector. Lo que cuenta es la obra. Los que hablan de sí mismos mienten siempre. Yo, además, no repito nunca igual la misma historia dos veces seguidas, porque sería muy aburrido. Así que en mí es mejor no confiar”. La parquedad de Calvino procedía de sus antepasados. Era, digamos, una parte de una herencia. En su familia siempre tuvieron la costumbre de la timidez y el silencio, salpicado solo de vez en cuando por una frase. Cuentan que en 1984 Italo estaba en Sevilla con su mujer, Chichita, argentina de origen. En un hotel de la ciudad, Jorge Luis Borges, ciego desde hacía tiempo, estaba reunido con un grupo de amigos. Llegaron también los Calvino. Mientras Chichita hablaba con su compatriota, Italo, como era norma de la casa, se mantenía a una prudente distancia. Su mujer, que lo conocía bien, le susurró al autor bonaerense: “Borges, Italo también ha venido…”. Apoyado en su bastón, Jorge Luis Borges irguió la barbilla y dijo con la hermosa calma de los ciegos: “Lo he reconocido por su silencio”. No es que Borges fuese un charlatán, ojo. Hubo un encuentro entre él y Juan José Arreola, en 1978, durante una visita del escritor argentino a México. Arreola era conocido por su capacidad para hablar durante horas, buscando, infructuosamente, el punto final. Pese a ello, el encuentro acabó. Al salir, le preguntaron a Borges qué tal le había ido con Arreloa. “Bien, él hablaba, y me dejó intercalar algunos silencios”, confesó.

Hablar se vuelve por momentos una montaña escarpada, traicionera, en cuya cima no hay gran cosa, salvo vistas a la niebla y bajas temperaturas. Cada frase es una tribulación, el martirio. Hay que concebirla, pensarla, estructurarla, enunciarla, esperar que se entienda, lo que a menudo no ocurre, afrontar las reacciones, y comenzar otra vez, frase nueva, pensar, estructurar… Juan Carlos Onetti, camino ya de sus años cabizbajos, en su piso madrileño de la Avenida de América, recibió un día una invitación para impartir una conferencia en México D.F., en el marco de un congreso de escritores. Todo el mundo sabía cómo era Onetti de parco. Le costaba dar conferencias, incluso dar monosílabos. Tal vez por eso evitó decir “no”, y se limitó a hacer una pregunta esclarecedora a los organizadores: “¿Y en esa conferencia, tengo que hablar?” Hablar es a veces lo único que no está dispuesta a hacer incluso la gente muy expresiva, como Onetti, capaz de desnudar al individuo en una frase, a cambio de que sea escrita. Nadie le entendió mejor que Juan Rulfo, que quizá era más hermético que él. Por eso, cuando coincidían en algún evento literario, se buscaban para hablar en el bar del hotel, a su estilo, en un silencio líquido. “Yo quiero mucho a Juan —contaba el propio Onetti—. Cuando me encuentro con él, que suele ser en congresos, nos decimos: ‘¿Qué tal estás tú, Juan?’, y él me dice: ‘¿Qué tal estás tú, Juan?’, y él se sienta con su Coca-Cola y yo con mi whisky, y nos pasamos horas sin decirnos nada”.

No me rompas las pelotas

Hablar. Como si hubiese algo de que hablar. En sus momentos más brillantes y solipsistas, Clarice Lispector defendía que la comunicación era inviable, no ya en un mundo en el que habitaban millones y millones de personas, si no en una cocina americana en la que solo había dos. Ni siquiera cuando escribes consigues trasladar al papel exactamente eso que piensas o imaginas. La mayoría siempre se pierde en el traslado. Una mudanza, a la postre, siempre es una desaparición. En el fondo no puedes comunicarte. Siempre habrá un adjetivo erróneo, un problema sintáctico, una coma mal puesta, una metáfora indescifrable, una ambigüedad que se vuelve contra ti y te apuñala por la espalda.

