Posts Tagged ‘alumno’

Erudición (Manuel Vicent)

5 February 2017

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Erudición 

por

MANUEL VICENT

EL PAÍS (5 FEB 2017)

En las tertulias de antaño siempre había un erudito que lo sabía todo. Recordaba nombres, fechas y datos con absoluta precisión gracias a su privilegiada memoria alimentada por múltiples, diversas y a veces inútiles lecturas. Ante cualquier discusión se recurría a él en última estancia para que ejerciera de tribunal de casación. Hoy el prestigio de esta clase de sabios, ganado a pulso después de quemarse las pestañas leyendo montones de libros, ha desaparecido. La erudición ya no sirve de nada. Ahora en cualquier debate en que las partes se obstinan por tener razón, mientras la disputa se alarga y adquiere una elevada temperatura, tal vez el más tonto del grupo que ha permanecido callado picotea discretamente en el iPhone y cuando la discusión alcanza un encono sin salida, exhibe el veredicto inapelable que dicta la pantalla del móvil como si fuera el ojo de halcón. He aquí la verdad sacada con la punta de los dedos del légamo digital. El prestigio está en manos de cualquier garrulo que sepa manejar mejor y más rápidas las cinco yemas para extraer la razón del Google. El inicio de la Edad Moderna lo marcó el invento de la imprenta. La edición masiva de libros terminó con el argumento de autoridad, que estaba en manos hasta entonces de clérigos, leguleyos y sanadores, como una fuente de poder frente a la ignorancia de la gente. Una revolución semejante se produce ahora en medio del bosque digital donde el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor, el paciente al médico, el analfabeto al filólogo, el idiota al científico y el reo al juez. La cultura es hoy una enloquecida barra de bar que circunda el planeta y la política mundial está presidida por un venado con una cornamenta de 14 puntas, toda de oro, un Calígula que gobierna el imperio con los dedos movidos por el odio, la ignorancia y la estupidez.

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http://elpais.com/elpais/2017/02/03/vinetas/1486124713_689827.html

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Descargo de responsabilidad de un profesor en clase (disclaimer)

20 November 2016

twitter: @eugenio_fouz

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Descargo de responsabilidad 

Copyright © 2016

Desde el momento en que usted se encuentra en un aula entiende y acepta que debe cumplir unas normas elementales de comportamiento. En un centro educativo en el que se instruye a los alumnos hay asignaturas con las que tratar conceptos teóricos y prácticos, hay alumnos como usted y profesores como yo que quiere desempeñar su trabajo de la mejor manera posible. Si se fija un poco, a lo mejor descubre a profesores apasionados por la enseñanza de su asignatura que pretenden además convertirla en algo atractivo para usted. Note cómo el alumnado respetuoso y participativo logra obtener clases interesantes y amenas, aprende cosas y está cómodo en el aula.

No debería creer, por otro lado, que el profesor viene a clase a entretenerle, a pasar el rato o a caerle simpático. La tarea del profesor es enseñar su asignatura a un alumno que atiende, aprende y estudia.

Cuente con momentos en los que preferiría estar en otro lado porque tendrá que copiar una tarea, hacer ejercicios, leer un texto, o simplemente estar en silencio. Cuente también con momentos en que no cambiaría estar en clase por nada. Un buen estudiante dedica su esfuerzo a los libros y el estudio dentro y fuera del centro educativo.

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Recuerde lo que NO DEBE hacer en clase:

1/hablar cuando alguien habla (profesor o compañero)

2/usar o exhibir objetos ajenos al objetivo de la escuela (teléfonos móviles, naipes, bebidas alcohólicas, tabaco, diccionarios, drogas, tamagotchis, cámaras de fotos, jirafas, manuales de gramática, cómics, postales, muñecos de vudú, periódicos, revistas, aparatos de radio, reproductores de mp3, etcétera)

3/gritar

4/mirar el reloj constantemente

5/copiar en un examen

6/olvidar (o decir que ha olvidado) el libro de texto, el cuaderno, o cualquier otro material necesario en el aula

7/desoír las indicaciones del profesor

8/contestar de malas formas

9/mentir

10/ser deshonesto

[Si se le ocurren otras, por favor, comuníqueselas al profesor.]

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SUGERENCIAS:

Sea amable con sus compañeros y el profesor.

Propóngase aprender algo cada día.

Intente escribir con caligrafía clara.

