Posts Tagged ‘Javier Marías’

Motivos ocultos y caballerosidad maldita (Javier Marías)

7 September 2018

twitter: @eugenio_fouz

Rescato el artículo escrito por Javier Marías del pasado día 2 de septiembre de 2018 sobre la prohibición a los cámaras de televisión del Mundial de captar la belleza femenina en los estadios de fútbol.

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Motivos ocultos y caballerosidad maldita

JAVIER MARÍAS

“Hace ya mes y medio que concluyó el Mundial de fútbol, pero nos dejó, en su despedida, un par de imágenes hacia las que vale la pena volver la vista, o eso creo. Justo antes de los dos partidos finales, la FIFA emitió una prohibición, con amenaza de multa si no me equivoco. Desde hace no mucho está a su frente un italiano, Infantino, que sustituyó al corrupto y al parecer bebedor Blatter, el cual se había eternizado en el cargo como todos sus predecesores. Así que, si la tradición se mantiene, el mundo del fútbol sufrirá a este Infantino varias décadas. Si digo “sufrirá” es por la prohibición a que me he referido: las cámaras de televisión planetarias debían abstenerse de sacar planos de mujeres vistosas o agraciadas en los estadios, “porque” —y el motivo aducido es lo más idiota de todo— “tienen como propósito atraer a los espectadores masculinos”, y por lo tanto son machistas o sexistas o las dos cosas. O sea que, de no ser por estos fugaces vislumbres de chicas, los hombres no se pondrían ante el televisor ni locos. Resulta que los varones nunca han estado interesados en admirar las evoluciones sobre el césped de veintidós mozos esmerándose en dominar la pelota y meter goles, sino que se han tirado hora y media ante el aparato —eso si no hay prórroga— a ver si captaban brevísimamente la imagen de una chica guapa: su motivo oculto.” (…) 

Lea la versión completa en @el_pais:

https://elpais.com/elpais/2018/08/27/eps/1535370601_337901.html

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Aquí puede descargarlo en PDF:

https://tinyurl.com/yc6x7jvx

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Que todos queden atrás (Arturo Pérez Reverte)

26 August 2018

twitter: @eugenio_fouz

[Gary Cooper, High Noon (Solo ante el peligro).

Dir. Fred Zinemann, 1952]

El escritor Arturo Pérez Reverte (@perezreverte en Twitter) escribe sobre la mediocridad y el olvido de valores en la escuela como el individualismo y la honradez.

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Que todos queden atrás.-Arturo Pérez-Reverte

XLSemanal; 19.08.2018, domingo

“Me lo comenta Javier Marías después de cenar, cuando se fuma el segundo cigarrillo en la terraza del bar Torre del Oro, en la Plaza Mayor de Madrid. Estamos sentados, disfrutando de la noche, cuando me habla del artículo que tiene previsto escribir uno de estos días. ¿Te has dado cuenta –dice– de que en los últimos tiempos está de moda destruir la imagen de cuantos hombres ilustres tenemos en la memoria? Pienso un poco en ello y le doy la razón. Pero no sólo en España, respondo. Ocurre en toda Europa, o más bien en lo que aún llamamos Occidente. Destruir a quienes fueron respetables o respetados. Derribar estatuas y bailar sobre los escombros. Es como una necesidad reciente. Como una urgencia.” (…)

Lea aquí el texto completo:

https://www.xlsemanal.com/firmas/20180819/perez-reverte-todos-queden-atras.html

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#PDF:

https://tinyurl.com/y9jf4c88

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Percebes o lechugas o taburetes por Javier Marías

19 April 2015

red rybbt rybbub

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 Percebes o lechugas o taburetes

