Posts Tagged ‘ELPAIS’

En defensa de la prensa impresa

18 October 2012

twitter: @eugenio_fouz

Calpurnio, viñetista

Si es usted un tipo al que le gusta la lectura

Si de buena gana aceptaría un periódico de lunes a viernes o siquiera al menos un día a la semana

Si prefiere ver las noticias, los reportajes o las viñetas en papel

Si opina que la prensa hace falta de todos modos, ya sea gratuita o de pago

Si el futuro no parece muy halagüeño para los diarios impresos

Si echa de menos la compañía del periódico doblado bajo el brazo por la mañana y espacio para un número de teléfono, una nota o un compromiso

Si empieza a percibir una sociedad ciberpaya donde escasea el hombre sin cableado, el hombre alerta y atento con los otros

Si cree en el buen principio del individuo sociable, informado y libre

Si piensa que aún es posible volver a leer prensa impresa en su ciudad

Si fuera uno de tantos empresarios de nuestro país o tal vez extranjero y estuviera en su mano llegar a muchos lectores de golpe en un solo día y anunciar su producto de forma rentable, y ser visto y ser leído ¿ es que sería capaz de no hacer publicidad, RT o pasar este mensaje?

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El periódico de papel

17 March 2012

twitter: @eugenio_fouz

*Buenos días. Creo que Manuel Vicent me ha retratado muy bien en “Inactual” je je  (enlace) vía @el_pais

*Ojalá no lleguemos a perder ese accesorio en el atuendo que es el periódico, esa promesa de reflexión y calma bajo en brazo o en la mano

*Un lector no puede ser peligroso. Según se mire, claro. Supuestamente ese individuo va a darle una oportunidad al punto de vista del otro

Inactual

 por Manuel Vicent

El periódico que el ciudadano compra en el quiosco es un gesto ideológico que lo delata. No sucede así con la tableta digital

 11 MAR 2012

 

Cualquiera que lleve hoy un periódico bajo el brazo no es que esté mal informado, pero da la sensación de estar viviendo la realidad del día anterior. Simplemente se trata de un ciudadano que parece andar fuera tiempo, como si usara un reloj de marca, un poco anticuado, que se retrasa varias horas cada noche. Aparte de eso, el periódico que uno lleva bajo el brazo define ideológicamente al lector. Uno se delata en el quiosco cada mañana. Así sucedía también cuando en la República cada diario era el estandarte de una bandería política, de la lucha de clases, incluso de un pensamiento religioso o anticlerical. Durante la larga ceniza de la postguerra el periódico llegaba al pueblo en el renqueante autobús de línea o en el correo ordinario, solo unos pocos ejemplares, que leía gente muy significada, el farmacéutico, el médico, algún señor propietario, el clásico liberal autodidacta represaliado, un empleado de banco, el secretario del ayuntamiento. Sobre un velador del café y en la barbería quedaba el diario deportivo un poco grasiento después de haber pasado de mano en mano. Durante el franquismo no se leía el periódico para enterarse de algo. Con el acto reflejo de pasar las hojas mojando con saliva la yema del índice, se echaba la vista encima de una consigna patriótica, de la inauguración de un pantano, del discurso de cualquier jerarca del Movimiento, de los baches del municipio, todo molido por la censura, uniforme, tedioso y empastado de tinta. Al llegar la democracia la prensa escrita se adaptó a la libertad y cada diario de acomodó de nuevo a la manera de ser y de pensar de sus lectores. Pero con la revolución digital hoy la prensa de papel siempre es la de ayer y encima el periódico progresista, conservador, reaccionario o amarillo que el ciudadano compra en el quiosco es un gesto ideológico que lo delata. No sucede así con la tableta digital. Picoteando en el teclado del portátil con los dedos en el metro, en el tren, en una terraza al sol, nadie a tu lado puede saber si eres de derechas o de izquierdas. Leer el periódico de papel se va a convertir en el futuro en una exquisitez para estetas. Mientras todas las noticias en el digital son ya las de mañana, tampoco está tan mal ser un ciudadano elegantemente inactual.”

