Nuestro Fahrenheit 140º


 

twitter: @eugenio_fouz

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No me he vuelto loco ni me van a obsesionar los tweets de los internautas. De verdad que no. Déjeme que me explique. Ayer un conocido tuitero @TwittBoy enlazaba en la red la última selección de tuits de José Luis Orihuela (@jlori) y hasta ahí todo normal. Este profesor de periodismo ha tomado la costumbre de recopilar aquellos tuits que le parecen interesantes, ingeniosos o que, según su criterio no deberían perderse. El caso es que por vez primera me he visto yo a través de un tuit y me gustó. Me sentí, en cierto modo parte de la Biblioteca de los Ciento Cuarenta Caracteres o BCCC (no confundir con la British Broadcasting Corporation o BBC).

Orihuela comparte lágrimas de lluvia en el Bosque de los Pájaros Habladores (@twitter) y cuenta lo que está pasando en este foro universal. Acierta cuando escribe eso de que hemos pasado de un lado a otro con rapidez vertiginosa. Dice que empezamos enlazando los posts del blog en Twitter para llegar a postear o escribir los tuits en el blog. Y es verdad. Yo he leído tuits que quise volver a leer varias veces, a los que hice erreté (RT) –dar un empujón, valorar como muy positivo, compartir con mis seguidores- y luego copié en tumblr (@tumblr) para no perderlos. Como sabemos, twitter no es algo permanente y los tuits son cantos espontáneos de pájaro, charlas de nómadas, voces viajeras.

Orihuela quiere guardarlos.

Seguí leyendo más tuits y mientras leía pensaba en la novela de Bradbury, Fahrenheit 451. En una sociedad futura y nada utópica el grupo en el poder prohíbe la lectura de libros y el conocimiento. Combatir la imaginación y la libertad es la mejor forma de lograr la ignorancia. El gobierno hace actuar a cuadrillas de bomberos que queman libros, todos los libros. Se busca una sociedad dormida y sumisa. Sin embargo, hay individuos disidentes que se escapan al bosque. En ese bosque (@twitter) leen y memorizan un libro cada uno y se convierten en hombres-libro.

Yo me he preguntado después de haber leído esa novela qué libro salvaría de la quema. Me he preguntado qué libro me obligaría a memorizar para no perderlo. Y pensé que sería Orlando de Virginia Woolf. Le pregunté a Orihuela y a TwittBoy y el primero dijo que salvaría Robinson Crusoe de Daniel Defoe y el segundo salvaría El perro de Alberto Vázquez Figueroa.

Se me ocurrió que podía preguntar a la comunidad tuitera qué libro salvarían ellos y me atreví, sabiendo que muchos me tomarían por un spammer, y entendiendo que no sería capaz de dirigir la pregunta a todos (sigo a más de dos mil tuiteros) aproveché la condición de libertad, universalidad y rapidez que da el Bosque Sagrado para atreverme con internautas que no me conocen, no interactúan conmigo o que nunca pensarían en contestarme y confieso que me ha sorprendido para bien el resultado. He visto títulos que quiero leer pronto. Uno es lo que lee. Decir qué libro salvarías de la quema es decir quién eres.

Me ha extrañado que nadie, hasta hoy, salvara La princesa prometida de Goldman, El conde de Montecristo de Dumas, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde o Cumbres borrascosas de Emily Brontë.

 ***

 Las lágrimas en la lluvia de José Luis Orihuela (@jlori)

http://www.ecuaderno.com/2010/03/05/twitter-y-las-lagrimas-en-la-lluvia/

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