Javier Marías

“El titular no podía ser más triste para quienes pasamos ratos magníficos en esos establecimientos: “Cada día cierran dos librerías en España”. El reportaje de Winston Manrique incrementaba la desolación: en 2014 se abrieron 226, pero se cerraron 912, sobre todo de pequeño y mediano tamaño. Las ventas han descendido un 18% en tres años, pasándose de una facturación global de 870 millones a una de 707. La primera reacción, optimista por necesidad, es pensar que bueno, que quizá la gente compra los libros en las grandes superficies, o en formato electrónico, aunque aquí ya sabemos que los españoles son adictos a la piratería, es decir, al robo. Nadie que piratee contenidos culturales debería tener derecho a indignarse ni escandalizarse por el latrocinio a gran escala de políticos y empresarios. “¡Chorizos de mierda!”, exclaman muchos individuos al leer o ver las noticias, mientras con un dedo hacen clic para choricear su serie favorita, o una película, o una canción, o una novela. “Quiero leerla sin pagar un céntimo”, se dicen. O a veces ni eso: “Quiero tenerla, aunque no vaya a leerla; quiero tenerla sin soltar una perra: la cultura debería ser gratis”.

Pero el reportaje recordaba otro dato: el 55% no lee nunca o sólo a veces. Y un buen porcentaje de esa gente no buscaba pretextos (“Me falta tiempo”), sino que admitía con desparpajo: “No me gusta o no me interesa”. Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos.

El que no lee acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal

A ese individuo no le provoca la menor curiosidad que exista el lenguaje y haya alcanzado una precisión y una sutileza tan extraordinarias como para poder nombrarlo todo, desde la pieza más minúscula de un instrumento hasta el más volátil estado de ánimo; tampoco que haya innumerables lenguas en lugar de una sola, común a todos, como sería también lo más lógico y sencillo; no le importa en absoluto la historia, es decir, por qué las cosas y los países son como son y no de otro modo; ni la ciencia, ni los descubrimientos, ni las exploraciones y la infinita variedad del planeta; no le interesa la geografía, ni siquiera saber dónde está cada continente; si es creyente, le trae al fresco enterarse de por qué cree en el dios en que cree, o por qué obedece determinadas leyes y mandamientos, y no otros distintos. Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo.

Tal vez haya hoy muchas personas que crean que cualquier cosa la averiguarán en Internet, que ahí están los datos. Pero “ahí” están equivocados a menudo, y además sólo suele haber eso, datos someros y superficiales. Es en los libros donde los misterios se cuentan, se muestran, se explican en la medida de lo posible, donde uno los ve desarrollarse e iluminarse, se trate de un hallazgo científico, del curso de una batalla o de las especulaciones de las mentes más sabias. Es en ellos donde uno encuentra la prosa y el verso más elevados y perfeccionados, son ellos los que ayudan a comprender, o a vislumbrar lo incomprensible. Son los que permiten vivir lo que está sepultado por siglos, como La caída de Constantinopla 1453 del historiador Steven Runciman, que nos hace seguir con apasionamiento y zozobra unos hechos cuyo final ya conocemos y que además no nos conciernen.

Y son los que nos dan a conocer no sólo lo que ha sucedido, sino también lo que no, que con frecuencia se nos aparece como más vívido y verdadero que lo acaecido. Al que no le gusta o interesa leer jamás le llegará la emoción de enfrascarse en El Conde de Montecristo o en Historia de dos ciudades, por mencionar dos obras que no serán las mejores, pero se cuentan entre las más absorbentes desde hace más de siglo y medio. Tampoco sabrá qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón y Proust, Eliot, Rilke y tantos otros. No sentirá ninguna curiosidad por tantos acontecimientos que la provocan en cuanto uno se entera de ellos, como los relatados por Simon Leys en Los náufragos del “Batavia”, allá en el lejanísimo 1629. De hecho ignora que casi todo resulta interesante y aun hipnotizante, cuando se sumerge uno en las páginas afortunadas. Es sorprendente –y también muy deprimente– que un 55% de nuestros compatriotas estén dispuestos a pasar por la vida como si fueran percebes; o quizá ni eso: una lechuga; o ni siquiera: un taburete.”

elpaissemanal@elpais.es

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Leer “Tristram Shandy” como si estuvieras haciendo un rompecabezas

7 April 2015

twitter: @eugenio_fouz

portada-tristram-shandy

Me ha llevado más de siete días leer este acertijo de libro escrito por Laurence Sterne: La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy. La traducción del texto y las notas corren a cargo del escritor y académico Javier Marías.