Lea despacio, separe las palabras mientras lee y trate de vocalizar bien.

Si es consciente de que algo va mal o no funciona, cambie de actitud, es decir, cállese, preste atención al profesor y aproveche el tiempo. Tome apuntes, concéntrese, lea.

Si eso no funciona, cámbiese voluntariamente de sitio.

No espere aprender algo sin hacer nada.

Eugenio Fouz.-21112016

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5 páginas (asistencia, decálogo de exámenes, disclaimer)

https://document.li/x0n4

Historia de una maestra

2 May 2015

twitter: @eugenio_fouz

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Cómo la educación española se echó a perder, contado por una profesora veterana

R G. BARNÉS / 21.04.2015 / ELCONFIDENCIAL

Tras más de 30 años de experiencia en la enseñanza que le han permitido asistir a toda clase de cambios, Luisa Juanatey realiza un acertado diagnóstico sobre los problemas que la aquejan

Cada vez que se publica un nuevo informe PISA, el reflejo natural de todos los españoles es el de llevarse las manos a la cabeza. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Qué hemos hecho mal? ¿Quién tiene la culpa de esto? Todos llevamos dentro de nosotros un seleccionador de fútbol, un politólogo y un experto en educación que no titubea a la hora de explicar qué es lo que ha ocurrido. Uno de los objetivos más frecuentes de nuestros dardos son, precisamente, los profesores, aquellos que en un pasado fueron respetados y que, súbitamente, fueron despojados de su autoridad en el aula.

Hablo de los profesores de enseñanza secundaria y, más precisamente de los de mi generación, de los nacidos en un lapso aproximado de quince años y que en el apogeo de su juventud/madurez extrañamente pasaron de ser competentes a ser incompetentes de manera inopinada”, escribe la profesora retirada Luisa Juanatey (Santiago de Compostela, 1952) en “Qué pasó con la enseñanza”. Elogio del profesor.-(Pasos Perdidos), un lúcido ensayo en primera persona sobre su trayectoria vital en la enseñanza desde los años ochenta hasta la actualidad, que es tanto un retrato de una generación que se propuso revolucionar la escuela heredada del franquismo como un certero diagnóstico de los problemas que aquejan a la educación española secundaria.

Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer.

Lo que me propongo es que se valore al profesor como un elemento clave”, explica a “El Confidencial” la profesora de Lengua y Literatura que dio clase en institutos andaluces, madrileños, gallegos, valencianos y del País Vasco. “Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer. Si enseñas algo que puede no ser útil en un sentido inmediato pero alguien lo aprende bien y eso se valora, le va a servir siempre y le va a enseñar a aprender”.

Nos sumergimos con Juanatey en los abismos del sistema educativo español a partir de algunas de las claves que nos ayudan a entender qué ha ocurrido durante las últimas décadas.

La LOGSE, un antes y un después

El 3 de octubre de 1990, el PSOE aprueba la Ley Orgánica General del Sistema Educativo, que sustituye a la Ley General de Educación, vigente desde 1970. Con ella se propone llevar la educación a todos los rincones del país, pero para Juanatey, que en su día recibió la reforma con esperanza y algo de candor, supone el principio del fin de la escuela española. “Cada vez había más institutos y era una ley de izquierdas que garantizaba la educación hasta los 16 años”, rememora la autora. “Pero lo trastocó todo porque, fundamentalmente, devaluó la enseñanza”.

¿De qué manera? Al principio, a base de conceptos que servían para llamar de otra forma a realidades que ya existían. “Pusieron en circulación palabras como motivación, como si no lo fuésemos suficientemente, o como si no fuese un estímulo tener una enseñanza pública para todos”, explica. El profesor pasó a ser un docente que tenía, entre sus funciones, motivar a los alumnos, algo que siempre habían hecho aunque quizá no se llamase de la misma forma.

Empezó a darse una depreciación de la idea de autoridad, a la que añadían cosas como que no se podía expulsar a un alumno de clase, de lo que no abusábamos, pero que era una herramienta”, rememora la profesora. “En lugar de que la sociedad ayudase a trasladar a los niños un sentido de las normas (no se puede interrumpir al profesor, no se puede molestar a los compañeros), se produjo lo contrario”. Es el caso de la irrupción de los pedagogos, expertos en psicología que pasaron de súbito a saber mejor que los anticuados profesores lo que estos debían hacer en las aulas en las que vivían día tras día. O la obligación tácita de aprobar a los alumnos, aunque no cumpliesen los mínimos exigibles. “Empezó mal y mal ha seguido, a pesar de que todos hemos tenido algún grupo que trabajaba bien. Pero eso no es un sistema público de enseñanza que se basa en la igualdad”.

