Érase una vez en Disneyslandia


 EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

 bookmania

Dicen de Walt Disney que empezó haciendo dibujos para el periódico de la escuela en Chicago mientras asistía a clases de dibujo y fotografía. Después de haber dejado los estudios y varias aventuras más se apuntó como voluntario en la Cruz Roja y acabó conduciendo ambulancias en Francia. A su regreso de Europa, se dedicó a la publicidad y a experimentar nuevas técnicas de animación con la ayuda de una cámara de fotos y dibujos hechos a mano. En fin, si sabe de quién estoy hablando, sabrá de sobra que este artista dio al mundo la oportunidad de conocer los cuentos más universales de todos los tiempos creados por Andersen, Perrault y los hermanos Grimm, entre otros.

Aquel que ame la fantasía y la ilusión de creer lo increíble, aquel que quiera letras y literatura, magia, moraleja y locura estará dispuesto a escuchar un cuento para saber si al final se salva Pulgarcito, si Caperucita no debía haberle hecho caso al lobo, si todas las brujas son de verdad malas y viejas o si el patito feo no era un patito ni era feo. Gracias a Walt Disney muchos niños conocimos a Blancanieves y los siete enanitos, a Pinocho y a la Cenicienta. Cuando éramos inocentes prestábamos atención a nuestros mayores que nos hablaban de ogros, hadas y malhechores mientras nosotros, enanitos entonces, sacábamos nuestras propias conclusiones.

En una isla situada al noroeste de Europa (Islandia o Disneyslandia) sucedió algo que parece estar escrito en un cuento. No obstante, está escrito en papel de periódico y es real. En la capital del reino, Reikiavik, el pasado 2 de diciembre del año 2013 la policía islandesa recibe el aviso de que un hombre está disparando con un fusil desde la ventana de su apartamento a la calle. Son las 2 de la madrugada, la policía llega al lugar y toma posiciones. Debió de ir armada de paciencia ya que por espacio de 4 horas trata de convencer al hombre para que se entregue. Al no lograr avances en la situación, la policía lanza gas lacrimógeno al interior de la vivienda rompiendo las ventanas, a lo que el hombre (quizá bajo efectos de drogas o alcohol, todavía por determinar) responde disparando a la policía y acertando con una bala en el casco de un agente y con otra bala más en el chaleco de otro policía. La policía repele entonces el ataque haciendo uso de sus armas de fuego e hiriendo al hombre de gravedad con el resultado posterior de su muerte.

Esto que he contado aquí no sería noticia si no fuera porque la policía de ese país ha contado esta víctima como la primera víctima en la historia de la policía islandesa. Tampoco sería noticia si nos hubiésemos acostumbrado a empatizar con el prójimo, si supiésemos disculparnos como creyó la policía que debía hacer llamando a la familia del fallecido para mostrarle sus condolencias.

¿En qué momento perdimos esa inocencia?

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es 11.12.13)

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