[Manuel Vicent]

Flor azul al infinito

27 January 2012

twitter: @eugenio_fouz

(Manuel Fraga Iribarne y José María Ruiz Gallardón en 1977, blog de ELPAIS)

Manuel Fraga Iribarne fue un político gallego y español de gran relevancia. Fue uno de los responsables de la redacción de la “Constitución española” de 1978 y tal y como lo retrata Rosa Montero, un individuo con fuerza y mucha personalidad. Manuel Fraga fue querido y odiado en Galicia e imagino que en España. A mí me cae bien y reconozco cierta admiración por su persona. De lo último que recuerdo de él fue su apoyo a Alberto Ruiz Gallardón en un momento difícil de la política del Partido Popular. Recuerdo aquella frase suya “el hombre es un animal político” que decía a menudo en defensa de la vocación de los hombres, no todos, por la política.

El artículo que sigue escrito por la periodista Rosa Montero y publicado en ELPAIS me parece un homenaje hermoso al hombre, al personaje. No habría leído este artículo si no hubiera sido porque un colega en el trabajo lo había leído.

Al igual que Fraga, soy gallego y lucense. Villalba es un pueblo pequeño de Lugo popular por varias razones. Como dato anecdótico diré que yo estuve en aquel célebre mítin de la frase “A por ellos”. Era yo adolescente y asistí a aquel acto para escucharle y porque me parecía importante estar allí.  El Pabellón de los Deportes de Lugo estaba lleno de gente y entre los asistentes hubo algunos que se dedicaron a provocar y a intentar reventar el mítin. Cuando el líder de Alianza Popular (eran los inicios de lo que después sería el Partido Popular) salió al estrado a hablar, los provocadores que le estaban esperando hicieron mucho más ruido. Recuerdo que Fraga se quitó la americana y dijo “Señores, aquí hay gente que no quiere estar en este acto y que quiere que no celebremos este mítin; y si no vienen ellos a por nosotros, vamos a ir nosotros a por ellos”.

(Viñeta de Pinto&Chinto publicado en LAVOZDEGALICIA, 16.01.2012)

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OPINIÓN

Cuando Fraga daba miedo

Rosa Montero 15 ENE 2012 -ELPAIS

 

“Eran los tiempos en los que Fraga daba miedo. Hablo de los primeros años de la Transición, cuando don Manuel tenía un cuerpo de barrilete como de boxeador ajado, una cabeza pétrea semejante a un mojón de carretera secundaria y un temperamento mercurial y vesubiano, de erupción incontrolada pero inminente. Todavía cincuentón, su energía era tan legendaria como la peculiaridad de sus actitudes, y las anécdotas le perseguían como las moscas al buey. Cuando le entrevisté por primera vez, en junio de 1978, todavía se comentaban sus célebres frases (como lo de “la calle es mía”) y sus arrebatos: por ejemplo, que en un mitin en Lugo, pocos meses antes, se había lanzado en persecución de 400 reventadores al grito de “¡a por ellos!”. O que, siendo ministro, había arrancado un teléfono de la pared porque no dejaba de sonar. O lo peor para mí entonces: que, pocos días antes de nuestra cita, había echado a empellones a un periodista porque no le gustaron sus preguntas. Como es natural, todos estos datos me hicieron acudir a la entrevista bastante amedrentada.

Por eso, por el puro miedo, me preparé muy bien el comienzo de la charla, intentando encontrar algún truco que me permitiera desmontar esa bomba de relojería que el político gallego parecía llevar dentro de su amplísima frente. Y así, empecé diciendo que me habían contado dos cosas contradictorias sobre él (“todo hombre es contradictorio”, tronó Fraga cargado de razón). La primera, que tenía un gran sentido del humor, una observación que le encantó: “Lo cultivo todo lo que puedo. Creo que uno de los grandes defectos nacionales es no tener sentido del humor”. Pero también me habían dicho, añadí, que era un hombre violento que me podía echar a la segunda pregunta. Y ahí, claro, don Manuel tuvo que decir que no, que eso solo había ocurrido una vez y con un amigo suyo, que él no hacía esas cosas… A partir de ese momento me sentí más protegida: al alardear de su buen humor, Fraga se veía obligado a demostrar que lo tenía; y tras negar sus brotes de violencia, presumí que le sería más difícil ceder a la tentación de estrujarme el cuello. Y así discurrió la entrevista, que fue difícil, tirante, agresiva por su parte y por la mía, pero también graciosa, chispeante e inolvidable.

