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El poeta, las cosas importantes y los dos caminos

21 March 2013

 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 Imagen

“Two roads diverged in a wood, and I— / I took the one less traveled by, /

And that has made all the difference.” (Robert Frost)

Robert Frost se vio a sí mismo paseando por un bosque hasta llegar a un punto en el que se abrían dos caminos. Tenía que seguir uno de los dos y el poeta eligió el más solitario. Esa elección, según sus propias palabras, “marcó la diferencia”.

La vida es un bosque por el que caminamos nosotros y mientras hacemos ese recorrido particular aprendemos o dejamos de aprender varias cosas. Cada uno tiene que pensar qué cosas le importan de verdad y qué cosas no le importan. Para un adolescente saber andar en bicicleta o meter la cabeza en el agua para nadar pueden ser cosas importantes. Las cosas que no aprendemos bien o las cosas que aprendemos mal se convierten en asignaturas pendientes.

No quería equivocarme y me equivocaba constantemente. Y es que se puede escribir a máquina con dos o tres dedos y se puede escribir con toda la mano. Una de las dos maneras será la más cómoda al principio.

Días atrás leía los comentarios de mis alumnos en una prueba escrita de Ética. El ejercicio consistía en completar un párrafo, previamente leído en clase, sobre la relación difícil de un padre y un hijo. Además había que extraer una moraleja del texto final. El texto exponía las explosiones de mal genio de un chico y describía la reacción del padre. Este hablaba con su hijo y le decía que le acompañase al garaje. Una vez allí, el padre le mostraba una puerta, un cajón de clavos y un martillo. Queriéndole hacer ver el daño que causaba a todos con su mal carácter le explicó que cada vez que sintiera ira se esforzase para contenerla y que en vez de gritar o perder los nervios fuese al garaje y clavase un clavo en aquella puerta. Le pidió entonces a su hijo que lo hiciese por su padre, a pesar de que pudiese parecerle una tontería. Y el chico le hizo caso.

Al final de la historia, y tras haber sido capaz de contenerse varias veces, el hijo acompañaba a su padre al garaje y el padre le decía que arrancara todos los clavos de la puerta. El chico obedecía extrañado. Entonces su padre le enseñaba finalmente que la puerta llena de agujeros era el corazón de las personas a las que ofendía. El padre le decía que aunque uno pidiese perdón el daño ya estaba hecho. Esta era la historia completa y la moraleja que leía en todos los ejercicios. Sin embargo, un alumno entendió la enseñanza moral de otra manera. El alumno escribió en el examen que por muy mal que se portase un hijo siempre tendría al padre a su lado. Tuve en cuenta esta conclusión inesperada y diferente. Este chico había elegido uno de los dos caminos. Y pensé en mi padre.

(artículo publicado en @laverdad_es el día 20 de marzo de 2013)

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