Orlando, Virginia


Ninas_afganistan-985x656FOTO: Parwiz. REUTERS 15062016.Afganistán | #Desigualdad | Las niñas de Afganistán que se visten como niños para poder estudiar. Muchas niñas afganas, especialmente las que residen en comunidades rurales alejadas de la influencia de Kabul, viven la infancia como niños por precaución. Les cortan el pelo y las visten como varones para que pasen desapercibidas y no tengan que lidiar con la desigualdad y la violencia de género en el país y además puedan estudiar con ‘libertad’.

Tras más de 15 años de intervención internacional en Afganistán, la educación para las niñas empeora cada año. Y es que, “después de los grados 8º y 9º, son sus familias las que no las dejan continuar con sus estudios debido a las tradiciones culturales o para evitar que sean acosadas por la sociedad”, explica Abdul Qadir Paiwastum, director del Sistema Educativo Provincial en Kandahar. “No les dejan estudiar por miedo a lo que la gente dirá de ellas”, comenta Roqya, que sigue escolarizada en Kandahar, sobre la exclusión educativa forzada a la que sus compañeras tienen que someterse. La Asociación Revolucionaria para Mujeres en Afganistán sugiere que la “culpa” la tienen los que ostentan el poder en el país, que siguen creyendo que la mujer es inferior al hombre y por lo tanto “no hacen nada para luchar contra la discriminación de la mujer y las niñas que se ven en la obligación de cambiar de género para sobrevivir”, ha afirmado un portavoz de la organización.

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Orlando, Virginia

Eugenio Fouz

Cuando la clase política española se preocupa de la corrección en el discurso y añade de manera redundante el femenino al nombre que por defecto incluye ambos géneros, hay lugares en el mundo en los que nacer mujer es una desventaja. Ser mujer en Afganistán no debe de ser fácil porque solo los varones aprenden a leer y escribir.

En Europa asumimos el derecho a la educación de todos los niños. Los profesores, por un lado, nos enfrentamos a diario con alumnos descontentos. Dentro del aula vemos a chicos que desprecian los libros, el conocimiento y la cultura. A veces la sociedad exige al profesor que ayude al alumnado a encontrar razones para estudiar o prestar atención en clase, lo cual es un sinsentido. Es verdad, sin embargo, que hay también alumnos que saben para qué sirve la escuela.

La niña de la fotografía de The Objective parece una niña. La verdad es que podría pasar por un niño. De hecho, yo no me atrevería a afirmar una cosa ni la otra. En el fondo esta ambigüedad de género favorece a la niña afgana. Sea como sea, los niños no se diferencian mucho entre sí a esa edad incierta previa a la adolescencia.

Las niñas quieren ir a la escuela porque ellas intuyen el poder oculto del lenguaje, los números, la filosofía y el arte. Las niñas quieren aprender a leer y a escribir aunque para ello se vean obligadas a renunciar a su identidad de género, tengan que cortarse el pelo y adopten maneras de chico. Hace falta coraje: fingir ser otro para ser uno mismo.

Pienso en Orlando, el joven aristócrata de la novela de Virginia Woolf que se vuelve mujer a la mitad de su vida después de haberse quedado dormido. O dormida.

[artículo publicado en @TheObjective_es vía #ElSubjetivo; 17062016 ]

Lea aquí la versión original:

http://tinyurl.com/jts263c

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