Cuando todavía compatibilizaba tabaco y baloncesto, en cadetes, tuve un entrenador con ideas de esta clase. No creía demasiado en las palabras. Era más de gestos, dibujos, guiños. En la charla táctica, minutos antes de comenzar cada partido, nos reunía a pie de banquillo, formando un coro, y nos lanzaba su perorata: “Chavales, ya sabéis…”. Eso era todo. “Chavales, ya sabéis”. No sé si sabíamos, pero después de eso salíamos a la cancha soliviantados, llenos de entusiasmo, tratando de saber, y habitualmente perdíamos. De aquella época me quedaron grabadas no tanto las derrotas, como la tendencia al esquematismo del entrenador. No volví a cruzarme con nadie así hasta que empecé a tratar con algunos camellos. El camello es un individuo que nunca te da la chapa. Solo quiere cobrar y perderte de vista. A menudo su frase favorita es “Pírate, y no me rompas las pelotas”. El cineasta Kevin Smith capturó a la perfección su naturaleza, cuando creó a Jay y Bob el Silencioso, dos personajes más o menos patéticos que aparecen en casi todas sus películas. Venden marihuana y se pasan el tiempo esperando clientes ante un supermercado, en New Jersey. Jay habla por los codos y suelta tacos sin parar, mientras que Bob, el camello por antonomasia, el camello de toda la vida, no suelta prenda, aunque dice al menos un frase en cada película en la que aparece. Eso, cuando vendes droga, basta.

Pocas palabras a veces son muchas. Incluso cuando decides callar, el silencio se vuelve numeroso, bocazas, insoportable. Le pasaba a Paul Wittgenstein con su hermano, cuando vivían en la mansión familiar de Viena. Paul tuvo que interrumpir un día sus ejercicios de piano a una mano —no tenía más— para golpear la pared que daba a los aposentos de Ludwig, donde este escribía en silencio el Tractatus. “¡Cómo pretendes que toque el piano con tu escepticismo metiéndose por debajo de la puerta!”, le gritó.

Existe una gran heterogeneidad entre la gente de pocas palabras. Hay sacerdotes parcos, informáticos parcos, funcionarios parcos, políticos parcos, camareros parcos, periodistas parcos. En mi época negra de redactor de tercera fila, tuve una jefa de sección que tenía dos frases breves que entrenaba a diario conmigo: “Esto, esto y esto, mal”, era una; la otra era “¿Llamaste a la Diputación?”. Gente de pocas palabras son a menudo también algunos deportistas y toreros, que como Echenoz con los libros, se muestran partidarios de hablar solo en el terreno de juego o en la plaza. Hace 90 años, en El Taquito, un local madrileño frecuentado por gente del gremio, se le ofreció un ágape a Manolete. Aquello coincidió con la ruptura del convenio taurino hispano-mexicano, que al parecer tenía gran trascendencia, y los comensales le pidieron al maestro que hablara al respecto, para fijar posición. Manolete se puso en pie y tan sóolo dijo: “Señores, yo hablo en los ruedos, muchas gracias”. Y se sentó. La hermandad del toro es de pocas palabras, tradicionalmente. Ahí está José Tomás. No se pronuncia nunca, salvo para hablarle a la muerte cuando lo cornean. Entre las frases breves del toreo es habitual citar la de Juan Belmonte, cuando Valle-Inclán, después de soltar una arenga larga y jabonosa, remató con un ceremonioso: “Solo te falta morir en la plaza”. El torero, parco de naturaleza, apenas añadió: “Se hará lo que se pueda, don Ramón”, y agachó la cabeza.

En todo caso, la brevedad tuvo un maestro supremo: Augusto Monterroso. Aborrecía la conversación. Era tan de pocas palabras, que llamarse Augusto Monterroso le parecía latoso, casi un discurso, y con los años lo podó hasta dejarlo reducido a Tito. Su brevedad fue célebre, en tal grado, que para algunos se hacía incluso larga. Fue el caso de la mujer de un cónsul a la que le presentaron durante una recepción en una embajada. Le explicaron que Augusto era el autor del famoso cuento del dinosaurio. Se saludaron, y durante el saludo, la mujer comentó: “Ah, el cuento del dinosaurio, recién lo estoy leyendo, ya le contaré cuando termine”.

**

http://www.jotdown.es/2013/03/gente-de-pocas-palabras/

 

Las moscas

2 February 2013

twitter: @eugenio_fouz

"The fly" (1986, David Cronenberg)

“The fly” (1986, David Cronenberg)

Fue empezar a leer la “Biografía de una mosca” de Juan Tallón y entrarme las ganas de contar mi historia. Odio a las moscas como todos. Esos bichos feos, impertinentes y malditos de alas blandas se cuelan en cualquier sitio.