Porque era cierto que Manuel Fraga Iribarne poseía un gran sentido del humor, una vasta cultura y una brillante inteligencia, y, al mismo tiempo, también era verdad que de repente parecía cubrirle un velo rojo, que perdía los nervios y farfullaba, que se convertía en un motor pasado de revoluciones y en una fuerza ciega e irracional. Ha sido nuestra más perfecta versión de Doctor Jeckyll y Mister Hide. Un personaje intenso.

Dos años después de aquella entrevista, en 1980, coincidimos como ponentes en un impresionante simposium que organizó la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee (EEUU), sobre los cinco primeros años de democracia en España. El cuarto día, terminadas ya las conferencias, el evento cerró con un coctel-cena en casa del rector. En un momento ya avanzado de la noche me acerqué a la mesa de las bebidas a servirme una copa, pero los cubitos de hielo que llenaban un enorme bol se habían pegado los unos a los otros, formando un iceberg inexpugnable que ataqué inútilmente con las pinzas de hielo durante un buen rato. De pronto, Fraga Iribarne se materializó a mi lado con toda la solidez de su corpachón. “Permítame, señorita”, ordenó, haciéndome a un lado. Se quitó la chaqueta, se remangó la camisa por encima del codo de su brazo derecho y, a continuación, comenzó a aporrear la gran masa congelada a puñetazo limpio hasta hacerla trizas. Luego agarró un buen montón de esquirlas de hielo con su manaza y me llenó el vaso. Y, sonriendo, dijo: “¿Ve usted, señorita? De cuando en cuando es necesario el uso de la fuerza bruta”. De algún modo fue su punto final a uno de los debates que mantuvimos durante la entrevista. Nunca olvidaba nada.

Los años, la salud y el peso de la edad le fueron calmando, pero siempre mantuvo su originalidad radical y algo alienígena. De hecho, hasta su físico, al envejecer, le fue haciendo cada vez más parecido a un personaje de La Guerra de las galaxias. Hoy lamento la pérdida de este hombre irrepetible: el mundo será más convencional sin su presencia. Además, creo que hay que reconocer su esfuerzo por apaciguar en su momento a la derecha más cerril. Esto es: le agradezco que se comiera a los caníbales.”

 (Publicado en ELPAIS, 16.01.2012)

    http://www.elpais.com/articulo/espana/Fraga/daba/miedo/elpepiesp/20120116elpepinac_4/Tes

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Entrevista al creador de MOODLE, Martin Dougiamas

30 October 2011

MERCÈ MOLIST 04/12/2008 en ELPAIS.com

Martin Dougiamas es un viejo habitante de la Red. En 2002, este australiano que hoy tiene 39 años creó una plataforma de enseñanza virtual hecha con software libre y la llamó Moodle. Hoy la usan para automatizar sus tareas y comunicarse con los alumnos más de dos millones de profesores en 200 países. Dougiamas participó recientemente en la Conferencia Moodle de Citilab de Cornellà (Barcelona).

“Internet permite conectarse los unos con los otros y dar acceso a información. El educador debe enseñar cómo aprender y no qué aprender”

(Martin Dougiamas, creador de MOODLE)

“A veces debo tomar decisiones porque cien personas no tienen por qué ser creativas; pero la colectividad en general da buenas indicaciones”

Pregunta. ¿Es profesor?

