Helter skelter


EXILIO INTERIOR

twitter: @eugenio_fouz

Arthur Rimbaud (el poeta del centro, mirada pensativa y barbilla apoyada en la mano)

Arthur Rimbaud (el poeta del centro, mirada pensativa y barbilla apoyada en la mano)

La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta” (Luis Cernuda)

Yo leo un libro en el parque. Los niños juegan esta mañana de abril, los pájaros felices cantan. El cielo azul se vuelve añil y el aire enloquece de repente. Llueve. Los columpios quietos, el tobogán vacío y el jolgorio se apaga. Tan solo quedo yo a solas con la voz escrita en las páginas que toco con los dedos.

En el tobogán yo me dejo caer con la cabeza por delante. El mundo patas arriba. Soy el chaval de trece años que lee de noche los exorcismos del padre Karras en una novela oscura y tengo miedo. Voy hacia abajo y escucho el doble lenguaje de Calamaro. El sombrero dibujado en la página impresa tenía sorpresa: un elefante en la barriga de la serpiente esa ¡Vaya con el principito! Haciendo caso a las teorías de Newton sigo cayendo y medio recuerdo las anotaciones de Harry Haller y me conmueve “De profundis” de Wilde. Me mareo, en serio, pero le entiendo Heathcliff igual que a Romeo. El amor nace en el corazón de una mujer marcada con una A escarlata. Cojo velocidad en este viaje sin frenos por el tubo, y es que “helter skelter” es un tobogán en forma de espiral, una canción de los Beatles y la locura. (En literatura siempre hay otra lectura.)

Los pies miran hacia arriba al tiempo que yo me deslizo por este tubo pistacho, acho, sin final y me da la risa, no tengo prisa. Leía a Rimbaud, ya sabe: “Le bateau ivre” o si prefiere “El barco borracho” en mi lengua y en gabacho. Era yo el poeta a los 7 años y escribía en libretas y blocs. Mi madre nos recitaba sueltos los versos de Bécquer y golondrinas y nidos en los balcones. Un toro de luto y un castigo convierten a Miguel en mi amigo. Leo en voz alta a García Lorca “ verde que te quiero verde” ¿Dije ya que llovía?

Soy yo quien está siendo arrastrado al centro de la tierra- ahora mojada-y me caigo, me caigo. Mm… huelo el perfume de las flores, es primavera, por ahí pasa una mujer (pensaría Baudelaire). Cruzando el mar Cortázar juega con las letras y las va a marear. Un diario deshojado y revuelto a medio leer en el suelo, y pienso a la fuerza en los versos libres de Whitman, en los libros de Corso y los relatos de Roald Dahl ¡Uf! Me siento fatal, se suben como cerveza las rimas a mi cabeza “tiger, tiger burning bright in the forests of the night”.

No dejo de caer hacia abajo ¡carajo! Segismundo hablando solo “¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?”, la Celestina enredando a Melibea, don Quijote soñando con Dulcinea. Es el fin y quiero volver arriba otra vez, releer de Anaïs Nin sus diarios, los viajes de Gulliver, y la vida inversa de Benjamin Button. Necesito una razón para seguir. Quiero un verso que salve mi vida mañana.

 (artículo de OPINIÓN publicado el día 30 de abril de 2013 en #EXILIOINTERIOR @laverdad_es)

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