El profesor no es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos. Fue la izquierda quien, en apariencia paradójicamente, impulsó este cambio, aunque tampoco el Partido Popular hizo nada por revertirlo, más preocupado por las privatizaciones. “Ahora es muy difícil volver atrás”, se lamenta la autora.

El día que el profesor dejó de tener razón

Entre la confluencia de factores que explican la evolución del sistema educativo español de las últimas décadas, Juanatey encuentra la raíz en el descrédito del profesor, que pasó en menos de 20 años de ser un severo y a veces despótico dictador a verse desposeído de toda credibilidad. “Los adolescentes viven en una constante incitación, la sociedad de consumo tiene una cantidad de estímulos perenne que les da una serie de cosas muy dinámicas y móviles, pero también superficiales”, explica la profesora. “La figura del profesor como grupo social encarna esos valores de no tratar de ser famoso, de no triunfar, de no tener dinero o un gran coche, ni es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos”.

Los profesores, recuerda la autora, no tienen mayor ambición que la de transmitir su conocimiento ejerciendo su autoridad pero siendo conscientes de que, tanto sus alumnos como ellos, lo ignoran casi todo. “Otra contradicción fue lo de que el aprendizaje no debe ir de arriba abajo”, recuerda. “¡Qué absurdo! ¿Los que nacen después enseñan a los que nacen antes? Ese absurdo se ha propagado: los profesores están anticuados, no se adaptan, no se reciclan…” La escuela pública española fue durante mucho tiempo un paradigma de igualdad, en el que había tantas mujeres como hombres (o más) en un clima de respeto y compañerismo.

En el debe de la sociedad española hay que añadir pequeñas decisiones promovidas desde las nuevas instancias de la autoridad educativa, como el desprecio de la memoria (“que es valiosísima para aprender; imagínate ir a la autoescuela y decir que lo que quieres es aprender distraídamente y jugando”) o el esfuerzo. “Esforzarse, luego memorizar tras haber entendido y leído, manejar textos, poner en práctica… esto es lo que te permite aprender”, explica Juanatey.

¿Mi hijo no estudia? La culpa es del profesor

Al mismo tiempo que los docentes perdían su autoridad y se veían desprotegidos ante unos alumnos cada vez más cargados de razón, la sociedad encontró un culpable propicio para todo aquello que estaba ocurriendo… Y que volvía a ser el propio profesor, tildado de acomodaticio y vago. “De repente cambió todo, y te encontrabas con que nada más entrar en clase había grupos que te recibían con un rechazo absoluto”, rememora Juanatey. “Desde todas partes empezamos a oír que éramos unos vagos. No lo éramos, simplemente no aspirábamos a grandes cosas: lo pasábamos bien preparando las clases”.

De la noche a la mañana llegó lo de que no servíamos para nada, que éramos material de desguace, ¡pero éramos los mismos que el año anterior!”, recuerda, a pesar de la voluntad de adaptación de los profesores, que introdujeron poco a poco cambios como el rediseño del aula. Pequeñas alteraciones que funcionaban si los alumnos estaban dispuestos a aceptarlas, pero que “es muy distinto si lo primero que tienes que hacer es decir a los chicos que no pueden estar espachurrados sobre el pupitre, que hay que traer el cuaderno, que así no se puede trabajar, que les pidas que no se vayan a la construcción porque son jóvenes y te respondan que eso era en nuestros tiempos… Esa clase de ambiente nos desprestigió, porque empezaron a prevalecer valores que iban en contra de todo esto”.

Juanatey habla del reciente ejemplo de las reformas llevadas a cabo por los colegios jesuitas de Cataluña para ilustrar por qué la educación en nuestro país es, desde hace 20 años, cada vez más clasista: “Si tú me das una clase de gente que en su casa tiene libros, que oye un vocabulario determinado y trata ciertas cuestiones, que viene a aprender y que van a mandarlos a Estados Unidos después del bachillerato, se pueden hacer maravillas. Pero también he dado clase en barracones como los que hay en la Comunidad Valenciana. ¿Qué hacemos, el modelo de los jesuitas con los chicos metidos en un cajón de obra? ¿Con quién lo hacemos, con los que han tenido suerte y estudian en un aula mejor? Esto no es un sistema público de enseñanza”.