Respuesta. Informático. A mediados de la década de 1990 trabajaba en una universidad, ayudando a los profesores a usar Internet. Sólo lo empleaban para la transferencia de información y el resto se perdía.

P. ¿Hoy no es lo mismo?

R. Se habla mucho de que la Web 2.0 aporta interactividad, pero ya la teníamos antes, sólo que las herramientas eran difíciles de aprender. Pensé que podría construir algunas para los profesores y, como no sabía mucho sobre educación, hice un master y un doctorado.

P. ¿Para crear Moodle?

R. Sí, dejé la Universidad y trabajé tres años en esto, de la mañana a la noche. A mi mujer le costaba mucho entender que le dedicase tantas horas.

P. ¿Lo programó solo?

R. Sí. Impartí algunos cursos de un master usando Moodle y así tenía feedback de los estudiantes sobre qué cosas añadir, qué cambiar. Finalmente, lo puse en una web. Se creó una comunidad dispuesta a usarlo en sus escuelas y ayudar.

P. Es un buen ejemplo del poder de la comunidad.

R. Un poder creciente y no dirigido. Si intentas controlarlo, puedes provocar muchos conflictos. Mi trabajo consiste en concentrar ese poder y lanzarlo en una dirección, para que las cosas se hagan.

P. ¿Cómo se consigue eso?

R. Tenemos un servidor donde se introducen los fallos, sugerencias, novedades… todo se discute allí y cualquiera puede ver en qué trabajan los demás, abierto y transparente. Lo más popular es prioridad.

P. ¿Si usted dice que Moodle necesita algo, pero la comunidad discrepa, ¿no se hace?

R. No.

P. ¡Eso es confiar en la inteligencia colectiva!

R. Como líder, a veces debo tomar decisiones porque 100 personas no tienen por qué ser creativas o es difícil votar. Pero generalmente la colectividad da buenas indicaciones. La concentración de energías se ve muy bien en las conferencias, donde viene mucha gente.

P. Moodle es gratuito. ¿De dónde sacan el dinero?

R. He montado una empresa y pago a los 12 programadores del núcleo de Moodle. Además, tenemos desarrolladores que colaboran desde universidades y empresas: ellas les pagan por las mejoras que hacen y, al ser software libre, su trabajo se pone después a disposición de todos.

P. ¿A qué se dedica su empresa?

R. A Moodle, instalación, costumización, consultoría. Tenemos asociaciones con 40 compañías y dan el 10% de lo que ganan a mi empresa.

P. ¿Qué le gusta más de Moodle?

R. Que está diseñado para ser modular, todo se puede quitar y poner, excepto los foros: son el alma de Moodle.

P. ¿Y los estudiantes?

R. En el fondo Moodle es un sistema de control. Convierte la institución en un entorno protegido dentro de Internet y da mucho poder a los profesores, que pueden tener toda la información sobre sus alumnos. Los estudiantes a quienes gusta ser dirigidos aman Moodle. El resto, no.

P. ¿Moodle está cambiando la educación?

R. Moodle no, Internet. Moodle sólo enseña a usarla. Internet está cambiando cómo se educa, al permitir conectarse los unos con los otros y dar acceso a la información. Los educadores deben enseñar cómo aprender y no qué aprender.

P. ¿Está cambiando también al sistema educativo?

R. Moodle permite que las instituciones se puedan interconectar, muy interesante de cara al futuro. Ahora los profesores están encerrados en sus escuelas y hacen lo mismo una y otra vez.

P. ¿Piensa en una escuela virtual global?

R. Pienso en que los profesores contacten entre ellos. Con Moodle pueden crear comunidades de un mismo nivel, cultura, idioma, explicar cómo enseñan, sus técnicas y mejorar.

P. ¿La educación debería ser totalmente virtual?

R. No tiene por qué. Es bueno que los profesores usen la red, pero sigue siendo necesario verse cara a cara. De todas formas, la educación virtual es real, que quede claro. Usamos un medio de comunicación, pero la educación es real. Aunque las cosas sucedan en la pantalla o en el teléfono, son reales.


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