La Gran Araña nos observa desde arriba


 

EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

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“Usted es un hombre que ve una ofensa en un ramo de rosas” (Enoch Thompson, “Boardwalk Empire”)  

 

Una chica de 22 años, Gabriela Hernández, aparece muerta en su apartamento de la ciudad de Veracruz en México. Su hermano mayor encuentra el cuerpo sin vida de Gabriela colgado de una viga. Según se desprende de las informaciones facilitadas por la prensa mexicana, la joven estudiante de telebachillerato arrastraba una depresión desde hacía tiempo probablemente motivada por una relación amorosa virtual con un joven de otro país. Quizás esa mezcla dañina de ausencia y lejanía de los enamorados provocó el malestar en la joven; o tal vez no fuera ese el motivo que llevó a “la jarocha” a tomar la decisión de suicidarse.

Enamorarse no es noticia, pero matarse por amor sí lo es. Amar a alguien es afirmar la vida; matar a alguien, incluso matarse uno a sí mismo es la negación de la vida. Aparentemente Gabriela se suicida por amor y prepara previamente el escenario a su antojo para publicarlo en la célebre red social conocida como facebook. La adolescente de Veracruz convierte una confesión privada en un acto público restándole valor a una situación amorosa personal y exclusiva.

No entienda este escrito como una acusación a la joven. No la culpo de nada, pero me apena  pensar que hoy las cosas suceden de esta manera. El mundo es un pañuelo y decisiones que tendrían que llevar un tiempo de cavilación como pueden ser una ruptura amorosa o un desengaño se solucionan por la vía rápida sin darle tiempo al tiempo, sin dejarle espacio a la lentitud, la mesura o la calma. Esta vez se trata de algo tan serio como un suicidio.  

En este mundo en el que vivimos estamos perdiendo cosas que no tendríamos que perder. Hemos renunciado a la privacidad y al pudor de forma voluntaria. Aquellos que supieron lo que era la falta de libertad hoy saben en qué consiste  ser libre. Haga la prueba y hable a la gente de compromiso y lealtad, hable del barbecho y la espera y no tardará en oír protestas y quejas, precisamente de quienes no conocen nada de eso. Lo que hace años se lograba con el trabajo de los brazos y las manos hoy se reduce a dos dedos deslizándose por la pantalla de un dispositivo electrónico hiperconectado a la red. Muchos están atrapados y no lo saben, o si lo saben no parece importarles. Salga a la calle, al tranvía, a los bares y observe cómo vivimos la vida en la tela de araña.

Lo que sucedió el día 8 de noviembre en el apartamento de Gabriela podría titularse como aquella novela de Gabriel García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”. Nos creímos que la vida estaba hecha para contarla pero no es así. Ah, ojalá Gabriela hubiese escuchado esa frase budista sobre la vida que dice: “al final solo importan tres cosas: cuánto has amado, con qué gracia has vivido y cómo has sabido dejar pasar de largo las cosas triviales

(artículo de opinión publicado en @laverdad_es el miércoles 13 de noviembre de 2013)

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