Padres malcriadores para niños malcriados

Los alumnos no cambiaron de comportamiento, hábitos y costumbres por sí mismos. Ni siquiera únicamente por la ley ni por los medios de comunicación, aunque ambos favoreciesen el nuevo sistema de valores: los padres tuvieron mucho que ver. “Fue esa moda de que a los niños no se les puede contradecir, que tienen que ser creativos y libres”, explica la autora. “Fíjate ahora que los que lo defendían son los mismos que se han enamorado de la expresión ‘poner límites’. Pero era lo que decíamos todo este tiempo cuando nos ponían verdes por hacerlo. Poner límites es establecer normas, sancionar”.

Los nuevos alumnos, así como sus padres, empezaron a entender que podían exigir lo que quisieran. Entre todas esas cosas, recibir un aprobado sólo por ir a clase a diario: “Llegó un momento en que todos empezamos a aprobar más de lo debido, sabiendo que habíamos enseñado la mitad que antes”.

En una esclarecedora anécdota del libro, Juanatey recibe la visita de un padre después de que su retoño proteste por haber obtenido un dos. El padre, tras releer la prueba, no tiene ninguna duda: “Yo le habría puesto un cero”.

Parece que el profesor es alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe.

El ambiente, alentado por Consejos Escolares, inspectores, medios de comunicación y autoridades políticas, favorecía esa percepción en la que el niño tenía la sartén por el mango. “Si a los padres se les hubiese inculcado que el niño viene a respetar al profesor y a aprender unas asignaturas y no se les hubiese dicho que estas estaban anticuadas, que el profesor no era un monigote que se tenía que quedar callado cuando el Consejo Escolar decidía que un niño podía escuchar música con auriculares, habría sido muy distinto”. No son las únicas razones: un mayor número de alumnos entró en la escuela, al mismo tiempo que los padres y, sobre todo, las madres, podían pasar menos tiempo con sus retoños.

En el colegio me gusta que los niños se diviertan”, recuerda Juanatey que decían algunos padres. “Yo considero que los profesores deben hacer esto, aquello, lo de más allá… ¿Pero usted ha estado alguna vez en una clase? ¿Usted sabe lo que le toca al profesor hoy y que todo eso tiene que hacerlo en una situación en la que no se le valora ni respeta, y además el niño dice que no vale porque no es divertido?”. Una situación que dio una nueva definición de lo que debía ser un profesor: “Alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe”, explica la autora con sorna.

Los valores de una bella profesión

Seguramente, usted también haya escuchado aquello de lo bien que viven los profesores con sus tres meses de vacaciones al año (falso), uno de los colectivos más vilipendiados de las últimas décadas de la historia española junto a los funcionarios. Quizá porque paradójicamente no encajan en los cánones de la sociedad moderna –ambición, lujo, consumo– en los que se han criado las nuevas generaciones de alumnos. “Un profesor no tiene nada que ver con alguien que lleva marcas, que se somete a cirugía estética, o que aspira a tener un yate o ser famoso”. No, explica Juataney en el libro, los docentes no quieren un sueldo mayor, que los hagan catedráticos o que los inviten a opinar en los medios (donde, dicho sea de paso, raramente aparecen): quieren hacer su trabajo con dignidad.

La de profesor sigue siendo una profesión muy satisfactoria, pero los que empiezan ahora deben exigir más.

Esto ha sido complicado en los últimos tiempos, una situación acentuada en los años inmediatamente anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria, tiempos en los que nadie necesitaba tener estudios para conseguir un buen sueldo. Pero, como recuerda la autora, una sociedad que piensa que la educación no sirve para nada es “una sociedad que se engaña”. “Si miras los terribles datos del paro, hay una gran diferencia entre los que tienen preparación y los que no. Prepararse sí que sirve, porque, y en esto estoy de acuerdo con los psicólogos, aprender siempre es aprender a aprender”. Por eso, toda una generación se encontró de repente sin nada, es decir, sin preparación, “y luego se dieron cuenta de que, aunque ya no haya rosas para nadie, tener estudios te favorece”.