Las moscas escogen compañías muy raras, olores desagradables y por llevar gafas van y vienen, suben y bajan, avanzan y se detienen. Les gusta hacer ruido y zumbarte justo en el oído. Acompañan al desterrado y al loco, al prófugo y al mendigo. Solo me gusta  imaginar sus negros vuelos de tinta intermitente vertidos en papel o dando vueltas en el interior de mi mente.

http://db.tt/0tNmk9RK

[doc. página 1 del texto de @xoantallon]

Hervir, servir y vivir

15 December 2012

 

EXILIO INTERIOR

Era una noche oscura y tormentosa (Snoopy)

Era una noche oscura y tormentosa (Snoopy)

 twitter: @eugenio_fouz

“Etcétera.” (JUAN TALLÓN)

Aunque usted no se lo crea he empezado a escribir este artículo tres veces. Y con tres temas distintos. Sí, así es. Hay tantas cosas sobre las que escribiría que se me agolpan los dedos en el teclado y doy saltos con los dedos anular y meñique de mi mano derecha a la tecla “backspace” eficazmente sincronizados con avances raudos y repetidos del pulgar de la misma mano hacia la barra espaciadora.

Escribir es un poco lo que decía Javier Cercas aprovechando una cita de Oscar Wilde: “Estuve trabajando en el boceto de un poema toda la mañana y quité una coma. Por la tarde la volví a poner”. Esto ocurre muchas veces. Lo que a usted le llega, amable lector, es el resultado final de varios intentos y rectificaciones. No solo hay que preocuparse de cuidar la forma y la ortografía como en el caso del título de hoy. Esas tres palabras, esos tres verbos son la excepción a la regla ortográfica que sentencia esto “todos los verbos acabados en la terminación –bir se escriben con b.” Sin embargo, uno tiene que pensar también en la corrección gramatical y en el uso de los tiempos verbales. Muchas veces pasa que la expresión de una idea no es clara sino más bien confusa o ambigua. Quien redacta un texto debe acertar al escribir en la elección de un giro preciso para decir lo que quiere y no otra cosa ¿De qué sirve un texto escrito correctamente si no significa nada? En realidad el sentido del lenguaje es sobre todo el fondo, el significado. Pero no se olvide la buena forma. Añada estilo y una pizca de sal y las letras irán cogidas de la mano en armonía al final. Ahí hay un niño que dice ¡ay!

Como decía antes, este artículo ha tenido más de un comienzo. En uno de esos bocetos quería contar que he vuelto a la música, o mejor dicho, que la música ha vuelto a mis oídos. Fue una noche que escuchaba medio dormido una canción de “Los Secretos” y me emocionaba. El autor recordaba a una mujer de ojos de gata después de un concierto con la que tuvo un frustrado encuentro amoroso. Era triste y me puse triste yo también. Después me dijo un colega en el trabajo que esa canción resultaba de la amistad entre artistas y que había dos versiones. Me dijo que el otro se llamaba Joaquín Sabina. Sé lo que está pensando ahora mismo, y la respuesta es sí. He escuchado las dos y las dos me parecen hermosas.

El otro tema estaba relacionado con las víctimas y los perdedores en esta vida injusta y desigual. Por último, había pensado escribir para cuestionar la validez de sentencias con las que estoy en desacuerdo como, por ejemplo, esa que dice: “excusatio non petita, accusatio manifesta”. Disculpe un momento pero es que había puesto leche a hervir en una cazuela y ya está lista. Me voy a servir un segundo café enseguida para acompañar estas tres aficiones que tengo yo: leer, escribir y vivir.

(artículo publicado en @laverdad_es en la sección de OPINIÓN.-12.12.12) 


Suspendermen

Elements of True Gentlemen

if all else fails...use a hammer

an exercise in percussive maintenance

Tiny Texts

Read, listen & learn a littleEnglish

Garrafablog

El primer blog de Garrafón en habla hispana

Mitzie Mee Blog

Bangkok - Dubai - Las Vegas - Los Angeles - New York - Tokyo. A blog about travel, food and life in Dubai.

No More Spanglish!

¿Necesita saber inglés para trabajar? Mejore su inglés eliminando los errores más comunes.

Tinkerbelle

Making her way back to Neverland one day at a time...

A Guy's Moleskine Notebook

Books. Reflections. Travel.

efnotebloc

crear siempre, aprender y guardar la llama