La novela es un caos absoluto. En ella hay referencias a Cervantes, Erasmo, Homero, Séneca e infinidad de otros autores clásicos. Sin la consulta de las anotaciones del traductor a un lector se le haría difícil comprender los dobles sentidos del original, los fragmentos de sermones en latín así como los textos escritos en francés.

Este libro podrá recordarse por muchas cosas, pero sobre todas ellas se recordará la originalidad del diseño del libro en sí, por el tratamiento singularísimo de un libro de papel como objeto físico. El autor somete al lector a todo tipo de pruebas ofreciéndole páginas en blanco, páginas en negro, líneas quebradas y molinetes de caligrafía como figuras de un florín en el aire, variedad de grafía, manos diminutas como señales de tráfico, etcétera.

La historia de esta obra es un sinfín de digresiones, retardos e incongruencias. Puede decirse, sin intentar desanimar al lector, que el argumento cobra interés quizá a partir del libro V o incluso más adelante (alrededor de la página 296, Tristram Shandy, Laurence Sterne. Editorial Alfaguara, Madrid, 2006).

En la novela, en principio dedicada a un personaje llamado Tristram Shandy, todo parece importar más que su vida o sus opiniones. De hecho, el autor otorga el mayor espacio de protagonismo a su padre Walter, y a las batallas ficticias en una maqueta de su tío Toby y el cabo Trim. El personaje de la viuda Wadman con la cual el tío Toby vivirá una aventura amorosa o algo parecido cobra interés a medida que avanza la obra. Las conversaciones de Walter Shandy con el doctor Slop y el párroco Yorick alargan este lío interminable de palabras, juegos y procrastinaciones. Tristram Shandy empieza tarde y mal. Su origen es desgraciado desde el momento de su concepción, la elección de su nombre y demás accidentes secundarios que Sterne se encarga de retrasar a lo largo de las páginas de la novela. Es una obra difícil de leer para un lector acostumbrado a una línea temporal coherente y ordenada. Laurence Sterne pone a prueba la paciencia de cualquiera que aborrezca las digresiones y los rodeos innecesarios. Nadie puede negar la originalidad de Tristram Shandy ni su importancia en la literatura clásica universal a pesar de  que sea una novela que se lee solo una vez, ¿o no?

Rectificar es una cuestión de conciencia

7 August 2012

twitter: @eugenio_fouz

 

(Máquina de escribir)

A lo mejor le parece un poco antigua la reivindicación de la lectura en papel y la defensa del uso de las máquinas de escribir frente al texto digital y los ordenadores portátiles o laptops. Que yo sepa solo Manuel Alcántara y Javier Marías huelen la tinta y giran el rodillo; el común de los mortales escribimos en una pantalla muda e inolora.

En fin, la razón de este escrito-paradójicamente escrito online- es la rectificación a un tuit que lo más probable haya pasado desapercibido a Carlos Salas (@ojomagico en Twitter) , director de @la_informacion y al que no dé la más mínima importancia. De cualquier manera, a mí me importa y mucho dejar claro que no tenía yo razón al argumentar que “lo digital es el avance de una película y lo impreso es la película misma”. Aquí y ahora rectifico y me justifico aclarando que tanto lo digital como lo escrito en papel son textos válidos, dos películas en dos medios distintos, pero películas al fin y al cabo.

Lo que me pasa es que no me acostumbro a la pantalla ni a leer pulsando una flecha hacia abajo. No me conformo con la lectura apresurada e imprecisa de un documento volátil en un formato digital y me siento como un renegado. Quiero dejar claro que leo en digital y en papel. Echo de menos la evidencia permanente del papel, la foto de una mujer en la cartera o el apunte a bolígrafo en la libreta frente a las fotos etéreas y a color de un blog, una revista o un periódico. Tengo miedo a perderlo todo, a que los blogs desaparezcan así de golpe. He dicho alguna vez que el escritor hoy es un blogger y en eso creo, a pesar de que siga buscando a los escritores en las páginas de los libros.


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El primer blog de Garrafón en habla hispana

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