El sentido de la educación


twitter: @eugenio_fouz

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EXILIO INTERIOR

 

“Insist on yourself; never imitate” (RALPH WALDO EMERSON)

Un amigo me hizo reír el otro día al contarme que cuando era pequeño mientras veía la televisión sus hermanos le hicieron creer que no era él el único espectador, es decir, que la gente del otro lado de la pantalla podía verle si el aparato estaba encendido. Tal cual. Como si se tratase de una pantalla de esas de doble sentido de la célebre novela 1984 de Orwell. Me confesaba que desde entonces le preocupaba sentarse a ver la tele de cualquier manera y que dejó de hurgarse la nariz y hacer gestos raros. Se ponía serio cada vez que salía en la pantalla una chica que le gustaba. Me río, pero yo habría hecho lo mismo.

Hoy, ese amigo y yo nos hemos vuelto a encontrar y hablamos de cómo pasamos de aquella extrañeza que nos produjo la televisión a la cotidianeidad de la realidad virtual. En fin, como decía, hablamos de la inocencia que vivimos los dos. Recordamos el respeto que sentíamos entonces por todo. Obedecíamos a nuestros padres y a los profesores y no éramos tontos ni ilusos. Teníamos miedos que eran reales. Había cosas que pasaban de verdad y te dejaban aturdido unos días o durante semanas. No teníamos prisa por ser mayores.

Ahora, los chavales no quieren eso. Aparentemente, los adolescentes quieren vivir lo que no les corresponde. Ellos prefieren saltarse etapas y pretender ser lo que no pueden ser todavía. Los adolescentes hablan como adultos, fuman y beben, salen sin límite, disponen de un teléfono propio con saldo, un perfil en las redes sociales y sueñan con ser famosos. Y que sea rápido. La verdad es que lo tienen fácil.

Esto viene a cuento de la noticia de la muerte de una chica, el pasado 1 de noviembre, a consecuencia del consumo desmedido de alcohol en una salida clásica de botelleo. Lo triste del caso es que los chicos conocen el daño que ocasiona la bebida sin control, saben que no tienen edad ni razones para beber, que las fiestas clandestinas con alcohol no están permitidas y, con todo, burlan a la policía y se refugian en lugares cada vez más escondidos para seguir la fiesta. La chica no quería morirse esa noche. Nadie quería esto. Y sin embargo, sucedió. Uno se pregunta para qué sirve la educación o qué significa hoy en día ser padre. Nos falta vivir la vida más despacio.

Es cierto que en otro tiempo, mi amigo y yo queríamos divertirnos y ser amigos toda la vida. Teníamos miedos, por supuesto, y sabíamos que si hacíamos algo mal nos tocaría pagarlo. Teníamos miedo al fracaso en la escuela, a caer mal, a no aprender nada; pero había una clase de obediencia, una idea clara de principios y valores que traíamos aprendidos de casa. Si había algo que nos asustaba de verdad era la posibilidad de que no nos quisieran nuestros padres. Queríamos ser queridos, que se preocupasen por nosotros. Queríamos ser buena gente, dicho de otro modo, ser educados.

 [artículo de opinión publicado en @laverdad_es el día 16 de noviembre de 2016]

 

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