El mundo patas arriba


EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti” (RUDYARD KIPLING)

El mundo está cambiando mucho. Y lo está haciendo muy rápido. No digo más que lo que antes era considerado una verdad universal hoy no deja de ser una incertidumbre. En otras palabras, no existe nada seguro. Ni siquiera la hora es cierta. A ver si me explico; mientras escribo estas líneas un domingo de finales de marzo de 2015, mi reloj dice que en este momento son las 11.59 horas y no las 10.59 horas que teóricamente deberían ser si no hubiese puesto yo mismo el reloj en hora siguiendo las instrucciones del horario de verano de la Unión Europea. Según sabemos, los cambios de hora, tanto en verano como en invierno, se implantaron en nuestro continente en 1974 para ahorrar energía tras la primera crisis del petróleo.

Como sabe, amable lector, en este asunto de la hora hay partidarios de dejar la hora sin adelantos ni atrasos así como hay quién preferiría pasar de la hora de Berlín a la hora de Greenwich definitivamente (GMT, Reino Unido).

Si pudiésemos volver atrás en el tiempo tan solo unos años, nos daríamos cuenta de lo que hemos dejado en el camino. Nos hemos olvidado de escribir cartas y postales, hemos despreciado las máquinas de escribir, los discos de vinilo y las cámaras de fotos. Añoro estas cosas. Tal vez desaparezcan otras como el reloj de muñeca, a la vista de la desmedida afición por los teléfonos multiusos. Somos afortunados, sin embargo, al disponer de reproductores MP3, smartphones y netbooks.

Hemos perdido también una manera de vivir, un estilo de vida diferente. La gente antes se aburría tardes enteras, lo pasaba mal o lo pasaba bien, se equivocaba y aprendía lecciones a otro ritmo. Uno caminaba por la calle ensimismado, pensativo y despierto, atento al tráfico y al bullicio. Hace unos años hablábamos con desconocidos en el parque, el café o la gasolinera.

Hoy la gente parece estar agobiada por la gente. Hablan solo cuando no vibra su aparato de diseño o no llevan auriculares en los oídos. No oyen ni las risas, ni las voces ni los pájaros. Muchos individuos andan todo el día como sonámbulos secuestrados por la luz de un androide diminuto en una mano.

Y así nos va. El mundo lo hemos vuelto del revés. Somos adictos, drogodependientes del viral más reciente, y queremos ver el tropiezo de Madonna en medio de una actuación, saber los motivos que llevaron a Zayn Malik a dejar “One Direction” y , si es posible, visionar el vídeo de la trifulca de Jeremy Clarkson con un productor de la BBC.

Hemos perdido espontaneidad, barbecho y calma. Renunciamos al protagonismo de nuestras vidas para convertirnos en los espectadores de vidas ajenas. Una imagen hace hoy más daño que mil palabras. En este universo virtual el poder de un dedo es bestial. Nada permanece, todo cambia. El mundo patas arriba.

[artículo de opinión publicado en @laverdad_es; 1.04.2015]

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