Posts Tagged ‘Jorge Luis Borges’

Día del traductor (Observatorio del libro)

7 October 2018

twitter: @eugenio_fouz

Cada vez que el Observatorio del Libro propone una actividad en las redes sociales me dan ganas de participar. En esta ocasión con motivo de El Día Internacional de la Traducción-30 de septiembre- se les ocurrió pedir a los lectores que compartiesen alguno de los textos que habían conocido gracias al trabajo de un traductor.

Yo me lancé a poner una de mis lecturas favoritas (“Orlando” de Virginia Woolf) pero solo puse un pequeño fragmento de un párrafo más extenso. La traducción del inglés al castellano fue realizada por Jorge Luis Borges. Dejo aquí la copia de esas líneas:

@observalibro.-Frase del libro: “Cuando el muchacho- porque, ¡ay de mí!, un muchacho tenía que ser, no había mujer capaz de patinar con esa rapidez y esa fuerza- pasó en un vuelo junto a él, casi en puntas de pie, Orlando estuvo por arrancarse los pelos, al ver que la persona era de su mismo sexo, y que no había posibilidad de un abrazo. Pero el patinador se acercó. Las piernas, las manos, el porte eran los de un muchacho, pero ningún muchacho tuvo jamás esa boca, esos pechos, esos ojos que parecían recién pescados en el fondo del mar” (…) #OJOalTraductor

Hay otros libros a los que uno llega mediante el filtro de un filólogo o traductor. Quiero recordar “La historia interminable” de Michael Ende cuya última página cobra un sentido único en nuestra lengua castellana. Vea:

Pista (@Fundeu)

https://www.fundeu.es/consulta/por-ende-1812/

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Traductor de “La historia interminable” (Michael Ende): Miguel Saenz

Editorial Alfaguara.-Madrid, 1982

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Extracto de la propuesta de El Observatorio del Libro (@observalibro):

“Como cada año desde hace ya más de medio siglo, en coincidencia con la fiesta de San Jerónimo, considerado por muchos el primer traductor y patrono de los traductores, el 30 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Traducción, se abre en ventana nueva Nueva ventana. Se trata de una iniciativa promovida por la Federación Internacional de Traductores (FIT) y, desde mayo de 2017 reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas con la que se pretende rendir anualmente un homenaje a todos los hombres y mujeres que se dedican a esta profesión clave para el mundo del libro.

Bajo el lema ‘Translation: promoting cultural heritage in changing times’, en esta edición se hará hincapié en el papel de la traducción y la interpretación en la promoción de la comprensión cultural y el respeto mutuo en un mundo cambiante.

El traductor, ese “autor invisible”
Con motivo de esta celebración se ponen en marcha multitud de iniciativas en todo el mundo cuya finalidad es reivindicar la importancia de esta profesión y el papel de los traductores. Como en ediciones anteriores, desde el Observatorio nos unimos a la celebración con una encuesta en Twitter y un concurso en Twitter e Instagram con el objetivo de contribuir a hacer más visible el importantísimo papel de los traductores. Porque ¿realmente nos fijamos en el nombre del traductor cuando leemos un libro traducido…?” (…)

Lea la propuesta completa aquí:

https://tinyurl.com/y9fha2y5

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El arte pigmeo (Pedro de Miguel)

19 March 2017

twitter: @eugenio_fouz

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Ahora estoy a la caza y captura de microrrelatos, esos pequeñas obras intensas de literatura parecidas a largos tuits que favorecen la entrada en la ficción.

(He encontrado este artículo de Pedro de Miguel publicado en El Mundo que guardo a continuación)

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EL MICRORRELATO: ESE ARTE PIGMEO

Por Pedro de Miguel

vía elmundo.es

Microcuento, minicuento, cuento minúsculo, cuento en miniatura, incluso cuentículo… Existen demasiadas denominaciones para dar cuerpo al cuento brevísimo, entre las que parece imponerse la de “microrrelato”.

Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas -basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek-, parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines. No faltan en nuestro país brillantes cultivadores del microrrelato, como Luis Mateo Díez, Max Aub o Antonio Pereira, y es raro el escritor que no haya perpretado uno alguna vez.

El microrrelato hunde sus raíces, como toda literatura, en la tradición oral, en forma de fábulas y apólogos, y va tomando cuerpo en la Edad Media a través de la literatura didáctica, que se sirve de leyendas, adivinanzas y parábolas. Algunos han visto el microrrelato como la versión en prosa del haiku oriental y otros lo han hecho derivar de la literatura lapidaria.

Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.

En la segunda mitad del siglo XX el microrrelato llega a su madurez. Ya no se trata de un ejercicio de estilo, de una pirueta de agudeza o de un retazo más o menos misterioso de prosa poética. El microrrelato se presenta como una auténtica propuesta literaria, como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética posmoderna. Algo que tiene que ver con Italo Calvino y sus “Seis propuestas para el próximo milenio”, con sus “hibridaciones multiculturales”, como ha señalado Enrique Yepes, uno de los estudiosos de este arte pigmeo. El cuento brevísimo es la arena ideal donde se bate la moda de la destrucción de los géneros, hasta el punto de que resulte imposible -e inútil- tratar de definirlo, distinguirlo o envolverlo de legalidad.

Proliferan así estos “cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas” -según expresión del argentino David Lagmanovich- que, con su despojamiento, ponen a prueba “nuestras maneras rutinarias de leer”. Para diferenciarlos de los aforismos, las frases lapidarias o los miniensayos, deben cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extravagantemente concentrada. Son, casi siempre, ejercicios de reescritura, o minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo.

Pero queda una sospecha: ¿no habrá en todo esto un poco de pereza? Con su humor de siempre, Augusto Monterroso parece sembrar la duda cuando escribe: “Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto”.

El enigma de Cuttlas

19 May 2012

twitter: @eugenio_fouz

 

Viñeta de Calpurnio (@Calpur100 vía @20m.-18.05.12)

Un viernes cualquiera echo un primer vistazo a 20minutos y me quedo con las ganas de teclear esa misma frase que obliga a Cuttlas a quitarse el sombrero en la última viñeta

Yo sí fui a google y tecleando la clave llegué a Borges y a este poema:

Jactancia de quietud (poema de Jorge Luis Borges)

“Escrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que meteoros.

La alta ciudad inconocible arrecia sobre el campo.

Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los ambiciosos

y quisiera entenderlos.

Su día es ávido como el lazo en el aire.

Su noche es tregua de la ira en el hierro, pronto en acometer.

Hablan de humanidad.

Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma penuria.

Hablan de patria.

Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada,

la oración evidente del sauzal en los atardeceres.

El tiempo está viviéndome.

Más silencioso que mi sombra, cruzo el tropel de su levantada codicia.

Ellos son imprescindibles, únicos, merecedores del mañana.

Mi nombre es alguien y cualquiera.

Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar.”

(Jorge Luis Borges)


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