Paradójicamente, se ha vuelto a completar el círculo, y muchos de aquellos a los que su entorno empujó a desertar de la escuela han vuelto a la misma en busca del esfuerzo, formación, crecimiento personal y riqueza intelectual que el colegio ofrece. ¿Y los profesores? Aunque la situación sea complicada, Juanatey insiste en que quiere concluir con un mensaje positivo. “Sigue siendo una profesión realmente satisfactoria, y me gustaría animar a todos los que tienen el deseo de ser profesores, así como decirles que exijan mucho: realmente es una vida buena la del profesor”. Y no, no se refiere al dinero, el prestigio, la adulación o la capacidad de influencia de la que carecen, y a la que, de todas formas, tampoco aspiraron.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-04-21/como-la-educacion-espanola-se-echo-a-perder-contado-por-una-profesora-veterana_733989/

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No se enfade …

6 December 2014

twitter: @eugenio_fouz

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vía @someecards

Estrategia de profesor para animar a sus alumnos (vía @moodle)

27 November 2014

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TÍTULO DE RECURSO EN @MOODLE: Si desea conseguir puntos positivos en la calificación de este trimestre, lea lo que sigue: 

Escriba no más de 40 palabras sobre la utilidad de la educación ético cívica. Debe entregar el texto el mismo día del examen, es decir el próximo martes día 2 de diciembre al comienzo de la prueba. La hoja ha de estar escrita a máquina. Haga constar la fecha, el grupo de clase y su nombre y apellidos

lla keda menos, loko

25 May 2014

twitter: @eugenio_fouz

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Ola K ase? Que qué passa tíio vaya rollo suelta el colega eh. No sé digo yo que a l o mejor si haces una estupidez ahora mismo el pesao ese te echa fuera y aprovechas pa irte un rato al aseo eh, qué te parece. Eres grande, chaval. Si no fuera por tus actuaciones en clase esto se aría un rrollo inaguantable del carajo. Anda, haz tu papel, es lo que esperamos todo s de tí, tío no te amuermes haz una gracieta y nos reímos todos jajajja. Ñmira que eras guay. Me caes bien muy bien. La verdad es que dejaría de dar clase para quedarme pasmao mirando a vér qué se gilipollez toca cuando esté ocupado y preocupado pretendiendo hacer mi trabajo. Claroq eu esto esl o que hay. Muchos colegas me dicen que va en el sueldo, que como al árbitro se le llama hijoputa pues a mi me toca aguantar a l tonto y al gracioso , fingir que me enfado y que me gusta explicarte algo que no te van aa explicar ent u casa ni en ningun laod. Oye perdona la escritura,no es muy cuidada, pero sé que tú ñme entiendes así, de sobra, par que voy a molestarms más si a ti tes igual. Jajaaa. Bueno, no te robo más tiempo. Sigue a´si, que seguro que has entendido el sentido de3 la escueal mejro que yo. Como sabes los profesores no tenemos ni idea de que va el tema este ni hemso ido a clase nunca. Imagino que a partir de la segunda línea habrás dejad o de leer este pestiño, me sorprendería que llegases hasta aquí tío, en serio. Bueno, te dejo a lo tuyo, a hacer lo que hacen las mariposas antes de abrirse 😉

Ánimo que lla keda menos, loko.

{leído en @tumblr}

El espíritu de la escuela, la exigencia académica y la evaluación

16 October 2013

twitter: @eugenio_fouz

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(“To Sir, with love” 1967, James Clavell)

Soy profesor de Inglés y estoy a favor de la educación; a favor de la educación en general. Pienso que la escuela empieza en los alrededores del recinto escolar, sigue en el interior del centro y en el aula. Creo que el espíritu de la escuela alcanza a los estudiantes más allá del espacio físico del establecimiento y los marca con una señal de cultura, amor por los libros y la lectura, además de cierta inquietud intelectual.

Soy partidario de la disciplina, la instrucción y el respeto. Me preocupa que la exigencia académica se pierda en buenas intenciones y me cuesta entender que se cuestione aprobar a un alumno con una calificación numérica igual o inferior a cuatro puntos sobre diez, o dicho de otro modo, con una calificación insuficiente.

Me gusta la idea de la evaluación externa, diferenciada y objetiva. Esta evaluación supondría una medida de las capacidades y conocimientos de los alumnos. Asimismo, entiendo que esta clase de evaluación examinaría al profesor, lo cual me parece justo.

