La reina de la soledad absoluta


EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 2015-05-03 14.11.13

Releo estos días un decálogo titulado “Cómo formar delincuentes” que cita el conocido juez de menores Emilio Calatayud en un libro suyo. Según parece, la policía de Seattle, preocupada por el aumento de los delitos cometidos por los adolescentes en Estados Unidos, decide redactar un panfleto de diez puntos para los padres que quieran instruir a los delincuentes. Sí, ha leído bien. Obviamente la idea de la policía es la contraria; la policía pretende hacer pensar a los padres en la importancia de una buena educación.

Estoy con este decálogo en las manos por culpa del caso de una adolescente madrileña de 16 años que buscó una salida desesperada a un maltrato que no merecía. La chica acabó con su vida arrojándose desde un sexto piso al vacío, a la soledad más absoluta.

Cuando pasan cosas como esta se tiende a pensar en el acosador, en preguntarnos cómo tratar su problema de actitud. A veces confundimos al agresor con la víctima, y siempre hay uno que agrede y otro que sufre la agresión. La preocupación primera debe ser proteger al débil, haciéndole saber que tiene una libertad y unos derechos que se imponen al arbitrio de cualquier agresor que no los respete.

Por esta razón, un mal padre cumpliría a rajatabla los diez puntos del decálogo facilitándole (punto 1) a su hijo todo lo que le pidiese. Cuando a un hijo no se le niega nada ni se le dice nunca que no, este desconoce los límites naturales a sus deseos y no tiene en cuenta que los demás también sueñan y quieren cosas. El pésimo resultado de una educación sin cortapisas es una no-educación. La educación muchas veces consiste en adiestrar a un hijo en la renuncia.

Nadie en su sano juicio seguiría tampoco la idea de no reprender a un hijo (punto 4). Los hijos no se educan solos y es preciso que aprendan a aceptar también reprimendas, riñas y castigos. El decálogo concluye con la recomendación a los padres de ponerse a favor de sus hijos en todos los conflictos con la policía, profesores o vecinos (punto 10). Esta última sugerencia deja fuera de juego el sentido de autocrítica del chico y lo encierra todavía más en un entorno desequilibrado.

Educar no solo es sacrificio; significa también compromiso. En situaciones de abuso o maltrato hay una diferencia importante entre no hacer nada, tirar otra piedra, y dar la cara. María José Pérez-Barco escribe sobre esto aportando el testimonio de una profesora que propone no fijar la atención solo en el acosador y la víctima sino también en “esas personas que no acosan, que observan, que son testigos y que se ríen” (ABC, “Así combate Finlandia el acoso escolar”.-28.05.2015).

Ojalá que la reina de la soledad absoluta leyese estas líneas de Hemingway:

Las mejores personas poseen un sentido para la belleza, el valor para correr riesgos, la disciplina para decir la verdad y capacidad para el sacrificio. Irónicamente sus virtudes les hacen vulnerables; a menudo son heridas, a veces destrozadas

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es 3062015, miércoles]

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