Posts Tagged ‘Carmen Posadas’

“La cultura del consentimiento” (Carmen Posadas)

5 January 2019

twitter: @eugenio_fouz

La cultura del consentimiento

Carmen Posadas

XL Semanal, 11.06.2018

“Una de las actitudes que más me sorprenden de estos tiempos exagerados que vivimos es la idolatría de la infancia. “Para mí mis hijos son lo más importante del mundo, por ellos mato”, proclama la gente con gran fanfarria, y yo me quedo maravillada. ¿Vale la pena abrir la boca para decir semejante obviedad? ¿Es necesario cacarearlo? ¿Para quién no son sus hijos algo primordial? Pero hoy en día todo se sobreactúa, incluso lo más natural, como la paternidad y la maternidad. O tal vez debería decir se sobreactúa especialmente con respecto a este vínculo , lo que acaba traduciéndose en la idolatría a la gente menuda.

Yo pertenezco a esa generación en la que los niños éramos más o menos un cero a la izquierda. “Cuando seas mayor comerás huevos”, se nos decía para dejar bien claro que los niños son eso, niños y están –o mejor dicho estaban– sometidos al criterio de los padres. Los ingleses, que son más suaves en sus expresiones, utilizan esta otra: Mummy knows best, mamá sabe mejor lo que te conviene; y por supuesto ninguno de nosotros se atrevía a cuestionar semejante dogma de fe. Así crecemos” (…) 

Lea aquí el artículo completo:

https://tinyurl.com/y94n2xl6

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Camas y famas (Carmen Posadas)

12 October 2018

twitter: @eugenio_fouz

Tal y como cuenta las cosas Carmen Posadas, la verdad es que entran ganas de leer el libro de Daniel Samper, Camas y famas. Dejo un extracto del artículo de la escritora y el texto completo enlazado después de este fragmento de doce o trece líneas.

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Camas y famas

Carmen Posadas

XL Semanal; 9.09.2018

“¿Les he hablado ya de mi rendido amor por Daniel Samper Pizano? Es uno de los hombres más inteligentes y divertidos que conozco. Pertenece a esa menguante clase de personas con las que lo mismo uno puede hablar de Faulkner que marcarse un vallenato o tumbar un par de margaritas sin despeinase. Con la misma deliciosa mezcla de humor y erudición con la que habla escribe libros tan ‘imperdibles’ como Si Eva hubiera sido Adán: una versión risueña de la Biblia o Breve historia de este puto mundo, el libro de historia universal en broma más vendido de los últimos años en español. Ahora acaba de publicar Camas y famas (las más raras y genuinas historias de amor), que me ha hecho mucho más cortas las horas de este caluroso verano. Como él mismo dice en el prólogo, las suyas son historias poco conocidas. Aquí no encontrarán ustedes los amores de Romeo y Julieta ni los de Paris y Helena en el bando de las pasiones de ficción; tampoco los de Eduardo VII y Wallis Simpson o Sissi y Francisco José en el de los amantes de carne y hueso” (…)

Lea aquí el texto completo de Carmen Posadas:

https://www.xlsemanal.com/firmas/20180910/camas-famas-carmen-posadas.html

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Esas cosas que a uno se le ocurren a fin de año (Carmen Posadas)

4 February 2018

twitter: @eugenio_fouz

(Carmen Posadas, escritora)

Esas cosas que a uno se le ocurren a fin de año

Carmen Posadas

XlSemanal, 1.01.2018

Este año, en vez de hacer buenos propósitos para el 2018, me ha dado por mirar atrás con cierta benevolencia. No es habitual en mí. Por lo general soy inmisericorde conmigo misma (consecuencias de mi educación victoriana, me temo). Pero esta vez, en cambio, decidí no sacarme defectos, sino ver qué había aprendido sobre esa asignatura que podríamos llamar ‘Los afectos’. No los familiares, tampoco necesariamente los románticos, sino los que uno entabla en general. O dicho de otro modo, los que se buscan en otras personas sabiendo que, como decía Oscar Wilde, hay que tener mucho cuidado con los deseos, porque corre uno grave peligro de que se cumplan. Así, si miro atrás y veo lo que buscaba de joven, eran amigos y festejantes que fueran lo más sensacionales posibles. El novio más vistoso, la amiga más divertida, el amigo con el casoplón más grande. Después de que el novio vistoso resultara un narciso de libro, la amiga divertida, agotadora, y el amigo del casoplón, más aburrido que chupar un clavo, maduré. «Ah, no –me dije–. Se acabó valorar a la gente por lo externo, olvidemos el continente y vayamos al contenido», y aposté por el intelecto. A partir de ese momento decidí que lo más atrayente de otras personas era su inteligencia. Y no me fue mal, al menos al principio. Me encantó encontrar personas con las que podía hablar de Shakespeare o de santa Teresa sin miedo a que me tomaran por una sabionda, horrible pecado en una sociedad en la que es infinitamente más aceptable pasar por ignorante que por pedante. También disfruté mucho escuchando. Soy lo que se dice una oreja perfecta y me da igual que el tema sea la paradoja del gato del señor Schrödinger o los ritos de apareamiento de la mosca del vinagre, todo me interesa. Esta fue mi elección durante la cuarentena y la cincuentena y no digo que haya abjurado del todo de ella. Pero al entrar en la sesentena he descubierto que empiezo a valorar algo que con cuarenta años me parecía aburrido y, con cincuenta, solo un premio de consolación. Hablo de la bondad. Fíjense que escribo ‘bondad’ y me echo a temblar, porque soy muy consciente de que suena blandiblú o a aburrimiento supino, sobre todo cuando hablamos de una pareja.

Me interesó leer hace poco que en realidad soy muy poco original. Que mi escala de valores coincide punto por punto con la de la mayoría. Decía Schopenhauer, que dedicó muchos de sus esfuerzos a estudiar esa deliciosa, inexplicable y, por encima de todo, arbitraria pulsión que llamamos ‘amor’, que lo que uno busca como pareja son en realidad personas con las que no solo tiene muy poco que ver, sino que posiblemente jamás elegiría como amigas. Según él, esto se debe a que lo que uno busca inconscientemente es la genética más adecuada para procrear: el más fuerte, el más codiciado, el más guapo también. Que este perfil coincida con frecuencia con los más egocéntricos o los más infieles es más que comprensible.

Por suerte uno crece y ya no necesita aparearse. Busca entonces personas de gustos afines, en mi caso, la curiosidad intelectual, por ejemplo. Pero sigue uno cumpliendo años y ¿qué busca entonces? Simplemente lo que necesita en ese particular tramo de la vida. Ni al más guapo ni al más importante ni tampoco al más inteligente, sino al que más lo querrá y mimará. El que no brilla, pero no falla; el que no sabe quién es Schopenhauer, pero cumple sus teorías al pie de la letra. El cálido, infalible y redentoramente bueno. Lástima que tenga uno que hacerse viejo para aprender algo tan elemental.

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Lea la versión original aquí:

https://tinyurl.com/y7u53u2a

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