Aforismos apócrifos del profesor insomne

19 September 2013

twitter: @eugenio_fouz

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  1. crear siempre, aprender y guardar la llama
  2. la ignorancia es el punto de partida
  3. dicen que la veteranía es un grado y es cierto; no obstante no descuide la inocencia
  4. dé cabida a todas las cuestiones y dudas
  5. empiece cada día dispuesto a aprender algo
  6. no hay dos alumnos iguales
  7. enseñe teoría y práctica (el alumno tiene que participar para aprender)
  8. la humildad es una virtud
  9. tenga presente que aprendemos de los errores y mejoramos cada vez que fracasamos
  10. los profesores de Educación Secundaria somos del Cuerpo de Infantería y combatimos pie a tierra, cuerpo a cuerpo
  11. sea un individuo curioso e inconformista
  12. los alumnos aprenden de los profesores apasionados; los profesores aprenden de los malos alumnos o reacios a aprender
  13. aquel alumno que tan solo busca obtener la mejor nota no ha entendido nada
  14. la burla y la mofa son la especialidad de los más débiles
  15. un hermano no se comporta de la misma manera que se comporta su hermano
  16. asistir a clase sin hacer nada es algo radicalmente opuesto a estar en clase atento, tomando notas y queriendo aprender
  17. el hecho de que su profesor no sea gracioso o no le guste debería ser lo menos importante para un alumno sano
  18. el hecho de que sus alumnos no sean graciosos o no le gusten debería ser lo menos importante para un profesor sano
  19. la lección no termina en el aula (el buen alumno estudia en casa o en cualquier otro lugar, consulta otros libros, lee y se pregunta cosas, tiene inquietudes, no es indiferente a casi nada)
  20. los alumnos mejoran con el tiempo; sin embargo, no tiene por qué ser así en todos los casos necesariamente

El poeta, las cosas importantes y los dos caminos

21 March 2013

 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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“Two roads diverged in a wood, and I— / I took the one less traveled by, /

And that has made all the difference.” (Robert Frost)

Robert Frost se vio a sí mismo paseando por un bosque hasta llegar a un punto en el que se abrían dos caminos. Tenía que seguir uno de los dos y el poeta eligió el más solitario. Esa elección, según sus propias palabras, “marcó la diferencia”.

La vida es un bosque por el que caminamos nosotros y mientras hacemos ese recorrido particular aprendemos o dejamos de aprender varias cosas. Cada uno tiene que pensar qué cosas le importan de verdad y qué cosas no le importan. Para un adolescente saber andar en bicicleta o meter la cabeza en el agua para nadar pueden ser cosas importantes. Las cosas que no aprendemos bien o las cosas que aprendemos mal se convierten en asignaturas pendientes.

No quería equivocarme y me equivocaba constantemente. Y es que se puede escribir a máquina con dos o tres dedos y se puede escribir con toda la mano. Una de las dos maneras será la más cómoda al principio.

Días atrás leía los comentarios de mis alumnos en una prueba escrita de Ética. El ejercicio consistía en completar un párrafo, previamente leído en clase, sobre la relación difícil de un padre y un hijo. Además había que extraer una moraleja del texto final. El texto exponía las explosiones de mal genio de un chico y describía la reacción del padre. Este hablaba con su hijo y le decía que le acompañase al garaje. Una vez allí, el padre le mostraba una puerta, un cajón de clavos y un martillo. Queriéndole hacer ver el daño que causaba a todos con su mal carácter le explicó que cada vez que sintiera ira se esforzase para contenerla y que en vez de gritar o perder los nervios fuese al garaje y clavase un clavo en aquella puerta. Le pidió entonces a su hijo que lo hiciese por su padre, a pesar de que pudiese parecerle una tontería. Y el chico le hizo caso.

Al final de la historia, y tras haber sido capaz de contenerse varias veces, el hijo acompañaba a su padre al garaje y el padre le decía que arrancara todos los clavos de la puerta. El chico obedecía extrañado. Entonces su padre le enseñaba finalmente que la puerta llena de agujeros era el corazón de las personas a las que ofendía. El padre le decía que aunque uno pidiese perdón el daño ya estaba hecho. Esta era la historia completa y la moraleja que leía en todos los ejercicios. Sin embargo, un alumno entendió la enseñanza moral de otra manera. El alumno escribió en el examen que por muy mal que se portase un hijo siempre tendría al padre a su lado. Tuve en cuenta esta conclusión inesperada y diferente. Este chico había elegido uno de los dos caminos. Y pensé en mi padre.

(artículo publicado en @laverdad_es el día 20 de marzo de 2013)


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